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Gipuzkoa busca familias de acogida para 45 menores tutelados que necesitan el calor de un hogar

Entre los demandantes hay niños con necesidades especiales, bebés de diferentes culturas y grupos de hermanos
La Diputación trata de encontrar “personas flexibles que puedan entender estas realidades complejas”

Jorge Napal Gorka Estrada - Viernes, 28 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Una habitación de la asociación de acogida Beroa preparada para recibir la visita de menores y las familias.

Una habitación de la asociación de acogida Beroa preparada para recibir la visita de menores y las familias. (Gorka Estrada)

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Donostia - Un nuevo llamamiento a la sociedad que vuelve a poner el acento en esas infancias que no siempre son tiernas. Se buscan familias para acoger a 45 menores que han sufrido más de lo que debieran, niños y niñas que sienten en carne viva, tanto la soledad como el miedo y la incertidumbre. Quisieran haberse quedado en casa con sus padres y madres, pero por circunstancias de la vida no ha sido posible. No es la primera vez que la Diputación lanza un SOS pidiendo ayuda, ni será la última, “porque la necesidad es creciente y no remite”. Un reto ante el cual la sociedad guipuzcoana siempre responde.

De hecho, por primera vez en el territorio son más los chavales que viven en familias de acogida (365) que quienes lo hacen en centros tutelados (316), pero toda respuesta es poca y nuevamente la necesidad se impone: hace falta que medio centenar de hogares abran sus puertas para ofrecer el calor que tanto necesitan menores preparados para iniciar una nueva vida.

retraso físico y emocional Entre ellos hay niños de cuatro años que presentan necesidades especiales, de ahí que sea tan necesario encontrar familias sensibilizadas que sepan adaptarse a sus realidades. No siempre es un camino de rosas convivir con menores que presentan retraso físico y emocional y que atraviesan dificultades de relación y aprendizaje. “Por eso hacen falta familias con una sensibilidad especial”, reclamó ayer la diputada de Políticas Sociales, Maite Peña, que compareció en rueda de prensa en Donostia junto a una madre de acogida.

La fotografía de la desprotección en Gipuzkoa pasa por una cifra: 700. Es el número de menores acogidos, en un principio de urgencia, periodo de tiempo que puede prolongarse por espacio de seis meses. Es a partir de ahí cuando se constata que muchos menores no pueden continuar su proyecto de vida junto con los suyos, y la grave situación de desprotección exige la tutela.

La experiencia refiere un hecho incuestionable. Por muy bien cuidados que estos pequeños estén en un centro de titularidad foral, nunca será comparable esta experiencia a la normalidad que introduce en sus vidas el día a día con una familia. Por eso se buscan con tanto ahínco estos hogares, y de ahí que se realicen tantos llamamientos a la sociedad.

La colaboración con los ayuntamientos es cada vez más estrecha para que puedan detectarse cuanto antes esas situaciones de desprotección. En ese sentido, en la actual situación, además de niños menores de cuatro años también hay bebés para los que la Diputación “no encuentra familia”.

Algunos de ellos, según indicó Peña, son de diferentes religiones y culturas, lo cual exige a quien les atienda aceptar la doble realidad de su condición.

bajo el mismo techo También hacen falta familias que abran sus puertas a grupos de dos hermanos que necesitan compartir un mismo techo. El Servicio de Protección a la Infancia y la Adolescencia no contempla para ellos la separación porque podría ser peor el remedio que la enfermedad.

Hacen falta hogares que asuman el acogimiento de parejas con diferentes características y necesidades “aunque compartan una misma realidad”.

Gracias a la solidaridad guipuzcoana, por primera vez en el territorio hay más menores acogidos en familias que en centros

Las necesidades no acaban aquí. Otros menores y sus familias biológicas están haciendo un tremendo esfuerzo por superar las dificultades.

De hecho, se contempla a corto y medio plazo un retorno de los peques a la casa que les vio nacer, pero en ese tránsito también hacen falta familias de acogimiento temporal que sean conscientes de que los menores van a tener un régimen de visitas amplio con sus familias de origen, puesto que el objetivo es volver con ellas.

Hay otros perfiles que, quizá, no sean tan fáciles de atender, como el de los niños y niñas de más seis años que ya tienen un funcionamiento autónomo. En ocasiones supone un “handicap” porque las familias buscan “niños más pequeños y más fáciles de integrar”. En este caso hacen falta hogares “con experiencia en la crianza” que vivan con naturalidad la relación que estos chavales mantienen con la familia biológica. Sobre todo hace falta que tengan “capacidad de escucha y comprensión”.

complicada adolescencia Según explicó la diputada, “hay otro perfil complicado, como es el de chicos y chicas que están en la adolescencia”. Aunque no presentan problemas graves de comportamiento, siempre es un reto abordar esta etapa tan conflictiva de la vida. “Para este perfil -según señaló- se necesitan familias flexibles que puedan entender esta realidad compleja”. Se trata de generar el espacio de confianza suficiente para que comiencen a estrechar vínculos en contextos de “intimidad emocional”.

Algo que, no obstante, no siempre es posible. A preguntas de los periodistas, Peña admitió que no todos los menores acaban siendo acogidos en un hogar porque, en ocasiones, el sufrimiento que han padecido a lo largo de sus vidas les ha provocado tal daño que les impide estar preparados para dar el salto.

Y a este respecto, según indicó, “no se puede hablar de una familia prototipo en la que haya más situaciones de desprotección”, ya que estas se conocen en diferentes escalas sociales.

Con respecto a las características que deben presentar los hogares que brindan la acogida, el perfil siempre lo marcan los menores. “Lo que pedimos a las familias es que asuman el compromiso. Que sean conscientes de que van a pasar buenos y malos momentos, y que sepan también que si el proceso se frustra cuentan con el apoyo técnico de los especialistas”, remarcó la diputada.

El ente foral también busca familias monoparentales para cuidar de menores que necesitan una única persona. Los expertos así lo aconsejan. “Técnicamente se ha detectado que para algunos niños es más adecuada su vinculación con un único referente, que permita a la larga que los menores se tranquilicen”.

los datos

Nuevo llamamiento. Tras el éxito de la campaña foral Abrazos de carne y hueso, con la que se consiguieron 50 familias de acogida, la Diputación busca ahora nuevos hogares para alguno de los 45 menores en disposición de salir de los centros tutelados forales en donde viven.

Una continua necesidad. A día de hoy hay 356 menores en acogida familiar y 316 viviendo en centros tutelados forales. La necesidad de familias de acogida es continua. Cualquier persona interesada puede poner en contacto en la dirección familiaharrera@gipuzkoa.eus o bien llamando al teléfono 943 112 522

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