
La joven Leticia García hablando por teléfono tras salir de clase.
las escaleras del instituto Usandizaga de Donostia se poblaban esta semana de estudiantes de 2º de Bachiller cariacontecidos. Otros mostraban sonrisas de oreja a oreja. Todos rastreaban de arriba abajo, con minuciosidad de orfebre, sus notas, el salvoconducto para presentarse a la Selectividad los próximos 7, 8 y 9 de junio.
Atrás quedaba un curso desigual, que para la joven Leticia García, de 17 años, ha resultado ser inmejorable. "¡Tengo todo aprobado, y a la primera!", decía radiante, tras sus enormes gafas oscuras que no restaban un ápice de brillo a su mirada.
La joven, disciplinada, encendía su móvil nada más salir de clase, el mismo teléfono que le regaló Movistar hace algún tiempo "por todo lo que me gasto en llamadas".
Leticia puede decirse que es una usuaria multimedia de raza , aunque toma sus precauciones. "Es que hay que tener cuidado en clase porque si te pillan hablando te lo quitan y no te lo devuelven hasta el final de la evaluación, aunque es verdad que muchas veces los profesores se hacen los locos".
Sin aparcar su sonrisa observa que, con frecuencia, el uso del móvil en clase raya la falta de respeto. "Es una pasada lo que se ve en clase. Para los profesores desde luego que tiene que ser un coñazo, sobre todo por exponerse a las críticas que les caen cuando quitan algún móvil. De ahí que muchas veces tengan cierta manga ancha", dice.
jóvenes 'enganchados'
"Si me lo quitan, me muero"
La existencia del teléfono móvil ha generado la necesidad de tenerlo y llevarlo a todas partes. "A mí, desde luego, que si me lo quitaran, me muero", agrega la joven, entonando cierta autocrítica dirigida a una generación "muy enganchada".
La sorna era evidente entre Xabi, Lorena y Aintzane, que se lanzaban miradas cómplices. "Cuando más se chinan los profesores es cuando nos pillan escribiendo mensajitos. Pero bueno, no es tan habitual, somos muy disciplinados", declaraban con toda la ironía del mundo estos tres estudiantes de grado superior de Salud Ambiental. "Lo del móvil es a diario. Supuestamente, sólo te dejan coger el teléfono si es algo urgente, aunque luego cada uno hace un poco lo que quiere".
El teléfono rompe la concentración de la clase con más frecuencia de la deseable, aunque no todos los cursos y clases ofrecen los mismos guarismos. "En todo el año he visto que hayan confiscado un sólo móvil a un compañero que, por cierto, se negó a entregarlo. Decía que era injusto que se hubiera hecho la vista gorda con otros alumnos y no con él", recuerda Igor Sánchez, de 16 años y 1º de Bachiller, que tiene la costumbre de apagar el teléfono antes de entrar a clase.
época de exámenes
Ningún móvil a la vista
"Alguna vez ya suena", comenta indolente y despreocupado Aitor Callejo, de 2º de Bachiller. El chaval relativiza el contratiempo que pueda suponer "un tema que no es tan importante. Habrá sonado un par de veces durante el curso".
Josean Andrés, profesor de Física y Química y vicedirector del Instituto Antigua Luberri, asegura que "no podemos hablar de ninguna plaga" respecto al uso del móvil, si bien es cierto que durante la época de exámenes que ahora afrontan "nadie puede tener ninguno a la vista, lo tienen que tener desconectado en todo caso".
La telefonía móvil abandonó su carácter elitista hace unos ocho años dando lugar, en los casos más extremos, a situaciones que, según alertan los expertos, pueden causar transtornos psicológicos, como ansiedad, palpitaciones y sudores cuando estos chavales olvidan el móvil en casa.
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