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“Dignos representantes de la ciudad”

La asociación Aspanogi, el club deportivo Kemen, la centenaria Gimnástica de Ulia, el párroco de Altza Javier Hernáez y nueve niñas que hace 35 años reivindicaron ser tamborreras serán reconocidos este año con las Medallas al Mérito Ciudadano.

Un reportaje de Arantzazu Zabaleta - Martes, 10 de Enero de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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Miembros de Kemen, felices por la distinción.

Miembros de Kemen, felices por la distinción. (Ruben Plaza)

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"Por algo será. Es lo que les he dicho a todos al llamarles para comunicarles que recibirán la Medalla al Mérito Ciudadano", afirmó ayer el alcalde, Eneko Goia. Fue él el encargado de telefonear a las cinco personas y asociaciones para comunicarles que el próximo 19 de enero, en el primer acto oficial del Día de San Sebastián, recibirán esta distinción, que reconoce el "servicio extraordinario" que, en ámbitos muy diversos, cada uno de ellos presta a la ciudad: la asociación de padres de niños oncológicos de Gipuzkoa Aspanogi, el club deportivo de personas con discapacidad Kemen, la centenaria sociedad Gimnástica de Ulia, el párroco de Altza y Larratxo Javier Hernáez y nueve exalumnas de la ikastola Jakintza que en 1982 lograron que cambiara el reglamento para que las niñas también pudieran tocar el tambor en el Tamborrada Infantil. "Son muy dignos representantes de lo que es la ciudad", apuntó Goia.

ASPANOGI Bizipoza

Ganas de vivir

“No creo que lo que hacemos tenga tanto mérito, hacemos nuestro trabajo. A algunas familias nos ha tocado esa lotería que es el cáncer y nuestro trabajo es ayudar a las demás familias a las que les toca”, contaba ayer, aún sin creérselo del todo, Bittor Andonegi, presidente de Aspanogi. Lo cierto es que llevan más de 20 años ayudando a las familias de niños con cáncer en toda Gipuzkoa, siempre desde una “perspectiva positiva”, porque hace falta “toda la energía” para luchar contra la enfermedad. “Nuestra palabra es bizipoza, porque en el cáncer tiene que haber vida, ganas de vivir, y también risas e ilusión”, cuenta Andonegi, que al mismo tiempo reconoce que también es muchísima la energía que reciben de los propios niños y niñas.

Aspanogi surgió en 1996 aunque en realidad empezaron a trabajar de forma más organizada dos años después y preparan para 2018 su vigésimo aniversario. Desde entonces y desde su trabajo en el Hospital Donostia se acercan a las familias en las que se diagnostica cáncer a algún niño. Y lo que sí han percibido en los últimos años es que la asociación es cada vez más conocida y que cada vez son más también los particulares que les llaman con propuestas y proyectos para ayudar a Aspanogi. “Cada vez hay más gente dispuesta a ayudar”, reconoce Andonegi. Añade que recoger la medalla les hace una “enorme ilusión” y que, al mismo tiempo, les llena de energía para seguir trabajando.

GIMNÁSTICA DE ULIA Un siglo de vida

La carrera más veterana

“La llamada del alcalde ha sido un subidón. Llevo toda la mañana llamando a los socios y estamos encantados”, reconocía ayer Alberto Cifuentes, presidente de la Gimnástica de Ulia que, precisamente este mes de enero cumple un siglo de vida. Tras la 87ª edición del Cross de Reyes (la carrera más veterana) celebrada el pasado domingo, la sociedad prepara un acto especial para el próximo domingo para celebrar su centenario y con la Medalla al Mérito Ciudadano las celebraciones se prolongarán una semana más.

Cifuentes recuerda que la trayectoria de estos 100 años no ha sido fácil para la sociedad y que si se ha llegado hasta aquí ha sido porque los socios “se han volcado” todos estos años. Entre sus 200 socios actuales hay muchos veteranos, pero también gente joven que se ha subido al carro. Durante este tiempo, además, han tenido que ir adaptándose a los cambios producidos en la sociedad y, además de incorporar el cross popular, la presencia de cada vez más mujeres en los últimos años es símbolo de esa evolución y de que la Gimnástica ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos.

Cifuentes, que valora el mérito que tenían otros particulares y asociaciones propuestos para esta distinción, insiste en que la medalla es para todos los que han pasado por la Gimnástica durante estos 100 años. “Sobre todo los socios más antiguos están con una alegría inmensa”.

KEMEN Deporte adaptado

“Es una forma de vivir”

“Estamos súper contentos”, resumía también ayer Fernando Michelena, presidente del club deportivo de personas con discapacidad Kemen. Llevan 22 años trabajando para fomentar el deporte entre personas con algún tipo de discapacidad y además de 120 socios, cuentan con la ayuda de 200 voluntarios.

La medalla es un reconocimiento al trabajo de estos años, pero también un aliciente para seguir trabajando. “Las cosas sí han cambiado mucho en estos años, antes si una persona con una discapacidad decía que iba a hacer deporte le miraban como si estuviera loco y le decían que bastante tenía ya con lo suyo, que dónde iba. Ahora la situación está bastante normalizada y es muy raro que haya una carrera que no cuente con una opción para estas personas”, cuenta el presidente de Kemen.

Echando la mirada atrás, recuerda que antes incluso solían tener problemas con los organizadores de algunas pruebas o competiciones para poder disputarlas y eso casi ha desaparecido, aunque insiste en que sigue quedando mucho trabajo por hacer.

Para los socios de Kemen el deporte, además de ocio, “es una manera de vivir y también una forma de integración en la sociedad”. Además, entre todos los socios hay algunos “que despuntan” y llegan a profesionalizarse en sus distintas disciplinas (monte, esquí, atletismo o natación, entre otras).

JAVIER HERNÁEZ Altza y Larratxo

“Hay cosas que no se quieren ver”

“Me abruma, no haces esto para recibir un reconocimiento. Me he llevado una sorpresa, hay mucha gente que se lo merece”, contaba, por su parte, Javier Hernáez, párroco de Altza que lleva 33 años trabajando con las personas y colectivos más desfavorecidos del barrio. Precisamente, fueron grupos de Altza los que propusieron su nombre para el galardón y Hernáez insiste en que son muchas las personas que trabajan con él en el barrio.

En todo este tiempo la situación ha mejorado sustancialmente y echando la vista atrás Hernáez recuerda que en la época en que llegó a Larratxo se organizaban patrullas ciudadanas por la noche por el alto índice de consumo de drogas y robos que había en la zona a principios de los 80: “Como sacerdote tuve que oficiar muchos funerales de gente muy joven”.

La situación ha cambiado, pero Hernáez recuerda que Altza sigue siendo el barrio con más paro de Donostia y “hay muchas cosas que no se ven, mucha gente que trabaja y aún así no llega a fin de mes, lo que hace que el trabajo ya no dignifique; hay abuelos con pensiones muy ajustadas que tienen que sostener a sus familias”. Para el párroco, la medalla es una oportunidad para visibilizar toda esa realidad, que sigue estando ahí, “aunque a veces no se quiere ver”.

ALUMNAS DE JAKINTZA Visita al CAT

Tamborreras

“Nosotras solo queríamos salir tocando el tambor y no nos dejaban, el reglamento era muy estricto”. Leire Ozkaritz es una de las nueve alumnas de la ikastola Jakintza que en 1982, cuando cursaba quinto curso de EGB, acudió con solo diez años al CAT (Centro de Atracción y Turismo) para reivindicar su derecho a participar como tamborrera en la Tamborrada Infantil. “Nos miraron sorprendidos al entrar en las oficinas, éramos solo un grupo de niñas de diez años”.

Ozkaritz recuerda que por aquel entonces sí había algunas niñas que desfilaban con el tambor en otras compañías a pesar del reglamento, que solo las contemplaba como cantineras. Su visita al CAT fue el detonante para que se cambiara la normativa y en 1983 se permitió oficialmente que las niñas desfilaran con tambores y barriles. “Pero para entonces nosotras estábamos en sexto y no pudimos desfilar”, cuenta, y recuerda cómo acudieron a ver el desfile, “con pena más que con envidia” por no poder salir ellas, “pero también con ilusión”.

Ozkaritz y el resto de alumnas de su clase de Jakintza (Sara Iturrioz, Ana Zirikiain, Idoia Amas, Nora Lizartza, Ainitze Blanco, Miren Sorne Uranga, Ainitze Errasti y Josune Izagirre) han contado esta historia mil veces a sus amigos: “Cada una la recuerda de forma diferente, ¡solo teníamos diez años!”. Pero todas se sorprendieron al saber que alguien a quien no conocían las había propuesto para recibir la medalla. “Hemos sabido que fue Xabier Otaegi, que también trabajó para que las mujeres desfilaran en la tamborrada de Kresala, al que ni siquiera conocemos”, explica Ozkaritz, y apunta que este reconocimiento les ha servido para volver a ponerse en contacto: “Todavía estamos un poco alucinadas”.

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