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Eneko Goia alcalde de donostia

“Hay que tomar decisiones para limitar los hostales y apartamentos, empezando por la Parte Vieja ”

El alcalde de Donostia de Donostia, Eneko Goia (PNV), se enfrenta a un nuevo año en principio más cómodo, sin la capitalidad, aunque con retos también difíciles como las obras de la pasante del metro, del estadio de Anoeta o del entorno del Urumea.

Una entrevista de Carolina Alonso Fotografía Gorka Estrada - Domingo, 8 de Enero de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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Eneko Goia

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donostia -¿Cuáles son su deseos para Donostia en este 2017?

-Que los ciudadanos puedan vivir bien, con calidad de vida, que la ciudad genere la prosperidad necesaria para ello y que seamos capaces de repartir justamente.

¿Cuál va a ser su principal empeño en este año, qué le va a dar más trabajo?

-Varios proyectos van a exigir dedicación. El estadio de Anoeta, que está en punto de lanzamiento inminente y todo lo relacionado con el Urumea, que está patas arriba. Habrá que seguir peleando para que avance tanto el encauzamiento como las viviendas. Aparecerán problemás por el camino, seguro.

¿Confía en que las obras de Anoeta puedan empezar este año, como se prevé, y que no surjan impedimentos?

-Confiamos en que los pasos que hemos dado son firmes y no deberían tener incidencias. Creo que tenemos el tema suficientemente trabajado para que se convierta en realidad.

¿El transporte, con el TAV y la pasante del metro, también es preferente?

-Son una apuesta importante para la ciudad desde todo punto de vista: una revolución urbana y una apuesta por la sostenibilidad.

¿Cree que se va a poder ver alguna obra de la pasante del metro este año?

-Yo desearía que así fuera y por eso nos hemos reunido hace poco con la nueva consejera Arantxa Tapia. El horizonte con el que trabajamos es que el inicio se produzca este año.

Hay muchos donostiarras y guipuzcoanos que creen que la obra del metro no es necesaria e incluso no creen que se vaya a ejecutar. ¿Qué percibe al respecto?

-Cuanto más se conoce el proyecto y cuanto más se ve la oportunidad que representa, más se cree en él. Hay lugares concretos en los que ya se puede constantar la potencia que supone. El obrón que se hizo entre Loiola y Herrera, por ejemplo, con la estación de Intxaurrondo en medio, es un ejemplo clarísimo de lo previsto, así como la estación de Altza. A veces parece que tenemos cierta dificultad para visualizar en el Centro o en El Antiguo algo que nadie pone en cuestión en Intxaurrondo o Altza. Cuanto más conozco el proyecto, más veo las posibilidades que puede dar y más convencido estoy. Comprendo a la gente que puede tener miedos, pero se han hecho las mismas cosas en muchos otros sitios. Por debajo de las casas ya pasa en Intxaurrondo, en Aiete, en Altza, en Bilbao... Ya se ha avanzado técnicamente lo suficiente.

Quizás se considera que el proyecto es demasiado grande para Donostia.

-Haciendo autocrítica como donostiarra, solemos tener una tendencia a mirarnos hacia el interior y parece difícil tener una perspectiva más amplia. Y lo que se está planteando no es para ir a la playa desde la avenida de Madrid. Es para una escala superior, que va de Irun a Zumaia, con dos tramos que son dos piezas más de un conjunto. Tenemos que ver las cosas desde esa perspectiva, que es cuando tiene sentido.

Ha anunciado que pedirá al nuevo consejero de Medio Ambiente, el socialista Iñaki Arriola, que siga los compromisos de su predecesora, Ana Oregi, para seguir con la segunda fase del encauzamiento del Urumea en Martutene. ¿Acaso teme que no sea así?

-Cuando hay nuevo gobierno siempre hay que ir con la carpeta debajo del brazo y recordar a los responsables lo que es necesario para la ciudad. De todas formas, nos hemos gastado mucho dinero en adquirir los terrenos para seguir con el encauzamiento y lo lógico es que tenga una continuidad. Lo más importante está ejecutado y la segunda parte es menor.

Parece que el Gobierno municipal trabaja bastante cómodo entre su mayoría absoluta y una oposición no muy beligerante.

-Una mayoría absoluta facilita algunas cosas pero siempre exige esfuerzos. Las mayorías absolutas son malas si son monocolores, pero aquí se hizo un esfuerzo para tener 16 concejales de 27 y tuvimos que dejarnos pelos en la gatera. Se genera una convivencia con momentos buenos, manos y regulares; se liman las diferencias y de eso se trata. Le hacía falta a esta ciudad después de la etapa anterior. Todos echábamos de menos tener una base mínima para tomar decisiones. Hace poco aprobamos los presupuestos y ya se había hecho antes un esfuerzo de concertación. El PP mostró una actitud muy abierta y constructiva. EH Bildu e Irabazi hicieron lo que está escrito en el guión, con sus enmiendas a la totalidad, y después también tuvieron una actitud abierta.

¿Van a cambiar algo en los Plenos tras la trifulca de la última sesión ordinaria, cuando se interrumpió la sesión y se detuvo a un manifestante antiincineradora para identificarlo?

-Me gustaría que quedara en un incidente aislado. El Pleno del Ayuntamiento de San Sebastián es el órgano máximo del Consistorio y merece un respeto, que no se produjo. Lo tengo que exigir y, si no queda más remedio, lo tengo que garantizar. Hay que aceptar la crítica y la libertad de expresión pero sin llegar al extremo de impedir el funcionamiento del máximo órgano de la ciudad.

Parece que ha empezado un nuevo intercambio de cartas amables con el Gobierno central. ¿Cree que dará fruto en cuestiones como la cárcel de Zubieta o la cesión de los cuarteles de Loiola?

-Hay que hacer lo que hay que hacer. Primero, cuando entra un nuevo Gobierno en España. aunque sea de nuevo del PP, hay que decir lo que se quiere. Y hay que estar preparado por si alguna de las cosas que quieres pueden prosperar. Ahora están en el tablero. No se nos ha mostrado una posición cerrada, pero bueno... tampoco para echar cohetes. Vamos a aprovechar toda ocasión en un momento en el que el Gobierno de España tiene también tiene su debilidad. Quizás se junten los astros y las cosas puedan surgir.

También depende del Gobierno central que se pueda celebrar la consulta sobre los toros, que se había previsto para el 19 de febrero y que está ahora en el aire.

-Parece que va a ser difícil que se produzca en febrero.

Y si no se celebra en febrero, y a causa de los plazos necesarios, ¿es posible que vuelva a haber toros este verano?

-Mi posición, que no voy a cambiar, es que mientras no se adopte otra decisión este Ayuntamiento debe actuar dentro del marco legal. Queremos conocer la opinión de los ciudadanos para tomar una decisión, pero mientras no la conozcamos actuaremos dentro del marco legal existente. Y veremos. Si se demora mucho la respuesta y no podemos hacer la consulta, seguirá existiendo la situación actual.

¿Es normal que los responsables del Ayuntamiento no estuvieran al tanto de la presencia de amianto en terrenos de la zona exterior del futuro polideportivo de Altza y que ese material se descubriese cuando ya estaba en fase de concurso la obra? ¿No hay culpables de esta situación?

-Lo sucedido sí pone de manifiesto, no tanto la responsabilidad de alguien, sino las deficiencias de funcionamiento que como estructura el Ayuntamiento puede tener. En la organización ha habido algo que no funciona correctamente, lo que pone de manifesto que hay que abordar el funcionamiento de la institución. La situación ha generado perjuicios sobre todo para los usuarios del polideportivo de Altza porque no van a poder contar con una infraestructura durante más tiempo del previsto.

La Federación Mercantil ha recurrido a los tribunales contra la ampliación de Garbera. ¿Cree que está justificado?

-Respeto su decisión, pero sí creo que como responsables de este municipio es nuestra obligación ser muy conscientes de cuál es el entorno en el que vivimos. Se puede defender una posición pero afecta la realidad que nos rodea. El alcalde de Vitoria, José Ángel Cuerda, se negaba en redondo a la implantación de un centro comercial en la ciudad y se implantó en el municipio de al lado. El debate sobre si las grandes superficies son compatibles con el pequeño comercio puede ser apasionante y que estos centros puedan tener incidencia en las tiendas no lo puedo negar, pero no lo podemos abordar desde nuestra soledad. Si no está en Donostia lo tendrán en Baiona, Irun o Usurbil y hay que competir.

¿Cree que los adjudicatarios de la venta de Illunbe van a aportar finalmente los ingresos previstos en el año del que disponen para hacerlo?

-Sí creo porque, de lo contrario, tendrían unas pérdidas importantes. La transformación de este espacio en centro comercial se sabía desde el principio. Bildu también lo puso a la venta en las mismas condiciones que nosotros, aunque no consiguió hacerlo. Como institución, hemos enterrado 24 millones de euros y es nuestra obligación resarcirnos.

Pronto se celebrará la fiesta de San Sebastián y vuelve a aumentar el número de tamborradas. ¿No tiene fin esta suma?

-Pues a mí me da mucha alegría que siga creciendo la fiesta. Si hay una cosa que da gusto es percibir que una fiesta se siente y que aparezcan nuevas tamborradas significa que gusta. El esquema será el mismo de siempre solo hace falta que haga buen tiempo.

¿Tomarán decisiones sobre los apartamentos turísticos?

-Me agrada que haya turismo. En este momento estamos bien y con buenas perspectivas, pero hay una serie de riesgos. Hay decisiones que hay que tomar y estamos a tiempo, por eso la reflexión que está haciendo la Sociedad de Turismo es muy oportuna. Estamos en un sistema de libre mercado y hay limitaciones urbanísticas. Estamos haciendo un análisis que deja claro que hay una gran concentración de turismo en la Parte Vieja, el Centro y Gros. Creo que hay que tomar decisiones de limitación, empezando por la Parte Vieja, no solo respecto a los apartamentos sino también en la actividad hotelera. Lo contrario es ir a un escenario no deseable. En el centro, también hay algunas decisiones que adoptar. Gros no es igual todo él. Que existan apartamentos no es malo per se, siempre que se garantice la calidad de vida y el equilibrio de las zonas. Lo estamos estudiando. Ahora las normas son claras, solo se pueden implantar en primeras plantas. Pero nos encontramos con que no siempre es así, aunque a veces hay intercambios entre particulares, no está claro si es negocio o economía colaborativa...

Los hoteles empiezan a crecer como champiñones. ¿Habría que limitarlos también aunque no molesten a los vecinos?

-No tanto, pero es una cuestión que hay que valorar porque la concentración por zonas genera un tipo de vida y hay que tratar de mantener un equilibrio. Pero el punto de arranque es distinto. El Antiguo, por ejemplo, ha tenido siempre muchos hoteles aunque no hay tanto turismo de calle y no ha habido molestias.

¿Es tan problemático hacer una paso accesible para minusválidos en el Peine del Viento?

-Hay un problema. Conceptualmente creemos que son los tres elementos metálicos y no es correcto porque es un conjunto arquitectónico que incluye la obra de Peña Ganchuegui y a veces no se valora lo suficiente. Que haya que hacerlo más accesible, sí, pero de forma respetuosa. Quizás con algún elemento no fijo. No echar hormigón o lijando el suelo, como he escuchado por ahí.

¿Qué puede pasar con Chillida Leku?

-Me apenó mucho que se malograra la solución que se diseñó. Aunque está fuera del término municipal donostiarra, sería muy bueno para nosotros que estuviera abierto.

Ha trasladado su residencia desde el municipio de Aia al barrio donostiarra de Aiete, ¿ha mejorado su vida?

-En la logística ha mejorado, aunque no ha cambiado mucho porque yo siempre he hecho vida en Donosti. Lo bueno es que ahora puedo venir a trabajar en autobús y eso está muy bien. La familia lo lleva bien y estoy contento porque mi mayor miedo era el cambio de centro escolar para los hijos. Pero la verdad es que estamos muy contentos.

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