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Ramon Gurrutxaga con el grupo de fútbol del Hogar de niños de Santa Cruz (Bolivia).Foto: cedida
zumaia. Ramon Gurrutxaga es zumaiarra y ejerce de profesor de educación física en el colegio Iraurgin de Azpeitia. Hace diez años pidió una excedencia para ir un año como educador a Bolivia y, desde entonces, no ha dejado de acudir cada año para seguir trabajando por los niños de la calle. Desde hace seis trabaja en estrecha colaboración con el Hogar de los niños de Santa Cruz. Admite que, en un principio, la cultura machista y la violencia de las calles le resultó sobrecogedora pero afirma que el mero hecho de sentarse al lado de los niños y escucharles supone ya un apoyo grande.
¿Cuándo empezó a viajar a Bolivia y por qué?
Hace diez años sentía la necesidad de ir a algún lugar como voluntario y resultó que una misionera del colegio donde trabajo me informó de que en Bolivia les hacía falta un educador. Fue entonces cuando pedí una excedencia de un año. Estuve en Cochabamba pero después de esa experiencia cambié de lugar y me fui a Santa Cruz. Este año acudiré del 18 de julio al 22 de agosto.
¿Cómo fue su primer contacto con la cultura boliviana?
Creí que estaba mentalizado para vivir en otra cultura diferente; que me había informado bien sobre lo que encontraría allí, pero fue totalmente lo contrario. Me resultó muy duro porque hallé una falta de valores enorme. Por poner un ejemplo, acudí con una monja a un colegio donde el 80% de los alumnos había sido violado. Para mí fue un contraste terrible el ver que la familia no tiene la misma importancia que aquí y eso se le une un machismo incomprensible. Era impactante hablar con los jóvenes de entre 13 y 18 años y que me dijeran que veían normal que su padre pegara a su madre. Casi me veían como un marciano por defender los derechos de la mujer. Todas las semanas realizábamos reuniones con los jóvenes para hablar de ello. En un año consigues establecer unos cambios en ellos y se mostraban dispuestos a cambiar actitudes. Fue una experiencia fantástica.
De Cochabamba decidió trasladarse a Santa Cruz. ¿A qué se debió ese cambio?
Después de lo de Cochabamba me di cuenta de que mi lugar estaba con los niños problemáticos de la calle y me ofrecieron acudir al Hogar de los niños de Santa Cruz. Ya llevo seis años acudiendo al centro como voluntario. Hay 160 niños internados y 40 de ellos no tiene ningún tipo de familiar. La mayoría son niños problemáticos y el mero hecho de sentarte a su lado para escucharle supone un gran apoyo para el niño. Además, te transmiten muchísimo amor. Están acostumbrados a vivir con mucha violencia a su alrededor y hasta me he llegado a enfrentar con padres por ver pegar a sus hijos.
¿Cuál es su labor en el Hogar de los niños de Santa Cruz?
Por las mañanas ayudo como enfermero, pero mi labor allí es realizar olimpiadas con diferentes deportes, así como atletismo, voleibol, baloncesto o fútbol. De este modo salen a relucir diferentes comportamientos y los valoramos; les voy educando sobre ellos, porque muchas veces hay mucha competencia y empiezan a pegarse. Por las noches solemos tener charlas sobre los valores humanos.
¿Diría que la gente de allí es feliz dentro de las circunstancias?
Con tu labor consigues cambiarles un poco la vida, porque es muy dura. Aún así diría que dentro de la gravedad son felices. Lo que me preocupa es que viven siete años en el hogar y cuando salen de allí no vuelven nunca a visitar a sus amigos. Este año he preparado un test para intentar saber por qué toman esa actitud, después de tener una relación tan estrecha durante años. Por otro lado, hoy en día, con la televisión los jóvenes bolivianos fantasean muchísimo sobre tener una vida mejor en Europa. Hay madres que me han llegado a ofrecer niños para que los traiga a Zumaia, pensando que aquí tendrán una vida mejor.
¿Qué realizarán con la subvención que ha recibido del Ayuntamiento de Zumaia?
El Ayuntamiento me ha dado una ayuda económica de 4.000 euros y en la gala del Kursaal donde participó mi sobrina, la bailarina Lucía Lakarren, recaudamos 6.000 euros. Mi intención es reformar la escuela situada al lado del hogar para que los niños puedan acudir a ella.
¿Qué debe de hacer una persona que está interesada en apadrinar a un niño del Hogar?
Sólo tiene que llamar al 943860526 y preguntar por mí. A las personas que van a apadrinar un niño del hogar se les piden 200 euros al año y es importante saber que 50 de ellos son para el niño. Yo mismo me encargo de que esa cantidad llegue a él, aunque tenga un tutor que se lo controle. También hay que informar a la gente de que el dinero siempre llega y no hay que tener miedo de dónde quedará. Conmigo los padrinos y los niños mantienen una estrecha relación.
Supongo que la vuelta siempre será dura.
El primer año que acudí a Bolivia y volví a casa estuve a punto de dejar toda mi vida y retornar para seguir ayudando. El cambio fue muy duro, no conseguía entender a mis alumnos de aquí, las preocupaciones que tenían. La experiencia me cambió muchísimo. Todo el mundo me lo decía. Allí te acostumbras a vivir sin nada y eres feliz. Pero cuando regresas estás continuamente pensando en realizar algo más por ellos.
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