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No hay enemigo pequeño

El gigante económico y militar está en jaque por un país pobre y atrasado

Domingo, 13 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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El líder norcoreano Kim Jong-un, trabajando en su despacho en Pyongyang.

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Cuesta decir si Kim Jong-un ha encontrado un eco a sus bravatas, o si es Donald Trump el que se topa con alguien que se atreve a contestarle, pero las recientes tensiones entre Corea del Norte y Washington han desencadenado en Estados Unidos la revisión de su política norcoreana del último medio siglo.

Las primeras amenazas de Trump contra Corea del Norte generaron más comentarios dentro que fuera del país, donde más bien sirvieron para que los medios informativos que siempre le han criticado se unieran a sus rivales políticos para condenar unas declaraciones que consideran excesivamente agresivas y peligrosas. Ni siquiera los mercados de valores reaccionaron el primer día, pues las pérdidas del miércoles -cuando se supo que el régimen de Kim Jong-un ha avanzado mucho más de lo previsto en su programa nuclear- se debieron muy poco al miedo a una guerra con Corea del Norte y mucho a la reestructuración de Disney, la mayor empresa mediática del mundo. El jueves hubo una nueva caída, más pronunciada, debido a las amenazas norcoreanas de destruir la isla de Guam, pero ni siquiera esta reacción fue a gran escala; ni en la subida de las inversiones refugio, como el oro, ni en la bajada de Wall Street, que ya el viernes empezaba a recuperarse.

Por si los coreanos realmente creen lo que escriben los comentaristas norteamericanos, es decir, que el ocupante de la Casa Blanca es un bocazas que no sabe lo que dice, Trump redobló sus invectivas el jueves y señaló que sus amenazas de lanzar “furia y fuego” contra Corea del Norte no solamente eran reales, sino que más bien eran insuficientes y redobló sus advertencias de que no descarta el uso de la fuerza a disposición de Estados Unidos.

Tal como hizo repetidamente durante la campaña, no dio detalles ni dio pie a especulaciones en cuanto a lo que piensa hacer, pues repitió que él mantendrá siempre el elemento de sorpresa, a diferencia de lo que hasta ahora han hecho sus predecesores, a los que hizo responsables de la crisis imperante.

Los medios informativos, eso sí, en su mayoría dedicaron más espacio a criticar a Trump por sus palabras que a Kim por el riesgo atómico en que pone a Estados Unidos. En realidad, la amenaza de responder con “algo nunca visto” la pronunciaron en su día otros presidentes como Truman y Clinton, sin que los comentaristas del país los llenaran de oprobio.

La situación es realmente difícil y se vuelve más peligrosa desde que acabó la Guerra de Corea, que se liquidó hace casi 65 años con un armisticio y tiene a ambos países al pie de sus cañones desde la presidencia de Harry Truman.

A pesar de los cambios experimentados en todo el mundo, las alianzas y los intereses no han cambiado: China sigue siendo el apoyo de Corea del Norte y EE.UU., de Corea del Sur.

Es evidente que Estados Unidos tiene una capacidad militar muy superior a la norcoreana, pero Kim Jong-un, al igual que sus predecesores desde 1953, ha tenido un rehén que ha atado las manos de Washington: Seúl, que está a tan solo 50 kilómetros de la frontera norcoreana y sus diez millones de habitantes están al alcance fácil de su artillería. En realidad, todo Corea del Sur, con sus 50 millones de habitantes, puede ser blanco de los ataques: desde la frontera hasta el punto más alejado, apenas hay medio millar de kilómetros.

Este ha sido el gran argumento durante más de seis décadas para contener a Pyongyang y evitar las hostilidades. Pero el resultado ha sido que cada vez se ha ido cediendo más, a pesar de comprobar que Corea no cumplía con sus promesas de renunciar a una carrera de armamentos y se llegó a una situación en que tienen un incipiente arsenal atómico que, si bien reducido y de difícil mantenimiento, representa un riesgo mucho mayor, para Estados Unidos y para sus aliados.

Muchos expertos advierten de que es difícil imaginar que las esperanzas expresadas originalmente por Trump, de que China sería un mediador ante Pyongyang se materialicen: significaría que Pekín se avenga a representar los intereses de Washington en contra de los suyos propios. Y un país de tan solo 25 millones de habitantes, atrasado y hambriento, tiene en vilo al gigante con la mayor economía del mundo y una superioridad militar aplastante.

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