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Vela pinta Anoeta con su sonrisa

La Real se impone de forma justa y merecida por 3-1 al Sevilla con goles de Iñigo Martínez, Zubeldia y el mexicano, en su despedida soñada

MIKEL RECALDE - Jueves, 21 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:12h

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Los jugadores de la Real mantean a Carlos Vela al término del partido anoche en Anoeta.

Los jugadores de la Real mantean a Carlos Vela al término del partido anoche en Anoeta.

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  • Los jugadores de la Real mantean a Carlos Vela al término del partido anoche en Anoeta.

“Si el mexicano quisiera...”. Nunca un deseo tan repetido se cumplió tantas veces en el vestuario txuri-urdin. Vela no está, ya se fue, pero su leyenda es tan grande y tan extravagante que seguro que dará pie a todo tipo de aventuras y anécdotas a partir del día de hoy. Lo único cierto es que, una vez más, cuando le mimaron y le dieron cariño en vísperas de un encuentro, ofreció de nuevo su mejor versión para anotar el tercer gol que sentenciaba el triunfo de su equipo. Y es que en los últimos meses nos hemos olvidado de lo que realmente ha sido este futbolista para este club en estos siete años. La sentencia que mejor le define es que se trataba de un futbolista de una talla superior al de nuestro club y que, por su carácter distinto, cómodo y conformista, decidió regalarnos los mejores años de su vida. Nunca lo olvidaremos. No solo su último día, sino todos los que nos ha entregado defendiendo y agigantando la txuri-urdin. Con su diana de ayer ante una afición entregada, que siempre ha sacado pecho y se ha enorgullecido de tenerle con ella pese a sus deslices fuera del campo, estuvo a punto de derribar otra de las gradas sin necesidad de ninguna grúa.

Lo cierto es que su última contribución a la causa fue acabar de un plumazo con el pesimismo y el negativismo que se había instalado en el entorno blanquiazul en las últimas semanas para pintarnos su inigualable e imborrable sonrisa que nos ha acompañado durante siete años. En los buenos y en los malos momentos. Vela, como forma de vida. O pon un Vela en tu vida. Merece mucho la pena. Con sus éxitos y sus penurias. La depresión se convirtió en entusiasmo. Lo necesitaba una Real que mereció la victoria con holgura, ante un Sevilla superado, y que sufrió porque, una vez más, su portero no detuvo un balón más que parable. Vela le robó la gloria a Zubeldia, que se estrenó como goleador anotando el 2-1 a falta de un cuarto de hora para el final. Y a Iñigo, que los tiene como el caballo de Espartero. De lateral, marcó un tanto de cabeza de los que repite cada campaña y sirvió en bandeja la despedida soñada a Vela con una acción que hubiera firmado el mismísimo Roberto Carlos.

Eusebio se encontró con un problema grave en las horas previas a la visita del Sevilla. Kevin no llegaba a tiempo y De la Bella estaba tocado, lo que le obligaba a improvisar una solución. Fiel a su esquema y a su estilo, su elección fue situar a Iñigo Martínez en banda para dar entrada en el centro a Raúl Navas. El de Ondarroa ya sabía lo que era jugar en esa posición en categorías inferiores, aunque nunca lo había hecho desde que subió al primer equipo. Y la verdad es que tiene condiciones para ello, tal y como había acreditado en varios de esos arrebatos que le suelen entrar cuando el equipo busca el gol, como la campaña pasada en la que se internó y puso un servicio perfecto a Bautista en la penúltima jornada, o incluso en Vigo, una semana después, cuando provocó el córner en el que nació la diana de Juanmi. Con la zurda de Iñigo en la banda, la supuesta hemorragia parecía controlada e incluso, frente a un rival como el Sevilla, seguro que se ganaba en contundencia defensiva. Cuidado, que no es el primer central que por una emergencia le sitúan de lateral y termina jugando muchas veces en esa demarcación. Ejemplos hay muchos.

buen inicioLa Real completó una notable primera parte. Sobre todo si tenemos en cuenta que en frente estaba un conjunto de Champions. Los realistas superaron con claridad a los hispalenses, a los que dominaron, controlaron y sometieron con su habitual estilo. Eusebio colocó en esta ocasión a Zurutuza en la derecha y a Xabi Prieto en la izquierda. La explicación es que así podía marcar de cerca a Banega, auténtico cerebro del fútbol sevillista. Y la verdad es que la nueva demarcación nos devolvió la mejor versión del pelirrojo, que, aparte de merendarse al argentino, volvió a recuperar la brillantez y la claridad en ataque que tanto hemos echado de menos en las últimas semanas.

Otra vez los donostiarras generaron juego y ocasiones como para poder sentenciar el duelo en caso de estar atinados en los últimos metros. Pero de nuevo les faltó el necesario acierto. Y lo peor de todo es que, como en tantos encuentros anteriores en los que se repitió la misma historia, perdonó demasiado, y en la última acción, casi en la única clara de los visitantes, le igualaron la contienda. Unos necesitan tanto y otros tan poco. Y ojo, porque quizá este sea el mejor signo de distinción para diferenciar equipos de elite y los vulgares.

Los dos extremos, Canales y Januzaj, fueron los que dispusieron de la mayoría de las oportunidades producidas por los realistas antes del entreacto. Lo cual dice poco de un Willian José a quien le costó demasiado alcanzar el área, pese a que de espaldas y fuera del área firmara cosas interesantes. Pero su rol, que no olvide, es ser el 9 y aniquilar.

Januzaj probó suerte en dos difíciles remates que se marcharon altos, mientras que Canales rozó el palo desde fuera del área. Se mascaba un gol que llegó en un córner largo que cazó en el segundo palo Illarra, cuyo centro lo cabeceó picado a la red Iñigo.

El Sevilla se estiró un poco y comenzó a aparecer en los aledaños del marco realista con una volea de espaldas de Ganso y un chut lejano de un bullicioso Ben Yedder. Dos disparos de Canales rozaron el 2-0 hasta que, en el último minuto, Ben Yedder tumbó a Llorente con dos recortes de fútbol sala, deporte en el que empezó, y su remate cruzado se coló entre las piernas de Rulli. Otra vez a remar. Otra vez el meta encajando goles parables.

En la reanudación, la Real siguió siendo más equipo y viviendo más cerca de la victoria que de la derrota. Esta vez los cambios de Eusebio funcionaron. Primero Oyarzabal, fresco, no tardó en confirmar que es un jugador magnífico y creó la acción del 2-1 que consiguió Zubeldia. El azkoitiarra lo celebró a lo grande. Pero lo mejor estaba por llegar. Casi en el descuento, Vela a centro de Tarzán Iñigo zanjó con su interior una crisis y una depresión que nos estaba matando.

Su legado está escrito en los anales de la historia txuri-urdin. Su fotografía celebrando no solo el de ayer, sino el de muchos otros goles, encontró hace tiempo su espacio en el Olimpo de los realistas más grandes. Eskerrik asko por tanto. Se va un grande, honrado por su gente como merece por todo lo que le dejó. Gloria eterna al bombardero maya.

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