
Fernando posa en una céntrica calle de Eibar.Foto: j.h.p.
su nombre ha quedado grabado con ribetes de oro en la historia de la Juventud Deportiva Arrate. Fernando Fernández Urosa (Alcalá de Henares, 1971) se retira de las canchas, después de disfrutar de un deporte que le encandiló con trece años y que cortó su trayectoria como futbolista. "A mi amigo Manolo Alfaro -jugador de Atlético de Madrid, Villarreal y Hércules, que celebraba los goles mostrando una camiseta de AC/DC - y a mí incluso nos vieron ojeadores del Real Madrid", recuerda.
A los 17 años, "dejé COU empezado para fichar por el Arrate", algo de lo que se arrepiente, aunque luego mató ese gusanillo estudiantil sacándose el título de entrenador. Pasó del Placea madrileño, siendo juvenil de tercer año, a codearse con los cracks del balonmano. "En aquella época éramos cuatro o cinco los jóvenes que jugábamos en Asobal", apunta. No dudó ni un instante en aceptar la oferta del conjunto eibarrés, entrenado por Jordi Ribera. "Vine, por mediación de Juanma López, jugador madrileño del Arrate, un viernes para concretar el acuerdo y el lunes ya volví con las maletas". Un viaje sin retorno. Se enamoró del País Vasco y de una eibarresa, con la que tiene una niña de tres años.
"Desde el primer momento me gustó Eibar, un sitio tranquilo frente a la locura de Madrid. Además, la relación con los compañeros y con la gente fue muy buena", explica Fernando, quien comenzó a distanciarse de su localidad natal, "porque no disfrutábamos de tiempo libre. Teníamos nueve entrenamientos semanales y uno voluntario, al que íbamos todos".
desembarco en irun
Toda una sorpresa
La campaña 93-94 "hice un buen año y me fichó el Elgorriaga Bidasoa, dirigido por Juantxo Villarreal". Eso sí, Fernando Fernández fue el último en enterarse. Mientras las radios y los periódicos anunciaban la intención del club irundarra de contratar al central eibarrés, éste andaba perdido por los Pirineos, sin saber nada del tema. Aún los móviles eran un artículo de lujo. "Me enteré de la noticia cuando llegué a Madrid para asistir a la boda de un amigo. Toda la gente me dijo que llevaban varios días hablando de mí y buscándome", cuenta entre risas.
Como suplente de Kisilev, en la 94-95 levantó una Liga y una Copa de Europa. "No participé mucho en el equipo. Había siete jugadores súper, y luego, un banquillo normal", señala, a la vez que subraya que fue "un año irrepetible. Coincidió una buena plantilla, mezcla de veteranos y jóvenes, como en mi primer año en el Arrate".
En verano, le anunciaron que no disfrutaría de muchos minutos, ya que el equipo se reforzaría con Marín, procedente del desaparecido Alzira. Por lo tanto, cambió de aires. Se enroló en las filas del Barakaldo, de quien no guarda un grato recuerdo. "No fue un año bueno; deportivamente, uno de los peores", y también en el plano extradeportivo. Fernando había apalabrado con el presidente la renovación por un año más; sin embargo, en julio le comunican que quieren fichar a Andrei Kovalev, y que "no había dinero para pagarme". Entonces, "fue la primera vez que pensé en dejar el balonmano. Regresé a Eibar con la intención de ponerme a trabajar, pero me llamó Juanma López, me convenció y tres días antes de iniciarse la competición, me uno al Arrate de División de Honor B".
Al tercer año, el conjunto blanquiazul desciende. La entidad toca fondo. Es en Primera Nacional cuando arriba Jorge Dueñas. "Con 28 años me dije que hasta que no volviéramos a Asobal no me podía retirar". Configuraron un bloque magnífico y en el primer ejercicio (99-00) del bilbaíno en el banquillo arrateano se consumó el ascenso a División de Honor B.
El capitán del Arrate guarda con cariño y emoción los recuerdos de aquellos años. "¡Qué bien nos lo pasábamos en los viajes en autobús! Nos poníamos a ver películas y, cuando terminaban, hacíamos hamarretako. Sacábamos tortillas y jamón y nos poníamos a comer", narra. No se olvida de Joseba Rodríguez, Jaíto , su compañero de vestuario, "un monstruo, uno de mis mejores amigos". Recalca la fortaleza y la complicidad de aquel vestuario.
En 2002 se regresa a la élite del balonmano. "Mi mejor año. Tenía 31 años y me sentí plenamente satisfecho, porque había devuelto al Arrate a Asobal. La felicidad en el deporte la ves en ese momento. Además, la gente no se lo esperaba", confiesa el jugador que más veces se ha enfundado la elástica blanquiazul. El ascenso se confirmó en Zarautz, en la penúltima jornada.
Tras cuatro permanencias entre los mejores, este fanático de Bruce Springsteen se retira por honradez. "Ya me cuesta entrenar y viajar", confiesa. Su futuro continuará ligado al club como técnico de las categorías inferiores. El capitán del Arrate ya descansa placenteramente.
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