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Un estudio sobre la fragilidad de los mayores detecta carencias en Gipuzkoa

El 20% de los 500 atendidos por la Fundación Hurkoa ha sido víctima de expoliación económica

Jorge Napal Ruben Plaza/I. Azurmendi - Domingo, 28 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Una mujer mayor con las manos entrelazadas mientras sujeta un bastón.

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  • Una mujer mayor con las manos entrelazadas mientras sujeta un bastón.

donostia- El Gobierno Vasco presentará en próximas fechas un estudio sobre la situación de fragilidad que atraviesan las personas mayores que residen en domicilios de Gipuzkoa. El informe ha sido elaborado durante dos años por la Fundación Hurkoa, que ha detectado “importantes” carencias y situaciones de desprotección. “Nos llegaban casos muy extremos y muy lamentables en los que incluso se hacía necesario sacar del domicilio a personas aquejadas por síndrome de Diógenes”, detalla José Ignacio del Pozo, gerente de esta fundación referente en Gipuzkoa en la atención a las personas mayores.

Se trata de una realidad que se han propuesto visibilizar. Ya desde hace años esta organización sin ánimo de lucro creada por iniciativa de Cáritas viene trabajando en la ayuda a un colectivo de unas cincuenta personas a las que se había incapacitado judicialmente a través de poderes preventivos. Se les facilitaba un apoyo puntual, pero las nuevas necesidades que han ido surgiendo requieren de otras respuestas.

El objetivo es actuar a tiempo cuando estas personas todavía no tengan gravemente afectadas sus condiciones físicas o intelectuales, de manera que planifiquen la última fase de su vida sin que sea el médico o el juez, en una situación extrema, quien decida por ellas.

El estudio de campo sobre fragilidad, que se dará a conocer en breve, fue el germen de un plan pionero que Hurkoa implantó en Irun el año pasado y cuyas conclusiones han sido remitidas esta semana al Consistorio de este municipio.

En el proyecto han participado 18 personas mayores de 68 años que viven en sus domicilios, sin apoyo familiar efectivo y en una situación de fragilidad. Se realizó una selección de usuarios a quienes no llegaban los recursos ni los servicios sociales. El goteo de este tipo de perfiles, que no están tutelados pero necesitan apoyos, es una constante durante los últimos años.

Tras la puesta en marcha del programa, y después de haber atendido situaciones de todo tipo -control de medicación, higiene...- “lo más llamativo ha sido, sin duda, las necesidades afectivas que hemos encontrado debido a la soledad”, remarca del Pozo.

La de la soledad es una epidemia silenciosa que ya supera a la obesidad como amenaza para la salud. Así lo ponen de manifiesto diferentes estudios científicos, que añaden que la conexión social puede reducir en un 50% la muerte prematura.

Soledad por imposiciónLos hogares unipersonales representan ya un 25% del total, según la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE). Buena parte de los casos se corresponde con una opción voluntaria, incluso deseada, consecuencia de modelos de vida más independientes y hedonistas.

Pero la soledad por imposición es un asunto bien distinto, sobre todo, en personas de la tercera edad y comunidades con elevada esperanza de vida, como es Euskadi.

El avance de la edad, producto de una mejora de la calidad de vida, no ha sido acertadamente gestionado por los distintos estamentos, desde el institucional hasta el familiar. Así lo entiende Javier Yanguas, director Científico del Programa de Mayores de la Fundación bancaria LaCaixa. “Cambian los modos de convivencia, cambia la situación, y no estamos haciendo nada”, sostiene.

“Visibilizar a estas personas que socialmente no existían” es lo que persigue el proyecto implantado en Irun, que también se está aplicando en Azkoitia.

La soledad es el mal común de todas ellas y, según advierten los responsables de la Fundación, uno de los graves problemas que se está detectando es la creciente tendencia a paliar “esa falta de cariño” con dinero, lo que está ocasionando expolios económicos. “Son personas que acaban siendo rehenes. Por un poco de afecto o cariño te dan lo que quieres. Es algo que nos preocupa. Hay personas mayores en una situación económica muy complicada porque han pagado por ello”, alertan desde Hurkoa.

De hecho, el 20% de las 500 personas mayores atendidas en Gipuzkoa por la Fundación Hurkoa ha sido víctima de una expoliación económica. Ander Amunarriz, trabajador social y coordinador del proyecto en Irun, alude a un caso concreto, el de una mujer que ha comenzado a tomar conciencia de su situación de ruina. “Era una persona con una energía vital, y ahora nos la encontramos todos los días con la mirada perdida y triste. La casa se le cae encima, no tiene la capacidad económica para acometer la obra que necesita y está en un momento de una indecisión vital. No puede ni arreglar el calentador del agua. No puede seguir viviendo en la casa de siempre. Todo ello por una cantidad de dinero que le han expoliado. Esa cantidad no soluciona la vida a nadie, pero a esta mujer se la han arruinado”, cuenta.

La medida tutelar se adopta cuando el entorno familiar no protege a la víctima. Es en esos casos cuando Hurkoa, a través de la Diputación, se convierte en la fundación de referencia para poner en orden la situación. “Atendemos también el caso de otra señora del barrio de Gros con medios económicos, pero que se rodeó de ciertas personas que le han sacado el dinero. El juez ha decretado nuestra intervención. Ahora la mujer está atendida en un centro, toma la medicación que había dejado, y probablemente la tutela la asumirán los hijos”, narra

las gestiones diariasOtros de los grandes problemas detectados tiene que ver con las dificultades a la hora de realizar gestiones diarias. “Es algo que les genera tremenda ansiedad”, asegura Amunarriz.

Según indica María José Valderrama, integrante de Hurkoa y psicóloga jubilada, la brecha digital sigue estando muy presente. “Todo se complejiza cuando las solicitudes de ayuda hay que hacerlas vía telemática. Si a mi generación nos puede costar mucho hacer ese tipo de gestiones, cualquiera se puede imaginar a aquellas personas que no han tenido ningún contacto con el mundo de la informática. Es algo que fragiliza muchísimo”, asegura.

Uno de los motores del programa implantado en Irun ha sido arropar a las personas mayores que, aun necesitando ayuda, nunca la solicitan. “Es necesaria una especialización en el trabajo porque a priori existe una desconfianza tremenda”, asegura Amunarriz. “Desconfían de quien entra por primera vez en sus casas, algo por otra parte normal. Es una reacción de autoprotección. Hemos tenido que ir de la mano del Ayuntamiento, lo que ha ayudado a que nos acepten”, asevera.

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