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Cómo construir un país y no morir en el intento

Por Koldo San Sebastián - Martes, 12 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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En realidad, el artículo debería titularse Como construir un país democrático y no morir en el intento. De vez en cuando, quienes se dedican al activismo político deberían repasar alguna vez La República, de Platón. Si me permiten la impertinencia, les recomiendo la excepcional edición (por sus contenidos) de Juan Bautista Bergua. Entre otras cosas, porque, además de aprender, se van a divertir con los estudios previos de este hombre excepcional: filólogo, traductor, antólogo, crítico literario, librero, editor… Estando nuestro hombre exiliado, un buen día se presentaron en la finca que la familia tenía en Getafe, y en la que se encontraba su hermano José, un cura y dos soldados. Estos últimos iban provistos de un saco cada uno. “Venimos a incautarnos de la editorial”, fundada en 1927 publicaba desde literatura comunista, pasando por el Corán, las mil mejores poesías de la literatura española o las memorias de Mola. El cura trabucaire pensaba que, para la incautación, con dos sacos y dos soldados sería suficiente, pero al ver que eran precisos no dos sacos, sino muchos camiones, dio orden de quemar los libros en la huerta misma de la finca durante muchos días con gasolina, empezando por colecciones tales como la titulada La Nueva Rusia, consiguiendo salvar José parte de las obras clásicas, tanto de literatura como de filosofía.

En los últimos tiempos, EH Bildu está enviando a una especie de comandos formados por jóvenes (lo pongo en cursiva, porque como van encapuchados y, en ocasiones, enfundados en monos blancos no sabemos la edad) de Ernai para iniciar debates sobre la incineradora, el acercamiento de presos y, ahora, sobre el turismo. Volviendo a Platón, las cosas que hacen los jóvenes de Bildu se parecen a algunas “fechorías” (sic) que describe Platón en sus diálogos sobre la tiranía. Esas fechorías las perpetran -en la Grecia platónica y en la Euskadi del siglo XXI- “individuos que están en minoría”. Así las cosas, por otro lado, resulta imposible dar la más mínima credibilidad a Arnaldo Otegi, jefe supremo de EH Bildu y de Ernai, tras algo parecido a una condena en plan majo por un incidente en Donostia, cuando otro comando pintarrajeó la sede de Basketour en Bilbao. Pero, ¿está preocupado Bildu por el turismo? ¿Recuerda que ha aprobado una ley con el PNV? Es igual, en las pintadas de los comandos de Ernai, el objetivo es el PNV (con todas las letras o dejando las fachadas de sus sedes hechas unos zorros: por ejemplo, la del batzoki de Elantxobe).

¿Qué se puede hacer? ¿Se puede hacer algo con/por EH Bildu y su entorno mientras no respeten a las mayorías? Algunos piensan que nada, más allá de acuerdos instrumentales. Otros, muchos, simplemente “que vayan a tomar por el culo”. “Total -me decía un amigo-, si se acercan a presos enfermos o sin delitos de sangre (a la espera de la disolución de ETA), no solo no te lo van a agradecer, sino que, además de apuntarse el tanto (pintadas y manis), van a exigir los dos huevos duros (como los del menú del camarote de los hermanos Marx). Y, en este punto, creen Bildu o su frente de juventudes que el PNV o la mayoría social y política vasca (cuantificable) tienen algún tiempo de deuda u obligación hacia ETA m o la autodenominada. Más bien ninguna. El mismo amigo que hablaba de enviar a esta gente a hacer turismo al ipurdi. Me decía: “Mientras limpiamos batzokis y otras sedes, deberíamos interrumpir las conversaciones para que se dé ese acercamiento de presos milis. O estamos a setas, o estamos a Rolex”.

Resulta difícil creer que los comandos ‘turismófobos’ de Ernai son una ocurrencia autónoma de ese frente de juventudes y no una estrategia más amplia de ocupar espacios por parte de EHBildu

Es cierto que sería suicida propiciar un modelo turístico del tipo burro-taxi, chiringuito y borrachera, masificado e irrespetuoso con todo lo que se mueve, tipo Benidorm, Magaluf… Turismo de calidad y sostenible, como reclama el lehendakari Iñigo Urkullu. También sería preocupante que el peso del turismo en el Producto Interior Bruto (PIB) superase el 6 o 7,5% en relación con otros sectores de la economía. En estos porcentajes se mueven países desarrollados como Holanda, Dinamarca, Alemania o Francia, y este último es el tercer país del mundo en recepción de turistas. En el caso de Austria -9,5 % del PIB-, el turismo se presenta como una combinación de cultura, historia, naturaleza, deportes y negocios. Austria se ha convertido en un centro de reuniones de la política internacional y convenciones. Sin duda, un buen modelo de rentabilidad. No es menos cierto que sería suicida que se tolerase planificar la economía a EH Bildu a través de Ernai al margen de la representación mayoritaria de los vascos.

Vivimos en estos tiempos un intento de construir una nueva democracia. Democracia sí, pero orgánica y de izquierda. Este es el tipo de democracia, aquella de derecha que padecimos entre 1936 y 1977 y en el que los poderes del Estado -el legislativo y el judicial- están sometidos al ejecutivo, y que daba personajes tan pintorescos como aquel Mombiedro de la Torre, presidente de la Hermandad Nacional de Labradores y Ganaderos, que acudió a Tudela, a pesar de que debía interrumpir su asueto, a arreglar el problema de la sobreproducción de pimientos y acabó propiciando la primera guerra del pimiento. Es lo que tienen las democracias orgánicas. En España o en Venezuela.

Resulta difícil creer que los comandos turismófobos de Ernai son una ocurrencia autónoma de ese frente de juventudes y no forman parte de una estrategia más amplia de ocupar espacios por parte de EH Bildu, cuando los votos no les dan la representatividad necesaria. Y esto se está produciendo en los casos señalados (basuras, turismo…), y también en la ocupación de bienes públicos -Gasteiz, Lekeitio- para sus experimentos de democracia orgánica y otras ocurrencias.

Un país como el nuestro o se construye sobre bases democráticas respetando, en primer lugar, las decisiones de la mayoría, o estamos abocados a la tiranía (en el sentido platónico, claro) a la que nos llevan los jóvenes de Ernai. ¿Solo ellos? ¿Qué diría EH Bildu si algún miembro de los comandos pintores es detenido, juzgado y condenado? ¿Si un juez condenase a Ernai a pagar los gastos de limpieza de los bienes públicos y privados que embadurnan? Seguramente pondrá el grito en el cielo, especialmente porque solo ellos son capaces de interpretar/representar la verdadera Euskal Herria.

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