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En Gipuzkoa hay un perro por cada siete habitantes

El número de canes se triplica en quince años y rebasa ya los 100.000 animales 

Se disparan los negocios relacionados con este floreciente nicho de mercado

Jorge Napal - Domingo, 11 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:08h

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donostia – El perro ha dejado de ser guardián de caseríos y entornos rurales para pisar el asfalto y hacerse urbanita, algo que se percibe a diario en la calle, con un incremento de mascotas sin precedentes. Solo en Gipuzkoa hay 101.308 perros, prácticamente uno por cada siete habitantes, con un crecimiento similar en Euskadi: de los 119.851 canes del año 2000 a los 333.902 actuales, según la estadística del Regia, el Registro General de Identificación de Animales de la Comunidad Autónoma del País Vasco, a fecha de marzo de este año.
La presencia de animales de compañía en el medio urbano es un fenómeno que no cesa. Donostia (19.502 canes);Irun (8.149);Errenteria (4.531) y Hernani, con 3.332, figuran como las localidades con el mayor número de perros. Es el animal de compañía por excelencia también en el Estado con un censo de 5.147.980 ejemplares (21,9% del total), de los cuales el 63% son de raza. A la cabeza figura el yorkshire terrier, seguido del pastor alemán, bichón maltés, chihuahua y labrador retriever.
Crece la población de canes en sintonía con una sociedad cada vez más individualizada que parece haber encontrado en estos animales ese bálsamo que nunca falla.
Los perros han comenzado a entrar así de lleno en los planes familiares, surgiendo una relación infrecuente en otros tiempos, en la que gozan de todo tipo de prestaciones. “Todo depende del sentido común, de los planes que hagas. Un concierto por la noche o un viaje a Nueva York quizá no sean los planes más apropiados para llevar a tu animal, pero por qué no tomarse un aperitivo en un establecimiento habilitado para ello o acudir con él a la peluquería de siempre”, opina Elena Fernández, directora y cofundadora de Dog Vivant, la comunidad de ocio y turismo con perros líder en Euskadi.
Desde esta plataforma ofrecen información práctica para poder planificar y disfrutar del perro, tanto en la ciudad como a la hora de hacer escapadas y viajes. Muchos propietarios se muestran hoy en día dispuestos a gastar importantes sumas de dinero en el cuidado de su mascota y en la experimentación de nuevas sensaciones.
Y al albur de este cambio de mentalidad han nacido nuevos negocios, como el de fotógrafos caninos, guarderías, museos, hoteles, restaurantes, comercios, servicios de autolavado y otras actividades específicamente orientadas a los animales.
atado al árbol En Gipuzkoa se registran al menos quince establecimientos de hostelería en los que está autorizada la entrada del perro. En algunos incluso se les ofrecen “aperitivos y chuches”. También hay una decena de tiendas donde se permite hacer las compras junto a los animales, algo muy estimado entre los propietarios. “Jamás lo dejaré atado a un árbol mientras entro en una tienda. Es algo que me pone enferma. Hay gente que no se da cuenta de lo nerviosos que se quedan. Incluso lloran”, dice molesta Ane Letamendia, enamorada de Mowgli, el bichón maltés que adoptó hace cuatro años.
Actualmente Donostia está “superpoblada” por este tipo de perros de raza pequeña que se adaptan a la perfección a la rutina de la casa.
Mowgli se ha convertido en uno más de la familia. “Quizá lo humanizo demasiado, aunque habría que debatir qué es eso de humanizar. ¿Para qué lo tienes entonces, para que no se pueda subir al sofá? Le doy mimos y abrazos, juego con él al escondite, y le doy todo el cariño que puedo”, admite.
La donostiarra Beatriz Montabes, de 25 años, adoptó en septiembre a Donette, un can mestizo, a medio camino entre el Border Collie y uno de caza. Desde que lo pasea por la calle, la joven reconoce que su vida ha cambiado. “Se dice que con perro uno liga bastante. No sé si es para tanto –sonríe– pero sí es cierto que el abanico de posibilidades para entablar relaciones personales aumenta una barbaridad. No tengo hijos, pero muchas veces las conversaciones giran en torno a temas similares. En vez de hablar de extraescolares solemos comentar el parecido de ciertos perros a determinadas razas. Se hacen muchos contactos porque mientras los animales se ponen a jugar inviertes el tiempo en hablar con sus dueños”.
Entiende que la proliferación de bares especializados y espacios habilitados es “indispensable” en una ciudad como Donostia, donde tanto ha crecido el número de perros. “Tengo pocas críticas que hacer al respecto porque me parece una ciudad bastante adaptada”, confiesa en relación a espacios caninos como el abierto en Riberas de Loiola, que guarda cierta semejanza con un parque infantil. “También puedes ir a Ametzagaña a ciertas horas, y cada vez hay más establecimientos que te permiten entrar con perros. Abogo por ello, aunque entiendo que haya sitios donde no sean aceptados. Es normal”, sostiene.
El cuidado del animal se lo ha tomado muy en serio. Es la primera vez que tiene un perro en su casa y se ha dado cuenta de la importancia de su educación. Ha asistido a cursillos de adiestramiento donde suele recalcarse la misma idea: hay que intentar no humanizar a los animales. “Ahí está el peligro. Las personas los adoptamos para que cubran ciertas carencias y nos hagan compañía. A mucha gente le gusta ir al monte pero no tienen con quién ir. El perro viene muy bien para esas situaciones, pero sin humanizarlo. El animal necesita correr, y no puede estar comiendo contigo en la mesa, ni dormir en tu cama. Necesita olisquear y relacionarse”.
Ella es la primera que alguna vez le ha dado de comer en la mesa y reconoce que ha hecho mal. Observa que ciertas personas ni siquiera se lo plantean. “No se trata de generalizar, pero se ven dueños con perritos pequeños que nunca dejan que se le acerque nadie. Al final acaban siendo perros superinseguros y miedosos, que con su dueña se crecen y pueden acabar mordiendo. Todo esto es fruto de la humanización. No podemos pretender que un perro sea como nuestro hijo o nuestro amigo. Está muy bien quererle, pero sin olvidar que es un perro”.
Letamendia tiene sus reservas e incorpora ciertos matices. Es capaz de discernir que “son animales y nosotros humanos”, pero añade que “existe un cariño y unos sentimientos de por medio. ¿Quiere esto decir que le vas a querer más a tu perro que a tu hijo? No procede establecer una comparación así, son amores distintos”, resuelve. l

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