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De Behobia a la Casa Consistorial

PARTICIPANTES | Xabier Albistur es el único alcalde de Donostia que ha corrido la carrera

Juanma Molinero - Viernes, 10 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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Albistur (dorsal 1168), a su paso por el puerto de Pasaia, en la Behobia de 1992.

Albistur (dorsal 1168), a su paso por el puerto de Pasaia, en la Behobia de 1992.

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donostia - Si se bucea en las clasificaciones históricas de la época moderna de la Behobia-San Sebastián (1979-2016) y se teclea el nombre y los apellidos de Xabier Albistur Marín, se obtienen cuatro resultados. Pero tirando de memoria, Albistur (Doneztebe, 1944), alcalde de Donostia de 1987 a 1991, recuerda que ha participado en la carrera seis o siete veces. La primera con 42 años, y la última con 60. Ahora tiene 73. Puede presumir de ser el único alcalde de la capital guipuzcoana que ha corrido la Behobia. Las fotos que acompañan este reportaje lo atestiguan.

Albistur debutó en la carrera a mediados de los años 80, cuando ocupaba cargos en la Diputación de Gipuzkoa. Lo hizo junto al recientemente fallecido Miguel Puertas y todavía tiene memorizada la marca porque fue la mejor que hizo de todas las Behobias que disputó: una hora y 37 minutos. Ya como alcalde, disputó un par de Behobias, una de ellas en compañía del Paul Badiola, por entonces primer edil de Donibane Lohizune, con el que le une una gran amistad.

Aficionado de siempre a correr y a andar en bici, la Behobia no era la única prueba en la que solía participar. Era habitual que disputase pruebas populares y también marchas cicloturistas. “Era una manera de estar en forma. Con tanta actividad política y burocrática, era la única forma de practicar un deporte de manera regular. Me gustaba mucho el fútbol pero no había forma de jugar porque no me coincidían los horarios. Así que combinaba correr con andar en bici”, explica Albistur. “En bici he participado en muchas pruebas cicloturistas, en casi todas las de Gipuzkoa, en los Lagos (de Covadonga), en Pirineos...”, abunda.

Albistur acostumbraba a entrenar dos o tres veces por semana al acabar las jornadas interminables de trabajo. Llegaba a casa, se cambiaba de ropa y salía a correr, a veces junto a algún guardia municipal, a veces solo, a pesar de las recomendaciones de que se entrenara acompañado. Una semana antes de la Behobia, solía completar el recorrido entero, los 20 kilómetros desde el barrio irundarra a la capital, para calibrar la forma con la que afrontaba el reto. “Nos gustaba correr a 5 minutos el kilómetro para hacer 1h40, más o menos”, recuerda. Los tiempos así lo atestiguan: 1h41 en 1991, 1:40 en 1992, 1h47 en 1993… El asunto se torció la última vez que participó en la Behobia. Sufrió una lesión en plena carrera y entró en la meta andando.

Lejos de los avatares de la política municipal, la Behobia no fue, sin embargo, el mayor desafío al que se enfrentó en los 90. En 1993 participó por primera y última vez en un maratón. Fue en Donostia, que ese año acogió la Copa del Mundo. Albistur ya no era alcalde (Odón Elorza ocupaba entonces el cargo), pero fue una de las personas que contribuyó a que la capital acogiera la cita mundial y fue también uno de los 3.000 y pico corredores que cruzaron la meta del estadio de Anoeta (la prueba estaba abierta a profesionales y populares). A la cabeza de todos los atletas estuvo el británico Richard Nerurkar, en una mañana en la que Diego García logró una notable décima posición y Rodrigo Gavela batió el récord de España. Albistur recuerda su marca (3h50m) pero sobre todo el sufrimiento en los míticos 42 kilómetros y 195 metros. “En la segunda vuelta al circuito ya iba fundido. No me retiré en el primer paso por Anoeta a pesar de que estaba mi familia y el sufrimiento fue terrible, terrible”, rememora.

El maratón no fue la experiencia más gratificante. Al contrario de la Behobia, que siempre le dejaba buenas sensaciones. Ya entonces la carrera gozaba de un ambiente en las aceras espectacular: “Pasabas por un pasillo humano en Irun. La parte más dura era de Gaintxurizketa a Miracruz, pero después volvías a correr en medio de un pasillo humano”. La salida (no existían el chip ni las salidas escalonadas) era un caos de corredores tratando de enfilar hacia Donostia lo más pronto posible y la llegada era junto al Ayuntamiento, prácticamente a las puertas de la Casa Consistorial en la calle Ijentea.

Un principio de artrosis en una rodilla impide a Albistur correr como hace años, aunque mata el gusanillo de practicar deporte con la bici y con paseos por el monte. Ya no corre la Behobia pero acostumbra a ver la prueba como espectador, más si cabe ahora para animar a su hijo Xabier, que este año participará por segunda vez. Albistur destaca la buena salud que tiene la carrera (“Si no existiera habría que inventarla”, dice), y le augura un buen futuro: “La Behobia es todo un éxito. Es interesante para Donostia y beneficiosa para la ciudad porque le coloca en el mapa, genera una actividad turística interesante y también porque mucha gente hace deporte durante muchos meses del año por ese motivo. Es un reto importante para el Fortuna, que lo hace muy bien. Un reto que hay que cuidar y esmerar. Es un negocio para el Fortuna, lo cual me alegra porque es una forma de obtener recursos para otras actividades”.

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