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Estibaliz de Miguel Calvo Doctora en Sociología, trabajadora y educadora social

“En la prisión las mujeres son una incómoda excepción”

Después de muchos años haciendo trabajo social en las cárceles, Estibaliz de Miguel ha analizado las ‘Relaciones amorosas de las mujeres encarceladas’

Una entrevista de Beatriz Sotillo Fotografía Jose Mari Martínez - Domingo, 28 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:14h

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Estibaliz de Miguel Calvo

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donostia- Primero fue un intenso trabajo de campo -con entrevistas en profundidad a 49 mujeres encarceladas- y académico, después una tesis doctoral y ahora un libro que obtuvo el premio Micaela Portilla Vitoria de la UPV/EHU. En Relaciones amorosas de las mujeres encarceladas, Estibaliz de Miguel (Barakaldo, 1974) aborda las especificidades de la vida en prisión de las mujeres -que suponen el 7,8% de la población reclusa en el Estado español- y analiza más en profundidad un aspecto poco tratado: la importancia del amor de pareja y maternal para ellas.

En su libro se ponen en evidencia muchas situaciones de discriminación y desigualdad de las mujeres presas, ¿cree que tras esta denuncia podría cambiar algo?

-Eso espero. El hecho de que se haya publicado el libro y la gente lo lea, que lo encuentre interesante, ya cambia las cosas. Hay gente que me dice que le está cambiando la mirada. Además, está surgiendo cierto interés, tanto académico como social, por estos temas y ahí es interesante poder ofrecer una perspectiva de género.

Insiste mucho en que el ámbito penitenciario, como la sociedad en general, es androcéntrico y no tiene en cuenta a las mujeres.

-Las mujeres encuentran muchas dificultades muy concretas en el día a día, tanto dentro de la prisión como fuera. Por ejemplo, en todo el sistema penitenciario español, y también en Euskadi, las mujeres están en cárceles que se llaman mixtas pero que en realidad son cárceles de hombres donde hay un anexo para mujeres. De hecho, la parte de hombres se llama la general y las mujeres no tienen acceso a muchas actividades.

¿A qué no pueden acceder?

-La cocina, que es un destino de trabajo penitenciario, está en la parte de hombres, de forma que ellas no tienen acceso a ese trabajo. La biblioteca también está en la parte de hombres, así que las mujeres no tienen acceso directo, deben pedir los libros y tardan más en tenerlos. El gimnasio, ellas tienen un espacio, pero con menos equipamiento y los monitores deben repartir su tiempo.

¿Qué objetivos se propuso al analizar las relaciones amorosas de las mujeres en prisión?

-En lo inmediato, busco introducir una perspectiva de género en el abordaje de la situación de las mujeres presas, promover que el tratamiento penitenciario atienda sus necesidades, que no son las mismas que las de los hombres. Pero mi verdadera apuesta consiste en que se abra un proceso de despenalización general, pero sobre todo de las personas más desfavorecidas y las que reciben un castigo más desproporcionado, que son las mujeres. Que se articulen medidas para que ellas no tengan que entrar en la cárcel, para un cumplimiento alternativo, para ir hacia una Justicia restaurativa.

¿Ha observado muchas diferencias en la situación de hombres y mujeres dentro de la cárcel?

-En el interior de la prisión ellas son una incómoda excepción, a menudo la pregunta es ¿qué hacemos con ellas? Todavía existe el debate de en qué medida tienen que participar en actividades mixtas, porque cuando existe la posibilidad de que entren en contacto con los hombres está esa cosa de si se enrollan o no se enrollan, o de que nos alborotan el gallinero. El planteamiento actual del sistema penitenciario es cómo va a afectar la inclusión de las mujeres a la organización establecida, que es androcéntrica, y lo que exigimos es que se le dé un abordaje específico.

¿Se puede decir que hay machismo en el ámbito penitenciario?

-Es algo polémico, pero el tratamiento penitenciario también está atravesado por sesgos de genero. Hay una visión estereotipada de las mujeres presas. Ellas reciben un mayor castigo moral... eso de que son malas mujeres, malas madres, unas viciosas, unas dependientes emocionales de sus parejas. Se las estigmatiza y esa es la principal crítica que yo hago en el libro. Debemos hacer una aproximación más comprensiva y con elementos de género para romper esa dicotomía entre mujeres buenas y malas. A partir de ahí, podemos entender muchas cosas que les ocurren a las mujeres presas que, por lo general, tienen unas circunstancias de partida mucho más desfavorecidas.

Pero están en la cárcel por haber cometido delitos.

-Un 42% de las mujeres encarceladas en el Estado español lo está por delitos contra la salud pública y muchos delitos corresponden a mujeres consumidoras de drogas con un patrón de exclusión social. Esto supone que más de la mitad de las mujeres encarceladas lo está de alguna manera por su relación con las drogas, tanto por el transporte como por el uso. Se evidencia que tenemos un problema de hipocresía social porque hay gente que consume de una manera que no está criminalizada y para satisfacer esa demanda los países del norte tienen que nutrirse de países en vías de desarrollo. Y ante esto, ¿qué hacemos?, pues no estamos encarcelando a los cárteles ni a quienes manejan las redes de tráfico, sino a los eslabones más desfavorecidos de la sociedad y esa es la razón por la que hay muchas mujeres extranjeras en las cárceles. Yo suelo decir que la cárcel nos pone un espejo delante y refleja las miserias de nuestra sociedad, nuestras propias contradicciones.

¿A la hora de revisar el modelo penitenciario hay que mirar hacia algún país en concreto?

-El Estado español vive la paradoja de ser el estado con una de las menores tasas de criminalidad y donde, sin embargo, la ratio de personas presas por habitante es mayor. Eso quiere decir que el encarcelamiento no depende primordialmente de la delincuencia, sino de cómo se aborde y cómo se castigue el delito y aquí el castigo es muy elevado. Sería bueno fijarse en modelos penales al estilo nórdico, también en el modelo canadiense que tiene muy desarrollado el tema de la Justicia restaurativa.

las claves

“En lo inmediato busco introducir una perspectiva de género en el abordaje de la situación de las presas”

“Yo suelo decir que la cárcel nos pone un espejo delante y refleja las miserias de nuestra sociedad”

“Las mujeres presas reciben un mayor castigo moral que los hombres, son juzgadas y estigmatizadas”

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