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Patxi Irurzun: “El surrealismo es el nuevo realismo”

fernado F. Garayoa - Miércoles, 17 de Junio de 2015 - Actualizado a las 06:25h

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2 Fernando F. Garayoa
Donostia - El escritor navarro y columnista de la revista ON, Patxi Irurzun, presentará mañana en la Fnac de Donostia (19.00 horas) su nueva novela, Pan Duro(Pamiela), con la que ha dejado a un lado su humor más adulto para contar una historia que bebe del realismo mágico, radicada en el cuasi imaginario pueblo de Zarraluki, un montañoso lugar que cuenta con faro y equipo de remeros.
Al calor blanco del filme Amanece que no es poco, de José Luis Cuerda, Irurzun configura las desventuras de Puravida, una quinceañera que hace honor a su nombre, y de su padre, vendedor ambulante de los más extraordinarios enseres, como las archifamosas sandalias con capota para los días de lluvia. A esta pareja se le suma la relación entre el panadero y la profesora de Zarraluki, eje sobre el que gira la vida de este pueblo habitado por jóvenes de 113 años como Oihan.
Los ingredientes y la salsa Patxi Irurzun recuerda el refrán "Cuando hay buen unte, no hay pan duro", una excusa perfecta para desgranar los entresijos y las claves de su libro cual si fueran ingredientes y salsa del mismo. "Esta novela se ha amasado con diferentes ingredientes, con diferentes ideas, casualidades, que yo he ido echando en la bolsa del pan duro durante algún tiempo. Una de ellas, la que me llevó a escribir el libro, surgió durante una temporada en la que estuve viviendo en un pueblecito del Goierri, aprendiendo euskera. Había un bar rockero que tenía un inconveniente: cuando el dueño se enfadaba con su novia, lo cerraba y nunca sabías cuando lo iba a volver a abrir, o si la pareja se iba a reconciliar". Bajo esa premisa inicial, Irurzun escribió un cuento, titulado El pan nuestro de cada día, que se desarrollaba en un pueblo llamado Zarraluki, "en el que había un panadero que cuando se enfadaba con su novia, no hacía pan, por lo que todos los habitantes dependían de su relación amorosa".
Como el cuento gustó bastante, incluso se tradujo al italiano, Irurzun decidió convertirlo en novela, "entre otras cosas porque en él había conseguido crear un territorio mítico, un espacio imaginario", cuestión inherente a la literatura del autor navarro, creador ya de lugares como Ciudad Retrete o Jamerdana. Solo que en esta ocasión la dificultad era doble, ya que Irurzun, cosmopolita donde los haya, se sumergió en una realidad que desconocía absolutamente: la rural.
"Siempre había tenido la idea de escribir alguna novela ambientada en un pueblo, y de hecho lo había intentado, pero sin éxito, probablemente porque en realidad, desconozco ese mundo. Pero creo que, precisamente, esa ignorancia es lo que me atraía, la que me podía permitir imaginar por completo ese pueblo, partiendo de cero, y así fundar ese territorio mítico y mágico en el que cualquier cosa fuera posible, por ejemplo, que las vacas llevaran herraduras con plataforma, a lo drag queen, o que, a pesar de que en este caso fuera un pueblo de montaña, contara con equipo de remeros".
El territorio de lo absurdo Bañado en surrealismo mágico, para Irurzun, "Pan duro transcurre en ese territorio de lo absurdo, lo fantasioso, lo surrealista... Y esa era también otra de las pretensiones, de los ingredientes del libro, crear un lugar en el que lo extraordinario, lo absurdo, lo diferente se viviera y se contase con absoluta normalidad o naturalidad. A la manera en la que lo hace el realismo mágico o películas como Amanece que no es poco. Y es que el estilo de la novela va un poco por ahí, es quizá una mezcla de ambas referencias, un estilo poético y, a la vez, divertido. Yo quería escribir una novela bonita y divertida a la vez".
Un jumelage fundacional al que Irurzun fue, poco a poco, "añadiendo otras pizquitas, otras historias que yo iba conociendo, como, por ejemplo, la de la Torre Iznaga, sita en Trinidad, Cuba; una torre vigía en un ingenio azucarero que, según cuenta la leyenda, fue levantada por el hijo de un terrateniente para impresionar a una joven de la que estaba enamorada, pero de la que también estaba enamorado su hermano, el cuál, para competir con él, perforó un pozo de la misma longitud... Pues bien, en Zarraluki también hay un faro y un pozo hermanados con esta historia". Y así fue sumando la prolífica imaginación de Irurzun, "ideas u obsesiones, más o menos locas, sobre las que siempre había querido escribir...".
En ese sentido, confrontando la realidad que nos toca vivir con esta literatura de lo absurdo, a Irurzun no le queda otra que claudicar... "Ha llegado un momento en el que el surrealismo es el nuevo realismo, casi naturalismo. Yo solía recopilar noticias curiosas que luego pasaba por la túrmix del esperpento de la literatura, pero es que ahora la realidad es de por sí surrealista, es algo contra lo que no puedes competir... Ahí están los ejemplos recientes de una consejera de cultura que en 19 líneas comete más de 30 faltas de ortografía o unos adolescentes que pasean lechugas en China".
"Pan duro habla también de eso, de la diferencia, del derecho a ser diferente... En este pueblo lo que sucede es que todos son diferentes, todos son raros, y lo que le pasa a Oihan, un personaje que quiere huir de Zarraluki, es que quiere ser normal, buscar su propio camino y su libertad". Otro tema es la muerte, que planea sobre un pueblo "en el que no están muy claros los límites entre realidad e imaginación, entre el sueño y la vigilia... y también entre la vida y la muerte". "Los personajes se mueven en medio de esa niebla, de esa bruma algo indefinida que no se llega nunca a disipar", apunta Irurzun, para, rápidamente, cambiar de tercio al que, posiblemente, sea el tema principal de la novela... y de la vida: el amor. "La historia de amor entre el panadero y la maestra es la que determina la vida de todo el pueblo. Ambos la viven de una manera un tanto traumática porque está siempre en el punto de mira de todos los habitantes, que acaban condicionándola.
Pan duro, en palabras de su autor, es una novela para todos los públicos, "para jóvenes de todas las edades... Una novela divertida, tierna, a pesar del título, y poética también... Una novela con mucho unte".

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