
Imagen de la mansión que acoge al Centro Henri Dunant para el Diálogo Humanitario, en Ginebra.
"E STAMOS obligados a trabajar para conseguir unos resultados de paz y de convivencia en el País Vasco". Esta frase que puede ser perfectamente atribuible en estos momentos a Rodríguez Zapatero dentro del actual proceso de paz iniciado tras el alto el fuego permanente del 22-M, la pronunció el 6 de junio de 1999 el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, al confirmar la celebración de la reunión que el 19 de mayo de ese mismo año mantuvieron en Zurich (Suiza) tres representantes de su Gobierno y dos dirigentes de ETA.
De esta frase pronunciada por un Aznar que llegó a referirse a ETA como Movimiento de Liberación Nacional Vasco a la beligerancia que su Gobierno y el PP tuvieron posteriormente no sólo con la organización terrorista, sino con todo el entorno de la izquierda abertzale, -tal y como lo estamos viendo en el actual proceso 18/98-, medió la poderosísima influencia del entonces ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, convencido en la derrota policial de ETA y el triunfo frente a los nacionalistas como las únicas vías para resolver el problema vasco en un corto plazo de tiempo.
La tesis de la "tregua-trampa" triunfó de manera determinante y frustró la celebración de una segunda reunión acordada entre las dos partes, a pesar de las posiciones primeras favorables de Aznar que decidió enviar a Zurich a altos miembros de su gabinete como el que fuera secretario general de la Presidencia, Javier Zarzalejos, el secretario de Estado de Seguridad, Ricardo Martí Fluxa, y el asesor del entonces presidente del Gobierno, Pedro Arriola, firmes partidarios de flexibilizar la política penitenciaria y de tomar decisiones de acercamiento y salida de presos en línea con la declaración adoptada en este sentido por el Congreso de los Diputados.
La ausencia de una propuesta concreta por parte de los enviados de Aznar que, en todo momento situaron la iniciativa en el terreno del presidente, sin querer involucrar ni al Gobierno ni al Estado, fue la constatación de la desorientación en la que se hallaba el ejecutivo del PP ante la puesta en marcha del proceso de paz que, según señala ETA en el último número de su boletín Zutabe , "lo veían como desde fuera, destacando que era una novedad, pero sin aclarar cómo actuar".
Curiosamente, según se recoge en el Zutabe, los representantes de Aznar utilizaron expresiones como "organización armada", "organización socialista revolucionaria" y "lucha armada" para referirse a ETA o a su actividad en las intervenciones que realizaron en la reunión que mantuvieron con el entonces jefe del aparato político, Mikel Albisu Antza y Belén González Peñalba en presencia de monseñor Jesús María Uriarte, entonces obispo de Zamora y que actuó como intermediario.
PAZ POR PRESOS Esta indefinición, que sólo tenía como intención primera mantener la vía de comunicación que se había establecido, fue aprovechada por Mayor Oreja que situó el proceso de diálogo con ETA dentro del esquema "paz por presos", sin ningún otro contenido y menos político, y reducir la negociación al objetivo de conseguir el cese definitivo de la violencia, lo que le permitía administrar un activo tan importante como era la salida de los presos y la vuelta de los refugiados.
Por eso, el que fuera ministro de Interior se caracterizó durante su gestión en abortar cualquier vía de comunicación, a través de intermediarios, existente entre el Gobierno y ETA. De esta forma, quemó al premio Nobel de la Paz, Alfredo Pérez Esquivel, nada más llegar al Gobierno, dejó sin efecto la intermediación de Harry Barnes del Centro Carter, trasladando a cárceles españolas a los interlocutores de ETA en Santo Domingo, e inutilizó la vía abierta con la Comunidad de San Egidio.
En este contexto, la inexperiencia y la falta de criterio de Aznar a la hora de afrontar la situación forzada por la declaración unilateral de tregua indefinida de ETA y la impaciencia y urgencia de la organización armada por alcanzar cuanto antes un acuerdo, provocó que aquella primera y única reunión entre las dos partes sirviera como experiencia para afrontar el proceso de paz dentro del diseño que estamos conociendo en la actualidad.
"La iniciativa del 98 no se tiene que entender desde un enfoque de negociación con los Estados, sino como un proceso para avanzar por el camino de la construcción e independencia de Euskal Herria", afirma ETA en el Zutabe a la hora de analizar aquella iniciativa.
De la misma forma que los 10 años transcurridos desde las conversaciones de Argel entre ETA y el Gobierno de González hasta la reunión de Zurich sirvieron como experiencia para afrontar desde otros parámetros el proceso de negociación, basado hasta entonces en el objetivo de sentar en una mesa al Gobierno, los siete años que nos separan de aquel encuentro entre ETA y el Ejecutivo del PP han servido también para que la metodología haya cambiado radicalmente.
Si en Zurich, Mikel Albisu Antza pedía a los representantes del Gobierno "el compromiso de respetar lo que Euskal Herria decida", teniendo la respuesta negativa de que "el ejecutivo no puede hacer un debate político con una organización armada para cambiar, por ejemplo, la Constitución", en el encuentro que se celebre entre la actual dirección de la organización armada y los enviados de Zapatero no se hablará de cuestiones políticas, sino de la salida de los presos, la vuelta de los refugiados y la desmilitarización.
NUEVO DISEÑO La experiencia de Zurich ha hecho establecer un nuevo diseño a la hora de afrontar la pacificación y la normalización de Euskadi que parte de la existencia de dos mesas cuyo desarrollo puede ir en paralelo, pero que no son interpuestas. Una es la conformada por ETA y el Gobierno, donde se hablará de esas cuestiones de carácter técnico, mientras que la mesa de partidos pivotará sobre aquellos aspectos políticos que hagan posible la normalización de Euskadi.
Este diseño de separar las cuestiones técnicas de las políticas fue explicitado de manera clara por la izquierda abertzale en la propuesta de Anoeta y apoyada posteriormente por ETA como corolario de las conversaciones, nunca oficiales, que miembros del PSE-EE y dirigentes de Batasuna venían manteniendo desde el año 2001, es decir, con el PP en el poder y en plena actividad de la organización terrorista.
Junto a esta nueva metodología hay que destacar el alto nivel de discreción que está desarrollando el PSOE en el actual proceso de diálogo, frente a la actitud demostrada por el PP que con sus filtraciones "quemó" al intermediario del proceso, el hoy obispo de Donostia, monseñor Uriarte, y confirmó la reunión de Zurich, antes de que lo hiciera la propia ETA en contra de lo que habían pactado las dos partes a la hora de dar a conocer a la opinión pública el encuentro.
Para ETA el respeto a la actuación de los intermediarios neutrales es una cuestión sine qua non a la hora de afrontar de un proceso de paz. "La experiencia de todos estos años nos ha enseñado que en un proceso de negociación es necesario establecer una vía de comunicación que se mantenga fuera del ámbito del conflicto y que necesita de determinadas garantías y certificados", señala la organización armada en sus análisis.
DISTENSiÓN NECESARIA Paralelamente, antes y después de la reunión de Zurich, la distensión no fue una condición previa entre las dos partes, ya que mientras la kale borroka funcionaba y los empresarios seguían recibiendo cartas con el denominado "impuesto revolucionario", la policía no bajó nunca la guardia al detener a dirigentes importantes de ETA, alguno de ellos involucrados de manera muy directa en el proceso.
Este fue el caso de Belén González. Peñalba, que había participado con Antza en el encuentro de Zurich con los representantes del Gobierno del PP, hasta el punto de escribir el acta de la reunión, que fue detenida el 25 de octubre de 1999 en Pau, es decir, cinco meses después de la cita y transcurridos otros dos de que ETA comunicara a la otra parte la ruptura de los contactos.
La detención de esta importante dirigente de ETA, que ya había ocupado un papel de interlocución en Santo Domingo, de donde fue extraditada, supuso la puntilla del PP para dar por concluido un proceso que para entonces estaba ya abocado al fracaso.
Mes y medio después de esta acción policial, ETA rompía la tregua que no se ha vuelto a reproducir hasta el pasado 22 de marzo, a pesar de que desde el 30 de mayo de 2003 la organización terrorista no cometía atentados mortales.
Durante el proceso, la policía no estuvo quieta, ya que dos meses antes de la cita de Zurich, en marzo de 1999, la policía gala, con el visto bueno de Mayor Oreja, arrestaba en París al que fuera jefe del aparato militar, Josetxo Arizkuren Kantauri , que tuvo un protagonismo muy importante en la declaración de la tregua por parte de ETA en septiembre de 1998 al ordenar paralizar las acciones de los comandos operativos bajo sus órdenes. A pesar de la importancia de esta detención que hizo caer también al comando Donosti, el arresto de Kantauri no afectó para nada al proceso que en aquel momento se estaba preparando a través de intermediarios de segundo y tercer nivel en representación del Gobierno y de ETA.
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