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Gipuzkoa, terreno abonado

La segunda oleada evidencia las diferencias entre localidades como Errenteria y Tolosa pese a estar en el mismo territorio

Jurdan Arretxe / foto: Javi Colmenero - Lunes, 20 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Un ciudadano, junto a uno de los lugares habilitados en Tolosa.

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Donostia. La reivindicación del derecho a decidir jugó ayer en casa. Con 34 de los 35 municipios que protagonizaron la segunda gran oleada de las consultas ubicados en Gipuzkoa, el territorio histórico será en mayo el primero en tener la oportunidad de que la mitad de sus habitantes voten en esta dinámica impulsada por las marcas locales de Gure Esku Dago.

Estas plataformas marcan el ritmo de la causa. A diferencia de la exitosa cadena humana de junio de 2014 y el pinchazo de los actos que Gure Esku Dago llamó un año después en cinco grandes plazas de otras tantas capitales vascas como Anoeta y San Mamés, la fase actual busca extender el derecho a decidir barrio a barrio y pueblo a pueblo.

Esta causa en Gipuzkoa es más sencilla que en otras latitudes, pero no está exenta de dificultades. Cuando hay múltiples disputas jurídicas sobre el autogobierno vasco en los sordos pasillos del Tribunal Constitucional sin que provoquen apenas respuesta social en la CAV, cuando el Parlamento Vasco acaba de activar la ponencia de Autogobierno y cuando las formaciones abertzales se acercan a los nuevos estatus desde la asunción de que los ritmos de cada realidad administrativa son diferentes, Gure Esku Dago empieza a dejar en evidencia a su vez que los ritmos dentro de esas tres realidades también son dispares.

Como la sociología de cada una de esas plazas. Sin entrar en las diferencias entre Ezkerraldea o Durangaldea, entre la Ribera navarra y Bortziriak que ya camina hacia una consulta antes de verano, la misma Gipuzkoa presenta sus peculiaridades. No es baladí que al corredor del Topo Donostia-Irun (sin Oarsoaldea) le falte tiempo para ver unas urnas que en Goierri, Debagoiena y Azpeitia se pusieron el 5 de junio del año pasado. La diferencia puede ser de dos años.

La cita de 2016 arrojó diferencias sustanciales entre dos municipios que el otro eje ferroviario que vertebra Gipuzkoa, los Cercanías de Renfe, une en 18 minutos. Con dos censos próximos a las 8.500 personas, la participación, el gran termómetro para calibrar estas consultas, fue dispar en Ordizia y Zumarraga: 23%-13,5%. Más sociología.

Lejos de la caótica tensión electoral española en la que se celebró la primera oleada, la segunda ola llevó ayer las consultas a varios municipios más poblados. Y a nuevos escenarios, como sucedió en Catalunya. Sus consultas populares partieron en septiembre de 2009 desde Arenys de Munt, una localidad en la que acudió el 41% de las 6.517 personas llamadas a las urnas. Las cinco grandes oleadas municipales acabaron en Barcelona el 10 de abril de 2011 con la participación del 18% de los 1.143.000 electores. Tras el fallo del Constitucional sobre el Estatut cuyas consecuencias en Arenys de Munt nadie imaginaba en 2009.

En el caso de Gipuzkoa, la principal localidad de la primera oleada fue Arrasate con 19.119 electores (acudió el 23%). Ayer, en cambio, entró en liza el tercer municipio más poblado del territorio, Errenteria, con 33.649 posibles votantes. Con una historia muy marcada y con una sociología electoral en la que EH Bildu y PSE mantienen un empate de 7 ediles seguidos de los 4 concejales de Errenteria Irabazi (Podemos, Equo y Ezker Anitza) y los 3 del PNV.

La consulta de la villa, que contó con dos preguntas en lugar de una, llevó a votar al 13,54% de los vecinos mayores de 16 años, unas 4.500 personas que se quedan lejos de los 8.600 votantes mayores de edad que respaldaron a EH Bildu y PNV (que apoyan sin ambages las consultas) en las municipales de 2015. Las desigualdades, notables dentro de las mismas comarcas, llevan a que el 13,5% de Errenteria sea menos malo en el paisaje general del casi 20% de Oarsoaldea: uno de cada cinco habitantes, que son los mismos números que la dinámica catalana pre-sentencia del Estatut.

Dos localidades tan próximas como Hernani y Astigarraga plantearon la misma pregunta a sus vecinos pero estos participaron con cinco puntos de diferencia (24%-19%), mientras que Tolosaldea, que llamó a las urnas con la misma pregunta en los 27 municipios, alcanzó el 31% de participación. Junto al 58% de participación de Larrabetzu, Tolosaldea fue la noticia más alentadora de la noche, incluido el notable 26% de participación de Tolosa, para una dinámica que trata de dar cada paso con la máxima de las cautelas, más tras el pinchazo de los estadios.

Más allá de Gure Esku Dago, Gipuzkoa presenta en las sucesivas encuestas el mayor apoyo al derecho a decidir del conjunto de los territorios. También el mayor apoyo hacia la independencia: en el último Euskobarómetro se situó en el 25% de los ciudadanos de la CAV, mientras en Gipuzkoa se elevó al 30%.

Sus Juntas Generales son un reflejo parcial de estas prospecciones. Las fuerzas partidarias del derecho a decidir (PNV, EH Bildu y de momento Podemos) suman 41 de los 51 junteros. El 80% de los asientos que, en votos en las pasadas elecciones forales, fueron casi el 73% de los votos emitidos. Tres de cada cuatro frente al 56,5% de estas tres formaciones en Araba y el 71% de Bizkaia. La Cámara guipuzcoana tradujo esta aritmética en la resolución que aprobó en respaldo a las consultas de ayer con la mayoría absoluta que componen PNV y EH Bildu y el voto parcial de Podemos.

Dos semanas antes de este debate juntero, más de 1.800 llenaron el cubo gran del Kursaal para escuchar al expresident Artur Mas.

Una mayoría política cualificada en las Juntas, un proceso de consultas más avanzado que en otros territorios y un acto como el de Mas que levantó expectación dibujan un escenario que fue el que el diputado general guipuzcoano, Markel Olano, desarrolló para explicar su visita de la semana pasada a Barcelona, donde fue recibido por el president, Carles Puigdemont: "La Diputación Foral de Gipuzkoa tiene la obligación de atender a lo que le reclama su sociología".

De nuevo, la sociología. Con Eibar, que asomará en mayo, e Irun y Donostia entre ceja y ceja (¿primavera de 2018?), la segunda oleada sirve como reconocieron algunos portavoces para hacer camino. No es poco, y quizá valga para extraer una especie de patrón según el cual los pueblos más pequeños han protagonizado por norma general mejores datos de participación. Para analizar por qué en los 41 minutos de tren que unen Errenteria y Tolosa hay diferencias sociológicas de fondo que parecen pesar más que la causa general. Incluso pese a hablar de un mismo territorio, el que más cree en el derecho a decidir.

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