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Guillermo Nagore Frauca - Viernes, 23 de Noviembre de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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Un abrazo a las personas que ayunan estos días en protesta porque el TAV nos deja el plato vacío. Esta infraestructura devora valles, montes, ríos, regatas, acuíferos, campos, hayas, robles, fresnos, abedules, pinos, tierras fértiles, campos de cultivo, caseríos, plantas medicinales, zarzamoras, setales y demás biodiversidad.
Todo el conjunto nos proporciona oxígeno, alimento, disfrute, gozo en el ocio, hongos, sustento, agua y medicina natural, entre otras muchas cosas. El apetito insaciable del TAV destruye las bases de la vida. En su lugar crecen gigantescos pilares de hormigón, viaductos kilométricos, túneles interminables, trincheras, escombreras, centrales térmicas y torres de alta tensión.
Ellos constituyen para Urkullu el sistema cardiovascular de nuestro país. A cambio nos prometen turistas glotones y ahorro de tiempo. El AVE terrestre también engulle salarios de profesoras, maestros, doctoras, enfermeros y asistentes sociales que ya están sin trabajo. Además bebe el tiempo de quienes esperan meses para operarse o ver un médico especialista. Para funcionar se alimenta de electricidad y energía nuclear.
Tras su digestión defeca contaminación acústica y electromagnética aparte de una deuda considerable. ¿Hipotecaremos así nuestro futuro?
Beatriz Arana
Gracias por su comentario
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