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claes oldenburg artista

"Es difícil dejar fuera lo erótico en la obra, el ser humano busca ese complemento"

El Museo Guggenheim Bilbao inaugura mañana la exposición 'Claes Oldenburg: Los años sesenta', la muestra más amplia dedicada hasta el momento al artista sueco, y centrada en una década de cambio para el escultor que se erige como uno de los padres del Pop Art

araitz garmendia - Lunes, 29 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:28h

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El artista sueco Claes Oldenburg.

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Bilbao. Claes Oldenburg (Estocolmo, 1929), escultor y pionero del Pop Art, es conocido por sus irónicas representaciones de objetos cotidianos a gran escala. Esta exposición incluye trabajos nunca antes exhibidos o que pocas veces se han mostrado, junto a fotografías, dibujos y películas realizadas por el propio Oldenburg, que reflejan el pilar básico de su trabajo: el objeto como mercancía que a través de su transformación es transmisor de cultura y reflejo del capitalismo.

La muestra se centra en la década de los 60. ¿Cuál fue la base del trabajo que llevó a cabo durante dicho periodo?

Los años 60 fueron una etapa de cambio y un periodo de descubrimientos. El arte antes era muy abstracto y al comienzo de dicha década se convirtió en algo que en Europa se definió como Neorrealismo.

Los artistas de la época utilizaban materiales procedentes de la basura o que encontraban en la calle.

Sí. Esta idea surgió a través de tomar como elementos los materiales que teníamos a nuestro alrededor. Los artistas probamos y utilizamos la chatarra como vía de exploración, tomando la forma de la chatarra e ideando dos abordajes: uno era aceptarlo sin cambiarlo y el otro era modificarlo. Yo opté por cambiarlo.

En aquella generación de artistas, ¿se consideraban ustedes posdadaistas?

No, no lo creo. Creo que fuimos sacando las cosas de muchas fuentes diferentes.

Sus temas fueron el capitalismo o el consumismo, ¿cree que eran un blanco fácil para la crítica?

Lo cierto es que no creo que estuviera enfrentándome a nada. Solo estaba utilizando sus materiales pero para mis propios objetivos. El primer proyecto fue La Calle y durante otra etapa me interesaba el color. Así surgió el trabajo La Tienda.

A lo largo de su carrera fue evolucionando, dando un giro hacia el color. ¿Cómo definiría su trayectoria?

No lo sé, pero lo estoy intentando montar lentamente, aquí y ahora. Esta exposición tiene que ver, precisamente, con la historia de cómo se va tratando el material.

¿Sus cambios artísticos están relacionados con su vida personal?

Sí. Mi obra siempre está totalmente relacionada con mis experiencias personales.

En sus esculturas utiliza materiales blandos, ¿lo hace para llamar al sentido del tacto de los espectadores?

Sí. La Calle tenía que ver con las líneas, y La Tienda tenía que ver con el color. Como a mí siempre me interesa la transformación del metal, la metalmorfosis, decidí hacer esas esculturas blandas de tal manera que pudieran cambiar. Y así encontré unos materiales maravillosos por ahí que parecían como vinilo, era un material muy grueso, blando y se parecía a la porcelana, pero lo podías doblar y manipular. Entonces como material valía lo que había en el entorno.

Crea sus trabajos a gran escala, ¿es importante para que de ese modo el público interactúe con la obra?

Esa etapa llegó un poco más tarde, en el año 65, cuando compré un estudio grande en Nueva York y empecé a pensar en el tema de las escalas, así que lo que hacía era coger objetos y creaba una versión muy grande de ese mismo objeto, que también se podía transformar en un edificio, para que la gente pudiese entrar en él. Lancé muchas propuestas para la creación de monumentos con la forma de los objetos, y eso me pareció divertido.

Y usted, ¿siempre se ha divertido con el arte?

Sí, para mí tiene que ver con la imaginación, con la inventiva, la sorpresa, el humor... Se puede usar cualquier tema, pero se trata de cogerlo y utilizarlo. Por ejemplo, tomar unos cruasanes, pero no como cruasanes, sino como forma, y fabricar algo.

Usted dijo que lo erótico está relacionado con lo estético. ¿Cómo es posible introducir elementos sexuales en estas obras?

Bien un objeto, o bien una obra de arte, la hace un ser humano, y es muy difícil dejar fuera la parte de la erótica. Esto se debe a que el ser humano siempre está buscando el complemento erótico, así que la forma erótica siempre forma parte del proceso de revisión. Creo que incluso los cruasanes tienen un elemento erótico.

¿Cómo recuerda los primeros pasos del Pop Art?

Yo no le di ese nombre. Pop Art, digamos, es la versión americana del Neorrealismo, que lo que hace es centrarse más en los objetos que en la ciudad y en las tiendas.

Realiza obras para el aire libre. ¿Qué diferencia y obstáculos le supone exponer en un museo?

He hecho muchas obras de ese tipo pero no en este periodo de los años 60. Aquello llegó más tarde, porque en los años 60 seguíamos presentando obras en los museos y más adelante estuve trabajando con mi difunta esposa. Es cierto que nosotros teníamos el concepto de evitar los museos. Creíamos en eso como concepto.

Su primera exposición individual fue precisamente en la década de los 60. ¿Qué supuso eso en su carrera?

El énfasis eran las fuentes, las cosas lo que teníamos en nuestro entorno. Lo que hacía era recoger materiales y los convertía en figuras, en objetos, así que digamos que fue una especie de periodo de transformación. No era exactamente muy neorrealista, salvo que si pensáramos en las formas como si fueran planos de calles. Quiero decir, que si tú miras sobre la calle, ves muchos dibujos y mucha escritura, y es bastante realista porque está ahí, y la otra pieza no es realista porque se hace de manera primitiva. Así que es tanto realista como no realista.

En aquella época, ¿cómo era la relación con sus contemporáneos?

Por aquel entonces los artistas no estaban tan separados los unos de los otros. No tenían dinero y a menudo coincidían unos con otros en fiestas, así que era un ambiente muy amigable. No había tantos artistas como ahora y todo el mundo se conocía.

¿Ese contexto ha cambiado?

Sí, y mucho. Evidentemente hablo de cuando yo era joven. Si ahora hablaras con un artista joven te contaría que tiene muchos amigos, pero a medida que envejeces como artista te separas más de los demás.

Entonces, ¿es cierto que los artistas tienden al individualismo?

Sí. Uno tiene una serie de ideas y una visión del mundo y, cuanto más sabes lo que estás haciendo, más dejas de lado aquellas cosas que ya no estás haciendo. Puedes tener desacuerdos con un amigo o un conocido que ya no es ni tu amigo ni tu conocido.

En una etapa de su carrera comenzó a trabajar con su mujer, ¿qué cambios supuso esto en sus creaciones?

Me divorcié de mi primera esposa a finales de los años 60, y comencé a trabajar en obras de gran escala. Después conocí a mi segunda esposa, Coosje Van Bruggen, y trabajamos juntos en una pieza a gran escala en 1976, y aunque ella era escritora realmente, e historiadora del arte, ejercía muchísima influencia dentro de la obra, dentro de lo que es el concepto de las ideas. Era una mujer muy inteligente y al ser escritora era muy clara en la forma de expresarse. Es una etapa diferente a la de mi esposa anterior. Con mi segunda esposa tenía más que ver con el pensar, pero cuando decidímos trabajar juntos acordamos que no iríamos a los museos, que teníamos que ir al público directamente y que crearíamos cosas para las ciudades, para el pueblo. Teníamos una norma, que la obra tenía que quedarse allí permanentemente. Nos dejaban instalar esculturas siempre y cuando luego las desmontáramos, pero nosotros no lo hacíamos. Creo que tenemos entre 45 y 50 esculturas por ahí.

¿Ser artista para usted conlleva saltare las normas?

A todas horas nos saltamos las normas.

¿Ha quedado satisfecho con la exposición que se inaugurará mañana en el Museo Guggenheim de Bilbao?

Sí, está muy bien montada, es difícil decir qué es más bonito, lo que está dentro o lo que está fuera, en la calle. El interior de este museo es maravilloso, y creo que es muy difícil montar una exposición porque los espacios son muy grandes.

¿Qué diría usted al público que mira con recelo el arte contemporáneo?

Hay que conseguir que el público se acerque y venga al museo, pero ¿cómo? Hay una cosa que no se debería hacer, y es tener demasiadas personas en un museo en un momento determinado. El Museo de Arte Moderno de Nueva York es como una estación de ferrocarril, está lleno de gente y eso no es nada bueno. Debería haber poca gente para que puedas contemplar bien la obra. Creo que hay muchas maneras de hacerlo. Me gusta un museo donde no hay mucha gente, porque prefiero ver las cosas en soledad. Pero, claro, eso es incompatible con los museos.

Usted lleva toda su vida dedicándose al arte, ¿hacia dónde cree que evoluciona?

Es difícil de saber, hay muchas nuevas técnicas y muchas de ellas no necesitan de un artista demasiado. Creo que se están produciendo muchos cambios, y se están acercando a lo que se define como instalación. Puedes crear una obra de arte diciendo simplemente que es una obra de arte.

¿Esos cambios son positivos?

Desde mi punto de vista a mí me parece que hay demasiado de todo y demasiado poco de todo. Creo en la búsqueda de la forma, y ahora se tiende al concepto de Duchamp de enseñar algo sin más, de exponer algo, y eso para mí significa una especie de dejación de tu responsabilidad. Ya veremos qué pasa.

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