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El Sky rescata a Froome

Una avería apura al líder con el Ag2R encendido, pero su equipo, perfectamente sincronizado, le permite acabar con los mejores, de donde se cae Quintana, pulverizado

César Ortuzar - Lunes, 17 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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Mikel Landa ofreció el último relevo del Sky para reincorporar a Froome. Fotos: Efe

Mikel Landa ofreció el último relevo del Sky para reincorporar a Froome. Fotos: Efe

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Donostia - El Sky es un cienpiés. Muchas piernas y una sola cabeza, la de Froome. Esa fisionomía, ese catálogo inagotable de piernas estupendas, son sus muletas. Todos dispuestas a amputarse las piernas para atárselas a Froome cuando cojea. En ellas se apoyó el británico para salvar el Tour, que enloquece en un embudo de favoritos dentro de un minuto. En la sartén del macizo central, a punto estuvo el líder de quemarse en la hoguera que prendió el AG2R. El maillot del Sky es ignífugo. Tejido por sastres que son mosqueteros. Landa fue el último espadachín de Froome. Al servicio de su majestad. Antes, Nieve, Henao, Kiryienka y Kwiatkowski se deslomaron para devolver la calma al británico, que concluyó la etapa esprintando entre los favoritos. Mollema había celebrado el triunfo. También Froome. “He superado un gran susto”, dijo antes de reconocer el trabajo de sus compañeros, que le sacaron de la Unidad de Cuidados Intensivos. “Tenía un problema en la rueda trasera, estaba rota. Kwiatkowski se ha parado y me ha dado la rueda porque el coche estaba lejos. Hemos dado el máximo para volver a la cabeza. Agradezco el trabajo de Sergio Henao y Mikel Nieve por haberme subido hasta el grupo y también de Mikel Landa, que ha esperado”. “Ha sido un momento de estrés, pensaba que no podría llegar a la cabeza de carrera”, confesó el líder, que llega a la jornada de descanso con 18 segundos de ventaja sobre Aru, 23 respecto a Bardet, 29 con Urán, 1:12 con Martín y 1:19 con Landa, uno de los rescatadores.

Restaban dos puertos y el AG2R hizo sonar los tambores de guerra. En la aproximación al Col de Peyra Taillade, Froome padeció una avería mecánica en la rueda trasera cuando los abanderados de Bardet martillearon el revólver. El líder echó pie a tierra. Kwiatkowski fue su primer socorrista y mecánico. No había sitio para los coches y los ciclistas. El polaco le hizo el boca a boca. Aire para Froome, que veía cómo se le escapaba el Tour. En Rodez, Kwiatkowski había sido sus ojos y su voz, la arenga que le catapultó en el repecho en el que recuperó el liderato. El polaco cambió la rueda trasera por la suya y dio una palmada de despedida a Froome, que emprendió la persecución con las sirenas puestas. Alarma. La muchachada de Bardet, que enloquece las cunetas del Tour, aceleraba sin resuello en un territorio hostil para el británico, al que pita afición francesa. Naesen se desgañitó sobre los pedales. A bloque. El mañana es hoy en el Tour.

Entre carreteras estrechas y serpenteantes, resbaló el Tour para el británico. Sergio Henao y Kiryienka tomaron el relevo del polaco. No existe equipo mejor sincronizado que el Sky, donde su cuerpo de baile es un Bolshoi repleto de primeras figuras. No hay lugar para figurantes. Froome perdía cerca del minuto, mientras por delante, Mikel Landa, con las orejas tiesas y las piernas en expansión, pastoreaba un rebaño con Bardet, Urán, Dan Martin, Yates, Contador... AG2R, que es guerrero y peleón, continuó con su ofensiva en las faldas del Col de Peyra Taillade, un puerto que ardía. Allí asomó la figura seria y eficiente de Mikel Nieve. El leitzarra, gigantesco su Tour, impagable su tajo, colocó a Froome sobre sus hombros y lo subió. Enérgico, sus tijeras recortaron al resto de favoritos, que se balanceaban al calor de los AG2R, dispuestos a desgajar al Sky y trocear a Froome. Nieve fue el hielo que sofocó el incendio. Rebajó tanto la temperatura que Froome recuperó tiempo a bocados en su persecución hacia la salvación. El trabajo del leitzarra, un sherpa sin parangón, sirvió de paso para pulverizar a Nairo Quintana, al que se le desprendía el ánimo como las hojas se le caen al otoño. El colombiano se quedó mudo. No tiene discurso en el Tour tras la paliza del Giro. Quintana trató de seguir a Nieve y a Froome y perdió hasta el nombre. Abierto en el arcén, con las luces de emergencia encendidas. En meta le sepultaron casi cuatro minutos. Se le apagó el Tour, chamuscado por los esfuerzos en Italia.

De mikel a mikel Nieve, abnegado, entregó su último aliento para que respirase Froome, un fondista, que perseguía taponar la herida. Meteórica su ascensión, el de Leitza entregó el líder a Mikel Landa, que rapeló unos metros para tenderle la mano y colocarlo sobre la peana. Froome se agarró al alavés, un forzudo. Landa, con esa sensación única de que derrota montañas mientras tararea una canción, enfocó a Froome dentro del grupo de favoritos. Aru giró la cabeza y bajo la mirada. Escasísima la despensa, nadie osó atacar a Froome con todo a favor. Landa es su escudo. Piernas ligeras las suyas, subía y bajaba a través del rostro de sus acompañantes silbando. Froome respiraba tranquilo, olvidado el estrés. Tiró de la cadena de la ansiedad. A la sombra que le otorgaba Landa, el gran hombre de este Tour, estiró al fin sus piernas. Sintió su nervio y se dedicó al control. Sometido el Col de Peyra Taillade gracias al desempeño de sus pretorianos, el líder y Landa charlaron. Froome y Landa, hombro con hombro, planificaron la estrategia entre susurros. Sobre la marcha.

Con Bauke Mollema cabeceando hacia el triunfo, subiendo entre vaivenes y chepazos en Saint Vidal, atestado de aficionados, Landa se puso de pie y fue rebasando dorsales y voluntades para mitigar el arranque inocuo de Simon Yates. A Landa le entusiasma la política de hechos consumados. Alado, ingrávido, mantuvo el orden con su intimidante figura, paseándose arriba y abajo. Landa provoca terror cuando la carretera estira el cuello y mira hacia el cielo. Su presencia anestesió a todos. Froome se ató a Bardet, con los pies nerviosos, atemperó a Urán, que es invisible pero siempre está donde se le espera, y radiografió a Aru. Con Froome en el centro del escenario y Landa mostrando su poderío, los favoritos hicieron la estatua. En el descenso, solo Dan Martin tomó unos metros y aligeró su carga en 12 segundos. Se sitúa por delante de Landa. El murgiarra compartió la llegada con Froome y el resto de jerarcas del Tour. En Le Puy-En-Velay resopló Froome, al fin cobijado en el podio. De amarillo. Sano y salvo tras el rescate del Sky.

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