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Ángel Pérez Gómez

“El modelo educativo es aún el del XIX porque el sistema lo quiere así, pero el docente debe intentar cambiarlo”

El fracaso escolar, la falta de pensamiento crítico y la indisciplina afean el actual escenario educativo. ¿Por qué y cómo atajarlos? Ángel Pérez dio ayer las claves en Gasteiz.

Jaione Sanz José Ramón Gómez - Jueves, 12 de Marzo de 2015 - Actualizado a las 06:08h

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Ángel Pérez Gómez

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doctor en pedagogía y catedrático de la universidad de málaga

vitoria - Doce libros, más de cien artículos y quién sabe ya cuantas charlas evidencian el espíritu renovador del vallisoletano Ángel Pérez Gómez, profesor, doctor en Pedagogía y catedrático de Didáctica de la Universidad de Málaga. Un profesional dispuesto a plantar cara a la obsolescencia del sistema educativo, sometido a cambios que maquillan las formas pero no los fondos, para implantar procesos de aprendizaje que no queden en la mera reproducción de conocimientos. Va donde su movimiento revolucionario le arrastra, y ayer le tocó Vitoria gracias a la invitación de las XXII Jornadas Pedagógicas de la Federación de Ikastolas. Siempre recuerda que el éxito de esa misión dependerá de los propios docentes. Un mensaje espoleador para un gremio que se siente, porque lo está, infravalorado.

Los sistemas educativos han sufrido continuas reformas y todas insatisfacen. ¿En qué fallan?

- La mayoría de los cambios son cambios cosméticos, que modifican elementos superficiales pero que no entran en el eje central. Y el eje central son los procesos de enseñanza-aprendizaje: qué y cómo. Qué aprender y cómo aprender. Y si no se entra en modificar el qué y el cómo, no se modifican las prácticas, cuando el qué y el cómo son la clave. Porque el niño, en esta era digital, es capaz de aprender qué y aprender de una manera determinada fuera de la escuela, porque tiene múltiples estímulos y múltiples posibilidades. Entonces, ¿qué hacemos en la escuela?, ¿por qué no cambiamos? El niño tiene que aprender y el cómo tiene que aprender no tiene nada que ver con el siglo XVIII o XIX. Y, sin embargo, lo que nosotros enseñamos en la escuela hoy es lo mismo y de la misma manera que se estableció en los siglos XVIII y XIX.

¿Y por qué no se cambia el qué y el cómo, si ahí está la clave?

- Primero, porque todos los docentes hemos sido formados en esa tradición. No sabemos hacer otra cosa y reciclarnos para hacer otra cosa significa un esfuerzo profesional enorme. Segundo, por razones políticas. Todos los sistemas educativos que los políticos han diseñado son de esas épocas y ahora reciclarse y modificarlos exige una voluntad que no existe. Además, en muchos sistemas no interesa formar la capacidad de pensar, sino de reproducir. Y si hay un sistema económico y político que defiende modos irracionales de producir y de distribuir que genera grandes diferencias entre ricos y pobres, a ese sistema no le interesa que la gente tenga actitud crítica. Todas esas fuerzas van en contra de modificar sustancialmente los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Entonces, en ese contexto, ¿el docente tiene margen para cambiar algo? ¿Qué papel puede jugar?

- Es que no hay otra opción. Somos los docentes los que debemos asumir la responsabilidad del cambio, igual que los médicos tienen que asumir la responsabilidad de cambiar la medicina para garantizar la salud más óptima de la población. Nosotros tenemos que provocar el cambio del sistema educativo para favorecer el desarrollo autónomo del individuo. Y esa es nuestra responsabilidad. Y también una satisfacción profesional. ¿Que estamos condicionados por las políticas educativas? Sí. ¿Y hay grados de libertad para lograrlo, que hay que utilizar? Sí.

¿Algún ejemplo de esos cambios de los que está usted hablando?

- Hace dos días salió una noticia sobre los jesuitas en Catalunya, los cuales han iniciado ya una renovación fundamental y sustantiva de los sistemas educativos en sus escuelas, en quinto y en primero de Primaria. Han concebido una nueva forma de intervención pedagógica donde desaparecen los exámenes, los deberes, las asignaturas, las clases magistrales y los espacios cerrados. Empiezan a plantear lo que hemos hablado en las jornadas: el aprendizaje que merece la pena.

¿Pero las familias, la sociedad, están preparadas para semejante revolución pedagógica?

- Si lo hacemos en grupo y se lo explicamos bien a las familias, sí, porque los niños van a estar más satisfechos. Pero los niños se aburren hoy en día en el colegio. Y por eso se produce tanto fracaso escolar, de alrededor del 28%. Eso no se puede aceptar. Lo que han demostrado los jesuitas, porque ellos ya llevan un año con la experimentación, es que los niños que antes fracasaban ahora están implicados.

¿Con qué herramientas cuenta el docente para reciclarse y ayudar a modificar el sistema educativo?

-Agruparnos es fundamental, la cooperación. También la investigación pedagógica. Hoy en día, Internet está lleno de experimentaciones materiales. Ofrece cursos de Harvard, Cambridge, Stanford, abiertos y gratuitos, que muestran multitud de modelos que podemos utilizar.

¿Y hay ganas en general de reinventarse o prevalece el docente anquilosado en los viejos métodos ?

- El docente está muy decepcionado por todos los cambios aplicados sin sentido. Pero hay muchos que tienen ganas de hacer las cosas bien, porque es la manera de sentirse motivados, de ver que tiene sentido lo que hacen, que quieren sentirse satisfechos al ver que los alumnos transmiten también su satisfacción por lo que aprenden y cómo lo aprenden. Porque todo eso cambia el clima en la escuela y acaba con los problemas que existen en la actualidad de disciplina, de violencia...

Antes, los profesores pegaban a los alumnos. Ahora, los alumnos pegan a los profesores y sin reprimendas. ¿Por qué está pasando?

- Porque esta escuela que ellos viven no les atrae absolutamente nada, se aburren, pero tienen que estar obligatoriamente allí. Y sus conductas destructivas tienen eco. Pero si cambiamos el clima con ese cambio pedagógico desaparecerá la violencia porque las conductas destructivas se diluirán y ya no tendrán eco.

Desmotivación y aburrimiento en el alumno... ¿Y en el profesor?

- Claro. Por supuesto que sí.

¿El docente hoy en día se siente infravalorado o está infravalorado?

- Lo está. Está infravalorado por la sociedad española, que es muy hipócrita en ese sentido. Sobre todo, los dirigentes políticos. Se les llena la boca con que la educación es prioritaria, pero eso es mentira. Los recortes de los últimos años en educación no se han hecho en las Fuerzas Armadas, por ejemplo. Si realmente es lo prioritario, hay que invertir. Porque no es un costo. Es una inversión de futuro, para atender las necesidades imprevisibles que están por venir. Hay que preparar bien a los docentes, hay que pagar bien a los docentes, hay que dotarles de recursos positivos. Y luego exigirles. Y que los docentes se responsabilicen. En Finlandia, el docente tiene la misma consideración que un médico o un arquitecto. En España, no. Aquí, los padres con hijos con buenas notas les dicen que no elijan Magisterio, que no se conformen con eso, que haga Medicina... Pero si ser docente es de lo más importante. Porque educar no cura el cuerpo, pero prepara las almas humanas.

Y volvemos a aquello que decía al principio, que lo que parece es que no interesa que se alimente nuestro pensamiento crítico.

- Efectivamente.

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