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primer punto a domicilio

La Real sigue enferma a domicilio

El equipo de montanier se deja dos puntos en Valladolid pese a no jugar bien y a adelantarse en dos ocasiones

mikel recalde - Martes, 30 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:28h

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Carlos Martínez, Iñigo Martínez y Antoine Griezmann celebran el primer gol del jugador francés, anoche en Valladolid

(J. Colmenero)

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Enviado especial a Valladolid

Que el espectacular vuelo del disparo de José Ángel desde la casa de su familia en Asturias no nos nuble la vista. No se puede discutir que el alucinante golpeo del jugador cedido por la Roma, que atesora un cañón en la pierna izquierda del que no nos dejan disfrutar, nos hizo recuperar emociones fuertes casi olvidadas, como las que provocó aquel tanto de Iñigo Martínez en el campo del Betis que, precisamente, salvó la cabeza a su entrenador. Pero la plasticidad de la jugada, que solo pudo salvar un portero gigante de 1'96 metros con la yema de los dedos, ni el anterior intento de vaselina del héroe de Ondarroa que se marchó rozando el palo, que tuvieron lugar en un descuento eléctrico, no pueden ocultar que la Real se dejó dos puntos en Valladolid.

El equipo realista sigue descomponiéndose como visitante, lo que le provoca una pérdida constante de oportunidades que van a terminar por condenarle a una pobre lucha por salvar la categoría. Ayer volvió a jugar un partido por debajo del nivel que parece acreditar, pero la calidad individual de un futbolista que marca diferencias le permitió ponerse en dos ocasiones por delante en el marcador. El segundo tanto dejó tan noqueado a su rival que parecía imposible que no se llevase los tres puntos ayer del Nuevo Zorrilla.

La Real de Montanier es un equipo demasiado incompleto. Cuando no falla la defensa, lo hacen los delanteros; cuando no lo hacen estos, el problema se encuentra en la sala de máquinas o en las bandas… Siempre pasa algo que le lastra cuando juega a domicilio. El quid de la cuestión es que cuando todo funciona, algo que ocurre en algunos minutos de sus encuentros y que por cierto no sucedió en ningún momento ayer, luce con todo su esplendor. Esto demuestra que este conjunto rinde por debajo del nivel que podría hacerlo para el talento que acredita poseer en esos instantes en los que enamora a todas las almas txuri-urdin. Y no resulta complicado señalar como uno de los más importantes responsables a su entrenador. Con cambios como el de Griezmann, el mejor con diferencia, el tema incluso puede sacar de sus casillas al más tranquilo. Lo más grave es que es la segunda semana seguida que lo hace con el resultado en tablas. Es como si Vilanova quitase a Messi o Mourinho a Cristiano para los últimos instantes en los que, en teoría, se debería ir a por los tres puntos.

sorpresa en el once Una vez más, Philippe Montanier dio un giro inesperado en la pizarra de alineaciones. Cuando gran parte de la afición estaba reclamando que se le diera una oportunidad a José Ángel, el galo, en un movimiento muy suyo, decidió sacar a Carlos Martínez, lo que provocó incluso que el hasta ayer intocable Estrada se quedara en la grada. El otro sacrificado fue Xabi Prieto, que no atraviesa por su mejor momento pese a que él defiende que se encuentra muy bien. Otro problema reseñable es que cuando mejor ha funcionado la banda derecha en la Real en los últimos años ha sido con la conexión Charly-Prieto, pero quizá ese sea otro debate.

La otra gran noticia de los momentos previos del duelo fue lo poco que gustan los partidos de los lunes a los equipos implicados y a sus parroquias. Los alrededores del estadio ofrecían un aspecto desolador y fantasmal a hora y media del comienzo del encuentro, agudizado por el creciente frío que llegaba con la caída de la noche. En Valladolid calculaban unas pérdidas de más de 50.000 euros por el hecho de que el retraso del duelo impidiera la presencia en las gradas de 1.500 hinchas blanquiazules. No se sabe si hubieran sido tantos, pero la fecha parecía marcada para muchos guipuzcoanos hasta que conocieron la fatal noticia concebida por las incompetentes cabezas pensantes que rigen el fútbol español

La Real salió fuerte al encuentro, con la clara intención de presionar muy arriba al Valladolid. Nada más comenzar el duelo, Chory Castro dispuso de una opción inmejorable, pero su pésimo disparo con su pierna buena, esa con la que marcó tantos goles en el Mallorca, se marchó demasiado cruzado. A partir de ahí, empezó el festival de patinaje de los blanquiazules. No es la primera ni segunda ni la quinta que vemos cómo los donostiarras pierden el equilibrio una y otra vez mientras sus rivales se mantienen en pie sin excesivas complicaciones por haber escogido el calzado idóneo. Uno echa de menos a jugadores como Aranburu u otros mitos del club que no se equivocaron jamás de taco al poner largo en el talón casi siempre.

La disposición táctica de los realistas fue de nuevo novedosa, porque, más que un 4-2-3-1, su dibujo fue más bien un 4-2-1-3, con Griezmann de mediapunta y los tres de arriba alineados. Vela, Agirretxe y Chory permutaron constantemente sus posiciones, pero sus apariciones fueron esporádicas, carentes de continuidad. El Valladolid fue poco a poco haciéndose con el control, apoyado en la infinidad de impresiones motivadas por la falta de precisión y los resbalones.

Ebert fue el blanquivioleta más destacado de la primera parte al volver loco a los realistas con sus repetidos controles y por atesorar una refinada pierna zurda capaz de inventar muy buenos centros y duros disparos. Zubikarai detuvo como pudo sus acciones y los remates de un Javi Guerra que generaba excesivos problemas a los dos centrales. Cuando peor pintaba la cosa para los realistas, Chory Castro sacó un córner, Agirretxe bajó el balón con valentía y Griezmann, en posible fuera de juego, cruzó a la red con una buena volea con la derecha.

Un equipo solvente y fiable, consciente de que no había hecho méritos suficientes para ponerse por delante, mantendría su ventaja como si le fuese la vida hasta el descanso. Pero esta Real no. Es demasiado vulnerable cuando sale del paraguas de su afición bajo el que se siente protegido y en confianza. A los pocos segundos, Javi Guerra perdonó la igualada y solo seis minutos después Ebert, en un chut demasiado lejano, batió a Zubikarai.

En la reanudación, los jugadores de más calidad blanquiazules se encontraron en un par de ocasiones y demostraron que eran muy superiores a los locales. A los dos minutos Vela se internó por la banda y su centro atrás lo envió al larguero Griezmann. Los mismos protagonistas se encontraron a los once minutos y esta vez el galo clavó su disparo desde la frontal del área en lo que fue un golazo.

Un conjunto con carácter y personalidad hubiera dormido el duelo hasta controlarlo sin problemas y lo hubiera matado a la contra. La Real no. No consiguió hilvanar ninguna contra que le permitiera sentenciar el duelo con una tercera diana. Desgraciadamente, el Valladolid, que era un constante quiero y no puedo, consiguió igualar en la única opción clara que generó en la segunda parte con la complicidad de una zaga excesivamente permisiva.

El partido estaba incluso para perder hasta que llegó el frenético descuento en el que los realistas pudieron marcar primero con un disparo de Pardo, luego con una vaselina de Iñigo que no parecía muy difícil y, por último, con un disparo antológico de José Ángel que salvó milagrosamente Dani Hernández.

Las cosas como son, si la Real no gana el choque de ayer en Valladolid, no sabemos cuál será el primero que venza a domicilio. Que la genialidad del asturiano, ese que el año pasado se pasó la temporada combinando con unos tales Totti y De Rossi y al que todavía Anoeta ni le conoce, no nos deje ver el bosque. El equipo realista sigue enfermo lejos de Donostia y no parece que tenga cura fácil.

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