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Se agota el crédito (4-2)

EN PICADO | La Real fue goleada en Vila-real después de encajar tres goles en los primeros veinte minutos sin ser capaz de reaccionar

Domingo, 28 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:03h

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Bacca se dispone a marcar a Toño Ramírez el tercer gol del Villarreal.

Bacca se dispone a marcar a Toño Ramírez el tercer gol del Villarreal. (Foto: Efe)

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  • Bacca se dispone a marcar a Toño Ramírez el tercer gol del Villarreal.
  • Eusebio sacrificó a Rulli en favor de Toño, en la imagen en uno de los goles.

La Real también perdió en Vila-real. Tampoco nos puede sorprender a nadie. Sus resultados fueron siempre malos en este escenario, siempre le costó. Pero nadie podía pensar que, con todas las alarmas en rojo, los blanquiazules fueran a encajar tres dianas en los primeros veinte minutos. Algo no funciona. El fin de ciclo clama al cielo. Los futbolistas son egoístas y nunca lo van a reconocer, pero la cosa no da para más. Hay equipo para aspirar a cotas altas y la Real es un firme candidato al descenso. Así es como le ven los adversarios que se encuentran por debajo en la tabla. Prepárense para sufrir, porque hasta al menos dotado no le cuesta nada hacer daño a la zaga txuri-urdin.

Y a la... Eusebio cambió un poco de plan. Dicen que el día que Montanier empezó a jugarse el puesto en el partido del Villamarín, el día que Iñigo Martínez marcó desde su campo. En las horas previas, cuentan que Aperribay le influyó y condicionó mucho en el once que presentó ese mediodía la Real en Sevilla. Esta vez no se sabe, pero a nadie le puede sorprender que Eusebio, cuyo principal argumento para afrontar esta crisis agonizante era mantener el estilo y la idea, se pudiese ver implicado por las influencias cercanas.

En esta ocasión, pese a que había trabajado a puerta cerrada con el esquema 3-5-2-1, apostó por mantener el mismo sistema, aunque con la misma variante ya utilizada de Iñigo como lateral. El resultado fue catastrófico desde el inicio. El Villarreal atacó cuatro veces y marcó cuatro goles. Y a los que seguimos a la Real no nos puede parecer casualidad. Esa es la triste realidad.

Después de 62 encuentros, Toño Ramírez sentó en el banquillo a Rulli. No se trata de cargar las tintas con el riojano, pero, como la gran mayoría esperábamos, no dio la talla. Y fue responsable directo de la debacle con un error garrafal en la jugada del segundo gol.

conjuraLo más grave de todo es imaginar que durante toda la semana en Zubieta han vendido una conjura para salir de la crisis. Y se siente, no se corresponde con la realidad. La mejor demostración es que a los cuatro minutos, en un córner sin ninguna circunstancia especial, Víctor Ruiz cabeceaba a la red casi dentro del área en una acción imperdonable de la zaga, enfocada en Raúl Navas. A los 16 minutos, llegó el segundo en un mal pase del andaluz a Toño, que se quitó el marrón cediendo el balón a Baca, quien no dudó en asistir a a Fornals para que anotara sin mucha resistencia.

Con la Real grogui, en una contra Castillejo asistió a Baca, que anotó tras sortear al pobre Toño. Diego Llorente acortó distancias en una falta botada por Illarramendi y, tras un par de intentos de Zubeldia y de Xabi Prieto, llegó la acción del cuarto tanto local en un buen disparo de Castillejo con rosca ante el que nada pudo hacer el riojano.

El tema es muy serio. No es normal. Exige soluciones. No hay más. Tantos regalos conllevan este tipo de daños materiales. Y la solución parece muy difícil. Los únicos que miran a otro lado son los integrantes de una directiva imprudente que no está midiendo bien el alcance real de una crisis tan grave como real. No hay más.

En la reanudación, la Real intentó reaccionar sin demasiado éxito. Sin una oferta contundente ni convincente. Nunca se vio una Real superior ni capaz de soñar con una remontada heroica. Sin garra, ni aspiración para la épica. Aunque Willian José anotara el 4-2. Solo era una señal poco convincente.

Los blanquiazules no están finos, no confían en ellos, saben que están en crisis y no tienen demasiada solución. Lo intentaron sin excesivo éxito, sin contundencia, sin amenaza de remontada inesperada. Esta es la Real de Eusebio, un equipo decadente que no ofrece garantías en nada. Ninguna ocasión reseñable después del tanto. Se acabó lo bueno. Y la Real cuesta abajo. Una pena.

Sin que el Villarreal sufriera ni temiera por el resultado, con la sensación de haber hecho lo mínimo, el tiempo se consumió sin que Asenjo se viese obligado a actuar.

Otra derrota más. El descenso se acerca. Y aquí parece que no pasa nada. La Real es un cadáver incapaz de resucitar. La cosa no pinta bien. La pelota está en el tejado de Aperribay y Loren. Es hora de coger el toro por los cuernos. Esto no hay quien lo aguante. El que resista se supone que pagará con su cargo. Son ya cuatro derrotas seguidas. La situación es insoportable. Si aguantan, que cada uno apechugue con su responsabilidad.

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