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por alberto atxotegi - Lunes, 24 de Diciembre de 2012 - Actualizado a las 05:26h
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LAS huestes galas de Hollande han ridiculizado a su Obelix nacional por acampar en Bélgica, tachándole por boca de su primer ministro de miserable e insolidario. Resulta evidente que no ha emigrado por la calidad de las patatas fritas o por la cerveza belgas, sino buscando una fiscalidad más reducida sobre plusvalías, donaciones, derechos sucesorios y fortuna. Incluso con un impuesto sobre la renta algo más elevado que el francés, el balance conjunto le ha llevado al otro lado de la muga. Y no precisamente a un paraíso fiscal, sino a otro país miembro de la misma Unión Europea. Que conste, y es mi punto de vista, que está en su derecho de circular libremente y comerse la pierna de jabalí donde le plazca. Bien poco hablan los que ahora le vituperan de que los gerifaltes de Auchan o Carrefour hace años que emprendieron la misma senda sin que la clase política o el mundo mediático se expresaran a bombo y platillo como ahora. Todo esto nos induce a pensar que en esta Europa donde todo parece igual, el igualitarismo brilla por su ausencia. Cada uno defiende como puede su parroquia y trata de buscarse nuevos feligreses que contribuyan a llenar los cepillos de su propia Santa Rita. Del mismo modo y manera que Raxoi oferta residencia a los compradores del remanente de la tan cacareada burbuja de ladrillos y hormigones. Y el actor, eso sí, con cierta desmesura que le es muy propia, ha echado muy teatralmente su pasaporte y la cartilla de la Seguridad Social a la jaula de los leones que gruñían. Ha bordado su papel, tal como lo hiciera en su Cyrano de Bergerac o en el Jean Valjean de Los Miserables. Ante un gobierno que mejora en menos de cinco euros mensuales el salario mínimo, incorpora todo tipo de tasas solidarias a los jubilados "congelados" y alardea de socialismo, me ha gustado el gesto de este privilegiado económico sin pelos en la lengua. Lenguas que hablan de venganza hacia él porque apoyó a Sarkozy en las últimas elecciones presidenciales, omitiendo que hoy en día, disociar las políticas de izquierdas y derechas resulta tan difícil para el ciudadano de a pié como transitar por los vericuetos de Dédalo.
Bien poco hablan los que ahora le vituperan de que los gerifaltes de Auchan o Carrefour emprendieron la misma senda
Inmerso en todas estas disquisiciones, me topo en la prensa diaria con otra película de izquierdas sobre la Diputación guipuzcoana en la que la izquierda soberanista y la soberanamente española se abrazan también en aras de la fiscalidad. En el actual contexto, resulta evidente la eficacia recaudatoria, siempre que la justicia social sea su compañera de ruta. El problema radica a menudo en que tratándose de socialismo de masas, la masa, en la que abundan mucho más los proletarios que los privilegiados, contribuye en su totalidad y siempre al llenado de las arcas. Y es que con frecuencia, porcentualmente, las diferencias entre ricos, más pobres que ricos y pobres son notablemente injustas a la hora de pasar por caja. Tomando el ahorro por referencia, me llama la atención que a los pequeños o medianos ahorradores (con beneficio anual de 0 a 1.500 euros y de aquí hasta 4.000) se les grave del 21 al 23%, que los grandes (con más de 10.000 y sin límite por arriba) resulten penalizados con el 25%, y que por lo tanto, el margen diferencial sea tan estrecho que las líneas casi se cruzan. Teniendo en cuenta que los dos primeros grupos son absolutísima mayoría, considero probado que mi teoría sobre las masas contributivas es la correcta. Gérard Depardieu es de humilde procedencia y me consta que puedes tomar un (más bien varios) potes con él en un bar de cualquier esquina sin que se le caigan los anillos del renombre y la fama. Paga más impuestos catorce millones de euros en los últimos diez años) que los futbolistas de elite que se escaquean a base de Emiratos complacientes y empresas paralelas. Siempre resulta placentero escuchar a un proletario triunfador cuando se enfrenta verbalmente a unos cuantos jerarcas izquierdosos de salón y canapé. Como pequeños Asterix que somos y sin poder disponer de pócima mágica, resistamos a los caducos imperios que nos rodean para no tener que emigrar a tierras flamencas donde, a buen seguro, nos recibirían mejor que a todos los Obelix de esta fábula.
Tranquilos, que después del apocalipsis del 21 estamos ya en invierno y un nuevo ciclo de resistencia comienza.
Gracias por su comentario
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