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Rajoy responsabiliza de la dura situación actual a la herencia del PSOE pero lo cierto es que su balance es pobre en lo socioeconómico, con más paro y recesión, un retroceso democrático y territorial, e infinitas promesas incumplidas
Sábado, 22 de Diciembre de 2012 - Actualizado a las 05:26h
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rAJOY y los dirigentes del PP se enfrentan a su primer año al frente del Ejecutivo español con un balance en el que están tratando de obviar -como si no hubieran ocurrido- sus numerosas promesas electorales incumplidas centrándose en responsabilizar de la cruda realidad social y económica actual a la herencia recibida de los gobiernos del PSOE. Un intento políticamente pobre de eludir sus propias responsabilidades echando la culpa a los anteriores y que además oculta deliberadamente otro dato: que la herencia recibida y sus desastrosas consecuencias no solo devienen de Zapatero, sino también de la anterior acción de gobierno que lideró el antecesor de Rajoy al frente del PP, José María Aznar. Es, por lo tanto, una herencia de mala gestión compartida entre los dos grandes partidos que controlan el modelo bipartidista. Al mismo tiempo, es legítimo el reproche que se le hace a Rajoy desde las filas de la oposición señalando la responsabilidad propia del PP, que ha aprovechado la mayoría absoluta de hace un año para imponer decisiones políticas en ámbitos como la sanidad, la educación o la recentralización del Estado, con un profundo calado ultraliberal y un peligroso tinte uniformador. Con esta deriva, el PP deja a un lado el intento de representar el centrismo al que periódicamente ha aspirado en las últimas décadas para inclinarse por su sector más derechista, y prueba de ello son las polémicas en torno a la normalización lingüística, los matrimonios homosexuales o la gestión de la Justicia. La acción de gobierno del PP ha estado amparada en el uso del decreto como instrumento legislativo -más de 30 en un año-, y como subterfugio para evitar el debate en el Congreso. Y si su balance democrático es en este sentido más que cuestionable, sus medidas no solo no han mejorado la situación socioeconómica derivada de la penosa gestión de Zapatero en su ciclo final de Gobierno, sino que han empeorado las condiciones de vida de buena parte de la sociedad y empobrecido las economías reales de personas y familias. El Primer Año Mariano, más allá de la capacidad de propaganda y del apoyo sumiso de los medios afines, presenta un balance muy negativo en materia económica, territorial y democrática y, en especial, un aumento del malestar que augura un escenario de mayor crispación social.
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