
Antxon Gorrotxategi, médico de la Real Sociedad.Foto: iban aguinaga
HOY se cumple un mes desde que se iniciara la Operación Puerto. En el trasfondo de esta investigación policial y judicial subyace una supuesta trama de dopaje que gravita sobre las transfusiones de sangre, el viejo método indetectable que fue sustituido por la eritropoyetina y que volvió a ponerse en boga cuando los laboratorios pudieron detectar la EPO exógena o artificial.
Aunque parezca un método innovador, la transfusión se puso de moda en los años 70, a través del atleta finés Lasse Viren, que fue doble campeón olímpico de 5.000 y 10.000 metros en Munich y Montreal. El procedimiento era similar al actual, con una sensible diferencia: este sistema entonces era legal y ahora no.
Según explica Antxon Gorrotxategi, galeno de los servicios médicos de la Real Sociedad, la transfusión de sangre presenta dos variantes: la autotransfusión y la homotransfusión. La primera, que hoy en día es indetectable, consiste en la reinfusión a una persona de la sangre que se le ha extraído con anterioridad. En el segundo caso, el oro rojo pertenecía a otra persona y se puede identificar en un laboratorio, como sucedió en los casos de positivo de Tyler Hamilton y Santi Pérez.
Según Gorrotxategi, el objetivo de una transfusión es "aumentar el nivel de hemoglobina (transportador de oxígeno) de la sangre, de forma que sea capaz de transportar más cantidad de oxígeno, para que llegue en mayor cantidad a las células".
Este procedimiento es muy habitual en hospitales, en el caso de pacientes que han perdido mucha sangre o también en intervenciones quirúrgicas en las que se prevén hemorragias importantes, como en operaciones de cadera, en las que se puede programar una extracción de sangre dos o tres semanas antes del paso por el quirófano, a fin de infundirla tras la operación.
Cuando la transfusión se realiza sobre un deportista, Gorrotxategi apunta que "lo que se consigue es una mejora del rendimiento, ya que éste se encuentra ligado a su capacidad de consumir oxígeno o producir energía de forma aeróbica".
Este método viene a equipararse, de alguna forma, a los beneficios fisiológicos que proporciona una larga estancia en altitud. De la misma manera, si la extracción de la sangre para su posterior reinfusión viene precedida de un trabajo previo en altitud, los valores sanguíneos serán aún mejores, por lo que el rendimiento debería ser mejor.
riesgos remotos Pese a que se ha escrito mucho de los riesgos de la transfusión, sobre todo infartos, el galeno aclara que "si se hace con unas condiciones de control, asepsia y conservación correctas, el riesgo de sufrir un infarto es ínfimo, cero".
Al margen del trabajo en altitud, otra forma de lograr una mejora cualitativa de la sangre son las cámaras hiperbáricas o hipóxicas, que van desde una mascarilla por la que se respira aire hipóxico (bajo nivel de oxígeno) a tiendas de altitud que permiten entrenar a altitudes normales pero dormir a la altitud que se desee. Es un método permitido por la Agencia Mundial Antidopaje, pero no por un puñado de países, como Italia.
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