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La masiva marcha de ayer en Bilbao a favor de los presos de ETA vuelve a situar este asunto entre las prioridades de la agenda política, pero pone al colectivo de reclusos ante la exigencia social de reconocer el daño causado
Domingo, 13 de Enero de 2013 - Actualizado a las 05:22h
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la masiva manifestación que tuvo lugar ayer por las calles de Bilbao en defensa de los derechos de los presos de ETA vuelve a poner en la agenda política la necesidad -y urgencia- de encarar de una vez la situación de estos reclusos sobre los que pesa, en muchos de los casos, la aplicación de una legislación injusta que atenta contra sus derechos civiles y democráticos. Ante la ausencia de las competencias relacionadas con Instituciones Penitencias (otro incumplimiento más del Estatuto de Gernika que tanto dicen defender populares y socialistas), la gestión de la política de las cárceles sigue siendo un tema cautivo, un escenario para la aplicación arbitraria de cuantas medidas considere oportunas el Gobierno español a costa de la vulneración de los derechos más básicos, como es el cumplimiento de la pena de prisión en el lugar más cercano a su domicilio. La aplicación de la Justicia hace tiempo que tornó en venganza; los sectores que alimentan al actual partido en el poder han situado en este ámbito su línea roja y se mantienen vigías desde los medios de comunicación más ultras para que nada cambie. Tras los acuerdos de Aiete, la decisión de ETA de abandonar la lucha armada y la materialización de ese anuncio en la vida real con la eliminación de las expresiones de violencia que ha lastrado este país desde hace décadas, el Gobierno de Mariano Rajoy ha encontrado el terreno abonado para el inmovilismo, a sabiendas de que tarde o temprano deberá encarar este espinoso asunto, aunque por el momento todo indique que lo hará más tarde que temprano. La marcha de ayer, que cada año es más multitudinaria, buscaba poner en la agenda de las prioridades políticas este asunto. Para la izquierda abertzale el de los presos es sin duda su frente más sensible, donde se han generado fuertes tensiones internas e incluso desmarques que sistemáticamente se han tratado de negar y desprestigiar. Y es que, si de verdad se busca aunar esfuerzos en torno a este asunto, a la izquierda abertzale y al colectivo de presos de ETA aún les quedan algunas asignaturas pendientes de calado. Liberar al mundo de las cárceles del blindaje y del hermetismo que rodea su imagen es una. Y la otra, asumir con valentía que será difícil que amplios sectores de la ciudadanía vasca sientan empatía por su situación mientras no reconozcan el daño y el dolor causados a esta sociedad.
Gracias por su comentario
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