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Mucho cuento y pocas cuentas

Por Patricia Gete Núñez, Procuradora de Podemos Ahal Dugu en las Juntas Generales de Gipuzkoa - Lunes, 4 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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Menos del 1%. Ese es el presupuesto que la mayoría de los diferentes gobiernos que hay en este Estado destinan a combatir las violencias machistas: Menos del 1%. Y así nos luce el pelo.

Eso sí, llega el 25-N (el Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres) y asistimos a una competición entre las diferentes instituciones para ver cuál de ellas lanza la más encendida soflama sobre esta cuestión;se reparten pulseras como merchandisingreivindicativo;y se publicitan planes e iniciativas presuntamente novedosas. Pero la realidad es que el compromiso de un gobierno ante un reto de esta magnitud se mide por el volumen de su apuesta presupuestaria para afrontarlo.

Lamentablemente, en este país el compromiso para luchar contra la violencia machista se cuantifica en menos de un 1% del presupuesto. Y, no contentos con esto, nos dicen a través de diferentes campañas “si sufres maltrato, denuncia”, “mujer no estás sola”, “si te violan, denuncia”.

Este tipo de campañas ni son suficientes ni son eficaces. Esta afirmación no es una apreciación personal, sino que es la propia Oficina Europea de Estadística (Eurostat) la que ha revelado que España se sitúa a la cola de Europa en denuncias por violación, con una tasa de denuncias de 2,65 por cada 100.000 habitantes.

Este informe del Eurostat constata -y esto es lo más preocupante- que el mayor número de denuncias se registra en los países en los que hay menos tolerancia hacia la violencia sexual y en los que hay mayores niveles de igualdad de género.

Y el Eurostat nos retrata de forma sonrojante: la tasa de denuncias en España (2,65) está muy lejos de la de un país como Suecia, que frecuentemente citamos como ejemplo, donde esta tasa alcanza casi un 57. Y España tiene el roñoso mérito de tener a otros siete países por detrás: Chipre (2,36), Eslovenia (2,04), Bulgaria (1,65), Eslovaquia (1,60), Grecia (1,12), Serbia (0,86) y Montenegro (0,80).

Paralelamente a la ineficiencia de las campañas para denunciar, la televisión, las noticias, los debates y los corrillos reflejan otra realidad. Una realidad con nombres propios, que visibiliza un calvario que es similar al de muchos otros casos anónimos. ¿Qué ha pasado con las denuncias de Juana Rivas? ¿Qué está pasando y qué está teniendo que sufrir la chica que denunció a La Manada?

Ya sabemos todas que, muy frecuentemente, lo primero que pasa cuando denunciamos es que se cuestiona la veracidad de la denuncia;que tenemos que escuchar comentarios fuera de lugar, injustos, falsos y machistas que quedan impunes y que siguen resonando en nuestras cabezas, pues lo que pretenden es disculpar o exculpar al acusado y cargar la responsabilidad total o parcial sobre la víctima. Estos comentarios se ceban habitualmente en el espejismo de las denuncias falsas, cuando la cantidad real de éstas es insignificante, según señala el propio informe elaborado por la Fiscalía al respecto.

Para más inri, el juicio de La Manada ha servido para advertirnos a todas de que el nivel de miseria moral de algunos es tal que, tras una violación, la capacidad o la determinación de la víctima de tratar de rehacer su vida, de salir con sus amigas o de usar las redes sociales puede restar credibilidad a su denuncia. ¿Qué tienen que hacer las víctimas? ¿Esconderse en su casa o limitarse a salir para ir al psiquiatra? ¿Quitarse de en medio?

Entretanto, la publicidad institucional nos sigue bombardeando a través de los medios de comunicación con diferentes mensajes: “Denuncia”. “Denuncia, las instituciones te ayudarán”. ¿Pero cómo te van a ayudar y con qué medios, si su compromiso presupuestario no llega a un mísero 1%?

La triste realidad es que sin presupuesto para la igualdad y contra la violencia machista no hay feminismo. Y sin feminismo no hay ni justicia ni equidad social.

En esta batalla, donde no hay pan, hay hambre. Y si nuestras instituciones no invierten en la lucha contra esta lacra social, que no nos sorprenda el desfile de machismos en las televisiones, los periódicos, los bares, los supermercados, en el fútbol o en los grupos de WhatsApp.

Sin determinación institucional real seguiremos soportando en los platós de televisión a maltratadores o abogados de violadores, cuando lo cierto es que el tratamiento sería muy distinto -un escándalo, seguro- si quien gira por los platós lo hiciera por su vinculación con el terrorismo.

Las instituciones públicas, en definitiva, no están haciendo su trabajo en la lucha contra la violencia machista por racanería, porque sus planes no están lo suficientemente presupuestados para ser eficaces. Y luego se cubren hablando, que es gratis. Los gobiernos hacen un tuit, se sacan una foto con cara compungida en una concentración, hablan de lacra social… pero con menos de un 1% no salen las cuentas.

A esos cuentistas les advertimos de que el resto de los días del calendario, nosotras estamos cada vez más unidas porque sabemos que esto #EsUnaGuerra. Y no pararemos hasta ganarla.


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