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Tribuna abierta;por Javier Elzo

Tribuna abierta: Los jóvenes y la música clásica;por Javier Elzo

Por Javier Elzo - Sábado, 23 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:12h

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Javier Elzo.

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  • Javier Elzo.

Hace un par de años, hice una consulta y me señalaron que la Orquesta Sinfónica de Euskadi cuenta con un 60% de abonados de más de 65 años y un 40% de entre 14 y 65 años, de los que los de menos de 30 años son una clara minoría;tiene el doble de mujeres que de hombres entre sus abonados, de los que el 80% residen en las cuatro capitales (Vitoria-Gasteiz, Bilbao, Donostia y Pamplona). ¿Es cuestión de dinero? Sí y no.

Ciertamente, una muy buena entrada en ABAO en Bilbao puede costar más de 200 euros. Lo mismo que en el Teatro Real o en el Liceu de Barcelona. Y si nos vamos a ciertos lugares de Europa, digamos Salzburgo, Lucerna, Bayreuth o el Covent Garden londinense, todavía más. La ópera es cara, muy cara. Pero, siguiendo con ABAO, si el precio de una entrada suelta a una de sus óperas oscila entre 220 euros y 54 euros para los adultos, estas cifras, entre los jóvenes de menos de 30 años, varían entre 100 euros la más cara y 35 la más barata. Compárese, por favor, con los precios de las entradas a un partido de fútbol en San Mamés.

El precio de las entradas a menudo es cuestión de subvenciones. Yo he asistido al mismo concierto (misma orquesta, mismo director, mismo programa) en el Kursaal de Donostia por 60 euros y por más del doble, al día siguiente, en el Auditori de Barcelona. Todo es política, decíamos en la década de los 60 y 70 del siglo pasado. Cierto. También en los precios de las entradas a los diferentes eventos: ¿qué se prioriza?, ¿subvencionar una ópera o un partido de fútbol? Por ejemplo.

Pero no todo es cuestión de dinero. En la temporada actual, 2017-2018, el abono a diez conciertos de la Orquesta de Euskadi, en la localidad más cara del Kursaal cuesta 218 euros (110 euros en la más barata), precios que se reducen a 191 y 65 euros para los mayores de 65 años y los menores de 30. Por otra parte, una entrada suelta para un concierto cuesta, en números redondos, entre 36 y 19 euros. Pero hay más. Las personas menores de 30 años, media hora antes de cada concierto, pueden adquirir en taquillas del Kursaal, entradas por 10 euros para todas las zonas de la Sala.

Por otra parte, tanto en la Quincena Musical de San Sebastián como en ABAO en Bilbao ponen a la venta a precios muy bajos las entradas no vendidas media hora antes del comienzo del concierto o de la ópera. Para los jóvenes, jubilados y personas en paro. Luego el dinero no lo explica todo.

Claro que la ignorancia es muy osada. ¿Se puede llamar burgués, por ejemplo, a Beethoven o a quien como Bach en muchos momentos de su vida tuvo que escribir una cantata por semana para dar de comer a su numerosa prole? Hoy los sindicatos pondrían el grito en el cielo por sus condiciones de trabajo.

Habitualmente, la música clásica se escucha en salas cerradas y aisladas del espacio circundante. A diferencia de la otra música que, a menudo, se escucha en grandes estadios o en lugares al aire libre. Eso sí, con potentísimos altavoces, con lo que el sonido llega maquillado.

Pero en la música clásica hay también espacios abiertos, o cerrados, con público de pie, donde es más fácil encontrar público joven. Así, en los Proms londinenses, la Waldbühne de la Berliner Philharmoniker, los conciertos del Prinsengracht en Amsterdam… hay gente joven. Mucha gente joven.

La herencia cultural, el contexto social y la educación son clave. Aunque tampoco todo está en la educación. Sin entrar en los vericuetos de las neurociencias, como simple observador de la vida cotidiana no puedo no constatar que en determinados comportamientos la educación no lo explica todo. Es como si hubiera una predisposición innata a determinadas habilidades o dimensiones de la vida. En una misma familia un joven puede adorar la música clásica y un hermano suyo ser insensible a la misma. Tampoco cabe decir que haya una relación ética entre el amor a la música clásica y el comportamiento social. En efecto, la música, sin más, no hace mejor persona, a la gente: Hitler y el nazismo adoraban la música. A Mitterrand la música no le decía nada y el Papa Francisco tampoco valora la música. Plantó en una ocasión la 9ª de Beethoven cuando le estaban esperando.

Cuántas veces en mi vida no me he preguntado por qué a muchos nos gustan tanto Bach, Beethoven, Bruckner, Mozart, Wagner…. mientras a otros les deja indiferente. Todos los esbozos de respuesta que me he dado y escrito me dejan insatisfecho. No tengo respuesta racional, trasladable al papel o al ordenador, a esta cuestión. Es el misterio de la música. Allí a donde no llegan las palabras, donde, con frecuencia, incluso, sobran las palabras.

Quiero terminar mencionando la maravilla de escuchar las orquestas de jóvenes músicos. La JONDE (Joven Orquesta Nacional de España) la EGO (Euskal Herriko Gazte Orkestra), la Joven Mahler Orquesta, la Divan, la Simon Bolivar... Recuerdo a los jóvenes de Musikene tocando la 1ª de Beethoven en el Boulevard donostiarra en un concierto protesta… ¡Qué delicia! Beethoven se hubiera ido de vinos con ellos.

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