
El escritor, periodista y naturalista Joaquín Araújo, militante en más de una treintena de ONG's.Foto: karlos corbella
donostia.Se confiesa enamorado de este planeta, de la vida y sus semejantes. ¿También de las ciudades?
Me fascinan y estremecen, pero no estoy enamorado, exceptuando algunos núcleos históricos en los que mezclo admiración por la capacidad creativa del ser humano y emotivos recuerdos personales. La ciudad me asusta más que me enamora.
¿Por qué?
Todo se ha exacerbado. Como casi todas las tendencias dominantes del ser humano, las ciudades también se convierten en dominadoras. Toda forma de poder me aterra, y las ciudades son centros de acumulación de riqueza y poder. Son injustas con el entorno que las hace posible por acaparadoras. Tan sólo ocupan el 2% del planeta y utilizan el 85% de sus recursos. Territorialmente son ridículas, pero desde cualquier otro un punto de vista -político, energético, económico...- son increíblemente más extensas de lo que parece.
La ciudad no es, por tanto, el mejor lugar para vivir en este planeta.
Desde luego que no, pero su capacidad de atracción y el tractor universal que representa se ha convertido en punto atractivo para casi todos los componentes de la cultura rural. La mayor parte de la Humanidad que todavía no vive en ciudades aspira a ello. No somos muy numerosos los que pensamos que hay que vivir más en contacto con paisajes y bosques.
Por cierto, ¿vive usted en ciudad?
Sólo lo hago un 30% del tiempo. El 70% restante lo paso al aire libre, en mi propio hogar de Extremadura, en el valle más deshabitado de la Península Ibérica. Estos tres últimos días, por ejemplo, los he pasado en los Altos Cañones del Ebro. Por mi trabajo como cineasta paso mucho tiempo en el campo.
Desde hace tres años son más los urbanitas que los rurales. Los pequeños pueblos se van deshabitando. ¿La ciudad acabará fagocitando definitivamente la vida rural?
Hay algún síntoma de rectificación. En los ámbitos donde la realidad económica es opulenta también es cierto que una parte de la emigración campo-ciudad se está desplazando a las localidades de origen. En algunas zonas del país la población rural se estabiliza de nuevo e incluso crece levemente. Los cuatro millones de inmigrantes que se han incorporado a nuestros espacios se notan. Sobre todo en los grandes pueblos donde hay mucha actividad agraria.
¿A dónde conduce el crecimiento del urbanismo desordenado?
Cantidad de lugares que parecían tranquilos han desaparecido con las avalanchas de las segundas residencias. Hay quienes dirán que Benicàssim sigue siendo un pueblo. Pues no. Ya no conserva nada de las características de una pequeña localidad. Hoy en día no es ninguna exageración llamar ciudad semicontinua al litoral mediterráneo. Se ha convertido en una ciudad con pequeñas intermitencias. Hemos creado un ámbito urbano de casi 800 kilómetros de longitud. Todos los pueblos que están en ese cinturón, en buena lógica, no deberían ser considerados pueblos sino ámbitos urbanos.
Puesto que la humanidad parece abocada a vivir sobre asfalto, ¿cómo convertir la urbe en un lugar más agradable?
La receta es fácil de enunciar pero complicada a la hora de llevarla a la práctica. Hay que aceptar la dependencia de aquello que las hace posibles. Las ciudades son posibles por su realidad natural, su entorno, los recursos, las materias primas, los elementos esenciales para la vida... Es decir, ¡ecologicemos la ciudad! Debemos recurrir a las energías renovables, con lo cual bajaríamos mucho los índices de contaminación. Conseguir que la naturaleza llegue a entrar en la ciudad es un planteamiento un tanto ridículo, pero nos podemos acercar a ello con un buen planificador territorial, como ha sucedido en Vitoria con el Anillo Verde, que llega a desintoxicar hasta la mirada. La ciudad tiene que abrir sus puertas al campo.
¿Conocía Tolosa? ¿Es un buen ejemplo del modelo que propugna?
He estado aquí siete veces. Tolosa tiene una limitación muy clara por el reducido espacio del valle del Oria, lo que obliga a soluciones constreñidas. Si tenemos en cuenta el tamaño de la ciudad y su entorno, es un ámbito de una gran calidad de vida. No es una ciudad estranguladora.
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