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El clero guipuzcoano no sale de su asombro

El sentimiento de “dolor y pena” convive estos días con el deseo de “esclarecimiento y justicia” conforme crecen las denuncias por abusos sexuales que salpican al ex vicario general de Gipuzkoa. La Fiscalía ya ha solicitado toda la documentación que obra en manos del Obispado para investigar un escándalo que podría acabar con Mendizabal ante los juzgados.

Un reportaje de Jorge Napal - Sábado, 14 de Enero de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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El exvicario general de Gipuzkoa, Juan Kruz Mendizabal, junto al obispo de Donostia, Munilla.

El exvicario general de Gipuzkoa, Juan Kruz Mendizabal, junto al obispo de Donostia, Munilla.

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  • El exvicario general de Gipuzkoa, Juan Kruz Mendizabal, junto al obispo de Donostia, Munilla.

“Todo esto ha caído como un jarro de agua helada. Me siento muy mal, no me lo puedo quitar de la cabeza” “Nunca lo esperas de nadie, pero menos de un hombre tan conocido. En cualquier caso, si ha sido como lo cuentan, que sea juzgado y condenado sin paliativos” “Lo primero que hay que hacer para sanar toda herida es esclarecer la verdad, y eso no se hace en tres días de sobreexposición mediática. La trasparencia no es sobreexposición” “El sentimiento que me trasladan estos días a pie de calle es de enorme sorpresa y dolor, pero también de sensatez” “Hace tiempo que se debían haber adoptado otras medidas para evitar tanto sufrimiento personal y tanto morbo público” “La institución eclesiástica tiene un problema con la sexualidad, la primera víctima es el clero. La represión acaba expresándose de forma insana, y hace sufrir” “¿Quién no ha tenido relación con ‘Kakux’? Lo raro es un sacerdote de nuestra generación que no le haya conocido. Siento una enorme pena y dolor” “En la Iglesia tenemos un problema muy importante por solucionar, que no hay que ocultar y con el que hay que ser 100% transparentes”

De sacerdote mediático, campechano y alegre, a reo recluido en un monasterio bajo vigilancia, con toda probabilidad, a la espera de rendir cuentas ante la Justicia. Conforme pasan los días, se acrecienta la sensación de desconcierto por las denuncias por abusos sexuales que salpican al ex vicario general de Gipuzkoa, Juan Kruz Mendizabal, Kakux. Se trata de un escándalo sin precedentes en el seno de la Iglesia vasca que está a punto de llegar a la Fiscalía de Gipuzkoa, que ya ha solicitado toda la documentación que obra en manos del Obispado. El clero no sale de su asombro.

Las víctimas habían pedido silencio, pero han comenzado a hablar con todo lujo de detalles, y el dolor de todos se dispara. “Me siento muy mal, no me lo puedo quitar de la cabeza. Nunca lo esperas de nadie, pero menos de un hombre tan conocido. En cualquier caso, si ha sido como lo cuentan, que sea juzgado y condenado sin paliativos”. El párroco de Altza, Javier Hernáez, reconoce que todo esto le ha caído “como un jarro de agua helada”.

El mismo día que recibió la noticia sobre su distinción con una de las medallas al mérito ciudadano de Donostia, saltó otra a la que le sigue costando dar crédito. “Hay gente del barrio que me lo ha comentado, que vaya casualidad. Al fin y al cabo es el contrapunto que demuestra que en la Iglesia hay de todo. Eso sí. El máximo respecto tiene que ir dirigido siempre hacia las víctimas”, sostiene este carismático sacerdote, reconocido por su respaldo a los inmigrantes con problemas sociales.

Desde que a comienzos de semana se abrió la espita, la comunidad eclesiástica vive sumida en el estupor. Los dos primeros casos conocidos, por los cuales la Iglesia ya había condenado eclesiásticamente a Mendizabal el año pasado, ocurrieron en 2001 y 2005. Pero las víctimas decidieron romper su silencio el martes para salir al paso de los rumores de otro supuesto abuso. Querían animar a más afectados, y así es como llegó al día siguiente a oídos del obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, otro relato que al prelado le merece toda credibilidad. “No me lo podía creer. Sentí a alguien jadeando dentro de la tienda mientras se masturbaba con la otra mano”, ha relatado a Berria uno de los afectados, hoy de 36 años, en relación a unos hechos ocurridos hace más de dos décadas en un campamento de Burgui (Navarra).

La Fiscalía ha incoado diligencias y este último caso va a ser trasladado además por el Obispo de San Sebastián al tribunal eclesiástico. El teólogo Joxe Arregi es otro de los que siguen impactados. Dice no interesarle mucho el revuelo mediático, convencido de que la ola expansiva pasará en cuestión de días: “Pero el dolor tan grande de unos y de otros no pasará, y me temo que de eso no nos ocupemos suficientemente”.

Arregi no conoce a las víctimas, pero pide que se les ofrezca la ayuda o las medidas necesarias para su curación. “También me siento muy cerca de Kakux. Profundamente cerca. A él sí le conozco personalmente, claro. Y además está lo que ha significado y significa para la Iglesia guipuzcoana. Y todo lo que ha hecho por ella. Me conmueve, me da infinita pena, imaginarlo en lo más oscuro del abismo. Él y su madre y sus amigos más cercanos. Me pongo en su lugar. Yo no soy mejor que él. Eso leo en el Evangelio de Jesús”, confiesa en declaraciones a este periódico.

Todas las personas consultadas creen que el obispo ha actuado correctamente. Lo dice el párroco de Altza, para quien “los pasos han sido los adecuados”, y lo corrobora Arregi, aunque con matices. “Ha actuado correctamente, seguramente forzado por las circunstancias. Quiero decir obligado por las víctimas, de un lado, y por las estrictas normas recibidas del papa en las pasadas navidades”, opina.

Según el relato de la última víctima conocida, una vez finalizado el campamento del verano de 1994, los monitores se reunieron con los padres de la víctima en su domicilio, donde les informaron de que Mendizabal lo negaba todo. “Era mi palabra contra la suya, porque no había testigos. Se me comentó que si se hacía público traería consecuencias, la prensa y todo eso, y que podría tener influencia en mí. Yo solo lloraba, tenía un gran disgusto”, ha confesado el que por aquel entonces era un chaval de trece años que solo se disponía a pasar unos días en Navarra con un grupo de scouts.

Expresiones “insanas”

Arregi no puede creer que esta serie de casos no fuesen conocidos desde hace años. “Creo que hace mucho tiempo se debían haber adoptado otras medidas para evitar tanto sufrimiento personal y tanto morbo público, mediático. Nos van mucho el Derecho Canónico y el morbo, pero con eso no se soluciona nada”.

El teólogo, que colgó hace más de seis años sus hábitos tras mantener un duro desencuentro con Munilla, entiende que “al Obispado de Donostia y a la institución eclesial en general no le puede bastar con aplicar procedimientos penales y lavarse las manos. Debe preguntarse cuánta responsabilidad tiene ella con la obsesión, la represión y la condenación de la sexualidad que se ha enseñado y que siguen imponiendo como doctrina. Es increíble que sigan tan obsesionados con el tema del género y la homosexualidad. La institución eclesiástica tiene un enorme problema con la sexualidad, y la primera víctima es el clero, y eso tiene mucho que ver con las dimensiones de la pederastia dentro de las instituciones religiosas. Todo lo que se reprime acaba expresándose de forma insana, y hace sufrir”, dice gráficamente.

El sacerdote Joserra Treviño también siente “dolor y pena personal por lo que ha pasado, “poniendo el acento en las víctimas, en aquellos menores, y expresando la máxima solidaridad a las familias”. El que fuera delegado episcopal de Cáritas en Gipuzkoa también es partidario de “abrir una puerta y ofrecer rehabilitación personal” al ex vicario general de Gipuzkoa, que también fue párroco en Bergara y Antzuola. “¿Quién no ha tenido relación con Kakux? Lo raro es un sacerdote de nuestra generación que no le haya conocido. Siento una enorme pena y dolor. Como dice el papa, tenemos en la Iglesia un problema por solucionar, que no hay que ocultar, y hay que ser 100% transparentes”.

Félix Azurmendi, párroco de Azkoitia y ex vicario general en la época de monseñor Uriarte, cree que “los hechos ocurridos son graves”, pero solicita cierta calma para que la investigación siga su curso. “Lo primero que hay que hacer para sanar toda herida es esclarecer la verdad, y eso no se hace en tres días de sobreexposición mediática. La transparencia no es sobreexposición”, precisa. Antes de ofrecer una reflexión sobre lo ocurrido, dice que “lo primero es sentir, y el sentimiento que me trasladan estos días a pie de calle es de enorme sorpresa y dolor, pero también de sensatez, de no sacar las cosas fuera de contexto”.

Para Arregi “no será suficiente” con que la Justicia esclarezca estos casos. “Mientras no haya actitudes de humanidad, de comprensión, de delicada proximidad sanadora, no curaremos las heridas de unos y de otros, empezando por las de las propias víctimas”. Cree que la difusión mediática puede servir de prevención, pero eso no contribuirá a curar sus víctimas. “Tenemos demasiado arraigados en nosotros los mecanismos de la culpabilización y de la venganza, del castigo y de la expiación penal, como si con eso se resolviera algo. Y la Iglesia católica ha contribuido como la que más a difundir, legitimar y enraizar esos mecanismos. Humanidad, más humanidad es lo que hace falta. Y es lo mismo que decir Evangelio”.

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