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Tribuna abierta

El rechazo al nacionalismo

Por Javier Elzo - Viernes, 15 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:12h

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El nacionalismo tiene mala prensa. Muy mala. Hay que buscar con lupa un texto en el que se alaben las virtudes del nacionalismo. Incluso quienes se dicen nacionalistas, fuera del círculo de amigos o de otros nacionalistas, se expresan, a menudo, con toda suerte de circunloquios: nacionalista abierto, moderadamente nacionalista;ni etnicista ni xenófobo, menos aún racista;nacionalista sí, pero de izquierdas (ser nacionalista y de derechas puede ser aún peor, con riesgo de ser tildado de fascista como poco) etc., etc. Por el contrario, la crítica al nacionalismo aparece por doquier, tanto en la derecha como en la izquierda, en el poder como en la oposición, entre laicos como entre religiosos... La cuestión catalana lo ha sacado a flote con fuerza.

El líder del PSC, Miquel Iceta, ha reprochado al alcalde de Gimenells, Dante Pérez, que se haya ido con "los nacionalistas del PP", después de que el edil leridano fichara por el PP horas después de romper el carné socialista por "no querer compartir partido -dijo- con los nacionalistas de Unió" (Efe 10/11/17). La maldad está en el nacionalismo, sea el de Unió, sea el del PP.

Según refiere la misma agencia (19/11/17), el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ha llamado a aprovechar el 21-D para "poner fin al nacionalismo y su idea caduca", que ha definido como "un veneno que puede enfermar a Europa" y a acabar con "40 años donde el nacionalismo nos ha marcado la agenda". Recuérdese que votó en contra del Cupo vasco el pasado 23 de noviembre en el Parlamento de Madrid.

Claro que Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, en una entrevista en el diario El País ya declaraba el día anterior que "el nacionalismo es veneno. (...) Estoy a favor de la Europa de las regiones: de respetar la identidad, la diferencia. Pero eso no supone que vayamos a seguir a esas regiones en todas sus aventuras, que a veces son un tremendo error". Y ya, refiriéndose a Catalunya, añadía: "El Gobierno y la Generalitat pueden discutir el grado de autonomía, pero Europa es un club de naciones y no acepto que las regiones vayan contra las naciones. Menos aún fuera de la ley". ¡Acabáramos! El nacionalismo malo es el de las regiones, no el de las naciones-estado.

Para Enrico Letta, quien fuera primer ministro de Italia, uno de los principales problemas de Europa radica en los nacionalismos. El de los Estados, pues el otro, el de las regiones, es irrelevante. Lo dice en su muy reciente publicación Hacer Europa y no la guerra (Península, 2017). Escribe que "se perfila un nuevo bipartidismo político entre globalistas y nacionalistas, como vimos en la última campaña presidencial francesa" (pag. 72), donde se enfrentaba el nacionalismo francés de Marine Le Pen con el europeísmo de Emmanuel Macron. Letta piensa, exclusivamente, en los nacionalismos de Estado, el francés, el inglés, el alemán, el italiano etc. No menta en absoluto los nacionalismos de los países sin Estado como el vasco, el catalán, el escocés, el flamenco... Y, cuando lo hace, afirma que son como "hijos de una misma familia" (pag. 95), la familia del Estado al que pertenecen. Pero, en el corazón de Europa, ¿se puede decir que flamencos y valones son hijos de la misma familia, hijos del Estado belga?

En la misma página 95 del libro de Letta podemos leer que "la misión de Europa no es borrar los Estados. Tampoco constituye un superestado. Cuanto se aborda a nivel europeo debe hacerse así porque no puede hacerse a nivel nacional (...). Pero no es posible reducir a Europa a un nivel pertinente de acción, a una escala eficaz (...) sino también a un sentimiento de pertenencia a Europa que podamos experimentar en el interior". ¡Ay! ¡La Europa de las naciones-estado reducida a razones de eficacia ante el poderío de los países emergentes, de Asia y del traslado del centro de gravedad del planeta del Atlántico al Pacífico. Pero ¿dónde queda el sentimiento de pertenencia a Europa si lo contrastamos con el de pertenencia a España, Francia, Euskadi, Catalunya, Flandes...? Apenas en nada. Y lo digo con profundo pesar. Pero Letta parece no verlo.

En la Iglesia Católica, en España, a cuenta del conflicto catalán, se ha vuelto a escuchar aquello de que "la unidad de España es un bien moral". Y cosas aún más fuertes. He aquí un par de ejemplos. El cardenal Fernando Sebastian ha escrito en un artículo que "el nacionalismo es siempre victimista, pero es victimista porque antes, y más profundamente, es egoísta, se cree más que los demás y quiere más que los demás. Es egoísta e insolidario. Pretende estar solo para vivir mejor (...) Y algo tiene que ver también en todo esto la descristianización galopante que está sufriendo Cataluña en estos años. El independentismo descristianiza y la descristianización favorece el independentismo". (En Vida Nueva, nº 3.056, octubre-noviembre 2017). ¡Qué cosas hay que leer! Resulta que independentismo y descristianización hacían pareja.

Pero no se queda atrás el cardenal Cañizares. En una entrevista, a la pregunta de si "se puede ser independentista y un buen católico", responde esto: "En el caso de la secesión, no. Lo digo cuando se trata de países democráticos. No se puede ser católico en Italia y defender el secesionismo". Pero piensa en España cuando declara que (en la Conferencia Episcopal española) "deberíamos entrar más a fondo en el tema de la unidad de España, del valor moral de la unidad de España. El problema de los nacionalismos no es exclusivo de nuestro país. Está en Italia con el norte, en Francia con Córcega, en Alemania con Baviera, en Bélgica con Flandes, en Reino Unido con Escocia... Es un tema muy actual. Sería muy oportuno que en estos momentos se hiciese una calificación de la no legitimidad del secesionismo en países democráticos" (La Razón, 26/11/17).

Para Sebastián, independentismo y descristianización van de la mano. Para Cañizares, un buen católico no puede ser independentista. Si, la sombra del nacional-catolicismo español es muy alargada y sigue vigente.

Ya que este artículo va de citas, permítanme que lo concluya con otra del gran Edgar Morin cuando escribía hace pocos meses (Le Monde, 30/04/17) que "vivimos una alternativa estéril entre la globalización y la región, entre Europa y la nación, entre americanización y soberanismo, cuando habría que promover la independencia en la interdependencia, aceptar la globalización en todo lo que suponga cooperación y cultura, mientras que defendamos los territorios que están amenazados de desertificación" (...) "Se trata de mantener y proteger la nación en la apertura a Europa y al mundo. Debemos ir más allá de la alternativa estéril entre la globalización y el nacionalismo".

Pero pocos políticos y cardenales leen a Edgar Morín en su defensa de la independencia en la interdependencia. Si les parece un trabalenguas, quédense con la soberanía compartida. Es que además no hay otra, aunque los unionistas quieran no verlo. Claro que algunos independentistas tampoco.

javierelzo@telefonica.net

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