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(2-4)

Fue bonito mientras duró

La Real se llegó a poner 2-0 y hasta le anularon un gol legal, pero dio vida con sus errores defensivos a un Barcelona que no perdonó y remontó

MIKEL RECALDE - Lunes, 15 de Enero de 2018 - Actualizado a las 07:07h

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Willian José se lamenta de una ocasión fallada, con el barcelonista Paulinho al lado.

Willian José se lamenta de una ocasión fallada, con el barcelonista Paulinho al lado. (Foto: Ruben Plaza)

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  • Willian José se lamenta de una ocasión fallada, con el barcelonista Paulinho al lado.
  • Navas trata de taponar un disparo de Messi, ante cuya calidad poco pudo hacer la Real en la segunda parte

Se acabó la racha contra el Barcelona. Una pena, porque la Real volvió a tener en su mano tumbar al coloso azulgrana, pero esta vez , o quizá su versión de este año, concede demasiado. Y ante un rival así es absolutamente imposible aguantar. Los blanquiazules se colocaron 2-0, que en realidad fueron tres si no llega a ser por que, como presagiábamos todos, González González le anuló un gol legal a todas luces. Un 3-0 ya era más complicado de recuperar y voltear, pero el colegiado que se equivoca siempre en contra de la Real, lo que por supuesto le resta cualquier atisbo de casualidad a sus decisiones, le privó de una suculenta ventaja al inventarse una falta de forma incomprensible sobre Rakitic, a quien no tocó nadie. La acción fue determinante y decisiva en el choque. Es cierto que un gran Barça reaccionó después y protagonizó una remontada solo al alcance de los campeones, pero que te quiten un gol porque sí contra el futuro campeón de la Liga es para sacar del encuentro al más pausado y calmado.

La Real necesitaba más que nunca otra gesta memorable y se quedó a medias. Lástima, porque lo tuvo cerca. Esta vez le volvieron a pasar factura los regalos defensivos graves y el bajón físico que está sufriendo en las segundas partes, en las que no soporta el pulso ni contra equipos que, como el Barcelona, jugaron entre semana partido de Copa. Un conjunto firme y bien preparado, maduro y competitivo, hubiese mantenido la calma y evitado el encajar golpes en momentos clave, sobre todo desde el punto de vista psicológico. Con el 2-0 era vital llegar al entreacto sin encajar un gol, y la acción del 2-1 fue demasiado sencilla, con la línea del fuera de juego mal tirada. En el origen del 2-2, a los cinco minutos de la reanudación, Zurutuza pudo y debió cometer falta sobre Sergi Roberto. En el tercer tanto, Rulli quizá se precipitó al golpear en largo y de manera frontal sin tener bien colocada a su zaga, pero Diego Llorente no puede dejar ese espacio cuando hay una fiera suelta como Luis Suárez al acecho. Y en el cuarto gol, el de falta de Messi, el disparo es demasiado lejano como para hacer esa estatua, ya que estaba claro que el balón iba a ir por ese palo y entró sin demasiada fuerza.

Así es simplemente imposible soñar con derrotar a uno de los conjuntos más en forma del mundo. Por lo que se antoja lógico que finalmente la Real cayera goleada y su afición experimentara en sus carnes las mismas sensaciones que ha tenido desde el inicio del curso. De la ilusión y el orgullo se pasó a la decepción y a la frustración.

dos novedadesEusebio Sacristán sorprendió con una alineación poco esperada, con Canales y Juanmi ocupando las bandas en lugar de Oyarzabal y de Januzaj. La apuesta era arriesgada y llevaba implícita la enésima demostración de personalidad del técnico. Defiende su idea y morirá con las botas puestas, una cualidad nada desdeñable en un entrenador. Y si le salía bien tenía un importante arsenal en el banquillo, algo a tener muy en cuenta en los encuentros ante el Barcelona, que siempre se hacen muy duros.

Los realistas protagonizaron un comienzo algo dubitativo. Lo primero que hicieron fue tantear un poco el escenario y la propuesta del rival, que desde la llegada de Valverde ha cambiado notablemente. Con más fortaleza en el juego interior y las bandas libres para la incorporación de dos extraordinarios y ofensivos laterales. Los diez primeros minutos fueron de color azulgrana. Suárez fue el primero en probar a un Rulli que acreditó desde su primera salida a ras de suelo que se había recuperado bien de las molestias que estuvieron a punto de dejarle sin jugar. Poco después Sergi Roberto, a pase de Messi, también se encontró con la rápida respuesta del meta. El último susto de los albores del duelo fue un disparo del astro argentino que rozó la escuadra. En el minuto 10, cambió el guion del duelo, con uno de esos golpes de timón tan propios de las visitas del Barcelona en los últimos años. En la primera aproximación txuri-urdin, Willian José cambió de banda, Xabi Prieto puso un servicio al segundo palo extraordinario y el propio brasileño, en plancha y picando el balón, batió a Ter Stegen.

A partir de ese momento, la Real entró de lleno en el choque con una ebullición más que prometedora. Ya no era la versión timorata del inicio, sino que en cada contra que lanzaba se atisbaba peligro. Tras un susto de Paulinho que salvó Raúl Navas, el que apareció con más fuerza que nunca fue Canales. Siempre partiendo desde la derecha, dando buenos pases y sintiéndose protagonista, que es lo que más echa de menos y lo que le hace dudar sobre si renovar. Odriozola le dio una gran asistencia, pero, tras controlar, su disparo lo repelió Vermaelen.

A los 29 minutos llegó la jugada polémica del duelo, en la que nadie rozó a Rakitic y cuando chutó Willian José, el ínclito González González se inventó una falta por si acaso. La cuestión es que el chut pegó en Piqué y confundió a Stegen, que no pudo hacer nada. Anoeta clamó contra el colegiado, hastiada de que un supuesto juez encargado de impartir justicia se equivoque siempre en su contra. No respetan a la Real, por mucho que Jokin Aperribay mantenga las formas en público. Este señor no tenía que arbitrar el partido de ayer, porque está condicionado por sus errores del pasado siempre en contra de los blanquiazules. Resulta increíble que lo sigan mandando a Anoeta como si no hubiese hecho nada. Así funciona el fútbol español con la clase media, los que menos se quejan, los que tienen a presidentes que prefieren tragar saliva en lugar de dar un puñetazo en la mesa como sí hizo el día del atraco del Bernabéu.

Canales dejó su obra estelar de ayer para cinco minutos después, con un pase excelente a Juanmi, el rey de las diagonales de la Liga, que anotó tras rozar su disparo en Sergi Roberto. Era el momento de mantener la calma, de ser fríos, pero esta Real vive en un constante estado de ataque de nervios. En el minuto 38, con una facilidad desesperante, Suárez entró como un cuchillo en la mantequilla en el área y su servicio lo aprovechó Paulinho.

Ese gol tenía mala pinta y así fue. En la reanudación, tras una buena oportunidad de Canales que detuvo Stegen, llegó el empate a los cinco minutos. Demasiado pronto. Zurutuza tuvo que frenar a Sergi Roberto antes de que se la diera a Messi, pero eso lo hacen los equipos bien preparados, que no dejan lugar a la improvisación. Suárez definió con una vaselina de escándalo ante un Rulli que no pudo hacer nada.

Sin la esperada reacción de una Real fundida, a la que no mejoraron los cambios, uno de ellos obligado por la lesión de Zurutuza, la situación era una tensa espera a la jugada de la estocada final. Lo malo es que llegó en un regalo impropio de la categoría. Rulli se precipitó al golpear un balón demasiado frontal, Vermaelen lo devolvió al mismo camino y Suárez, que olió la sangre, aprovechó el despiste de Llorente.

Cuando Anoeta esperaba un último esfuerzo con Januzaj y Oyarzabal en bandas, Messi decidió que ya estaba bien de sufrir en este escenario y clavó una falta por la escuadra, en la que un alicaído y silbado Rulli pudo hacer mucho más.

Fin de la primera vuelta, decimoquintos con 23 puntos. Fin de la racha ante el Barcelona, con el mazazo moral que ello supone, y hasta el récord de imbatibilidad en peligro. Malos tiempos para la lírica.

La Real vuelve a mirar más hacia abajo que hacia arriba. Su entrenador está en el disparadero cuando ha entrado en la tierra de las urgencias. Ahora habrá que ver de qué pasta están hechos estos protagonistas, porque, además de jugar bonito, seguro que van a necesitar otros ingredientes a incorporar al librillo de Eusebio. Y lo malo es que no sabemos si realmente están preparados. Por ahora la desilusión ya es enorme.

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