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El derbi no les saca de pobres

Una Real mejorada, que fue superior a un Athletic al que dominó y controló en casi todo el encuentro, dejó escapar una gran oportunidad para acabar con su crisis

Domingo, 17 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:12h

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Los jugadores saludan a los seguidores de la Real al término del derbi.

Los jugadores saludan a los seguidores de la Real al término del derbi. (Ruben Plaza)

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  • Los jugadores saludan a los seguidores de la Real al término del derbi.

Hubo un tiempo en el que la Real celebraba los empates en San Mamés. Pero eso ya pasó hace bastante. Sin perder el respeto a lo que significa puntuar en casa del vecino, ayer se le escapó un derbi que podía haber ganado. Siempre pareció ser mejor equipo y contar con futbolistas superiores, aunque fue incapaz de plasmarlo en el marcador. Le faltó punchy pegada. Fue una Real dominadora y competitiva, que logró por fin frenar la sangría de goles encajados y que dominó tres cuartos del encuentro, pero que también dejó marchar con vida a un eterno rival menor por una ausencia de profundidad y de ideas para sorprender a su poblado entramado defensivo.

El 0-0 dejó un sabor agridulce a los blanquiazules, ya que ganar en Bilbao nunca ha sido sencillo en su historia y en esta ocasión dejó la certeza de que hubiese sido más que factible de haber estado algo más atinados en los metros finales. Los donostiarras acreditaron que han perdido confianza y fe en sus posibilidades, como quedó confirmado en muchos de sus ataques, en los que sus alas optaron por darse la vuelta y volver a pasar atrás en lugar de golpear o buscar una asistencia de gol.

Tocar y tocar y tocar... La verdad es que por momentos el baile de la posesión llega a resultar desesperante. Lo decíamos la víspera, está muy bien que tu propuesta sea dominar el duelo a partir de la posesión, pero el derbi en muchas ocasiones exige otros ingredientes si te lo quieres llevar. Y estos son más anímicos que futbolísticos. Para tomar San Mamés necesitas multiplicar tu casta, tus agallas, tu pasión... Incluso llegar al descontrol tirando de orgullo y corazón, empujando con el estilete sin mirar atrás, y está claro que la Real de ayer optó por mostrarse excesivamente fría y calculadora. Casi plomiza. No enganchó, no transmitió lo que para muchos exige todo un derbi vasco, y, como los rojiblancos estuvieron menos fieros que nunca, el resultado lógico fue unas tablas que no saca de pobres a ninguno de los dos.

Si la primera parte se hubiese jugado sin porteros, el resultado habría sido el mismo. A Eusebio se le podrán criticar muchas cosas, pero lo que no se puede poner en duda es su valor y su personalidad. No le importa estar en racha o en crisis, él juega siempre a lo mismo. No se sale de su guion ni de su estilo. Podrá gustar más o menos, pero él lo tiene claro y no le tiembla el pulso ni en un derbi en San Mamés. No son dos virtudes a menospreciar en un entrenador hoy en día, las cosas como son. Lo malo es caer en la osadía o en la tozudez, en excederse o en no encontrar soluciones al denominado bache por el club, que, tras la derrota ante el colista en Anoeta, se convirtió en una crisis en toda regla que podía adquirir tintes dramáticos en caso de bofetada importante en el derbi.

Eusebio alineó su once de gala, tal y como había explicado el lunes a sus jugadores y luego repitió en sala de prensa: “Vamos a incidir en nuestra idea, en reforzar las cosas que hacemos bien. Trataremos de mejorar en los detalles que nos faltan”. Eso es lo discutible, si realmente solo son detalles de lo que estaba careciendo este equipo.

El equipo txuri-urdin siempre pareció mejor equipo y contar con futbolistas superiores, aunque fue incapaz de plasmarlo en el marcador

Por lo tanto, el primer acto fue lo esperado en cuanto a la Real, aunque, sin embargo, sí que sorprendió más la actitud de unos locales muy replegados, sin presionar ni morder arriba, esperando en su campo para tratar de salir a la contra. Nada que ver con a lo que nos ha tenido acostumbrados el Athletic en su guarida. Esto provocó unos 45 minutos aburridos, disputados a un ritmo lento, algo que, en principio, interesaba a la propuesta de fútbol de control y posesión de la Real. Y, cuidado, el enorme mérito de los rojiblancos es que, tengan mejor equipo o peor, son un rival que en su estadio siempre te pasan la cuenta. Los 90 minutos se hacen largos y, tarde o temprano, ellos saben que llegará un momento en el que te dominen y sometan. Y eso tiene un valor incuestionable. Por ejemplo, la Real no lo puede decir en Anoeta, como estamos comprobando esta misma temporada. En Bilbao los minutos no pasan en balde. Cuando eres superior o el Athletic no te hace daño, estás obligado a plasmarlo en el marcador, porque debes ser consciente de que te llegará la vuelta o la factura de ello.

diferenteSan Mamés Barria no tiene mucho que ver con el antiguo. No es un estadio que intimide demasiado por el calor de una grada que otrora ganaba partidos con su aliento. Ahora solo se sulfura y se enciende con las desproporcionadas protestas a los colegiados. Estas llegaron a los seis minutos, al reclamar un penalti por una mano de Diego Llorente, que no hizo nada por cortarla. Es una persona, no un click de Playmobil, y su brazo estaba en ese espacio mucho antes de que llegara el balón en un mal control de Aduriz. A partir de ese momento, mucho centrocampismo y poco rock and roll. Con los blanquiazules emitiendo señales de ser mejores pero sin lograr plasmarlo en ningún momento en los aledaños de un Herrerín al que no quisieron o no pudieron ni probar sus nervios por su inesperada titularidad.

La mejor opción de la primera parte la desperdició Oyarzabal, quien, tras recibir de Januzaj en posición inmejorable, cruzó demasiado su remate. Illarramendi tampoco consiguió dirigir entre los tres palos una volea con la zurda tras una dejada de Willian José. En el otro área, a Mikel Rico se le escapó un disparo en una acción iniciada por un centro magnífico de Lekue;y, casi un minuto fuera de tiempo, San José envió a las nubes un balón que le llegó en una buena jugada de pizarra de Ziganda.

Como era de esperar, el Athletic apretó en la reanudación. Fue en los primeros diez minutos cuando ofreció la esperada sensación de poder llevarse los tres puntos. Con una presión más adelantada y con una mayor mordiente. Raúl García, que ejerce más labores de reclamador que de futbolista, fue el único local que chutó a portería en una buena volea que despejó, atento, Rulli. Poco después, De Marcos malgastó la mejor oportunidad del encuentro, al cogerle la espalda a De la Bella, quien, en posición de desventaja, tiró de experiencia para evitar el penalti y, además, rascarle la pelota antes de que chutara. En el córner, Aduriz, que va a agresión por derbi disputado en Bilbao, cabeceó fuera en una posición muy elevada, en la que es su gran especialidad.

En el primer acercamiento de la segunda parte de la Real, Januzaj chutó al lateral un mal despeje de Laporte. Fue la oportunidad que cambió el signo del encuentro, puesto que la Real se adueñó de la pelota y, al verse más amenazada, comenzó su ya conocido ejercicio de posesión eterna, horizontal y previsible para protegerse. En varias triangulaciones cortas, sobre todo cuando apareció Xabi Prieto, lograba generar superioridades, pero al llegar a las cercanías del área bilbaina se le apagaba la luz. Quizá por falta de confianza o de fe, pero casi siempre sus bonitas combinaciones se quedaban en nada al pisar zonas adelantadas. Los blanquiazules dispusieron de opciones para matar el derbi y no las aprovecharon. A Oyarzabal se le escapó un control cuando ya encaraba a Herrerín;Willian José decidió recortar, lo que le dejó sin hueco para disparar en lugar de probar suerte con la zurda;Canales no pudo orientar su chut tras una preciosa internada de Januzaj;y, por último, en el que fue su primer y único remate entre los tres palos, Xabi Prieto se encontró con las manos de Herrerín. Era el minuto 88, con eso queda todo dicho.

Al final, un punto que seguro que sabe mucho mejor si se gana al Sevilla el miércoles. Pero, claro, si nos atenemos a sus resultados en Anoeta esta campaña, resulta complicado confiar en ello. La sensación tras el encuentro fue de gran oportunidad desperdiciada. Aunque hubiese sido mucho peor perder otra vez. Fue justo en lo que mejoró la Real. En que esta vez dejó su portería a cero y compitió de tal forma que en casi ningún momento corrió peligro el puntuar en Bilbao. Pero... todos queríamos más.

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