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el técnico del Valladolid, Miroslav Djukic, ha dirigido a seis equipos en apenas seis años como entrenador
donostia, PAtxo de la Rica - Domingo, 28 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:27h
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Miroslav Djukic durante un encuentro como entrenador del Valladolid. (Diario de Valladolid)
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central aguerrido y con buen trato de balón. Fútbol de rabia, pero siempre con conceptos de asociación. Este es Djukic y este es su Valladolid que tanto está sorprendiendo en lo que va de campeonato. Un año después de su llegada a Pucela, el serbio ha conseguido el gran objetivo del ascenso y, además, encandilar a una ciudad entera con su fútbol.
Sus inicios como jugador en el equipo de su ciudad natal, dejaron paso a sus grandes años en la Liga española. En 1989 llegó a Coruña de la mano de Lendoiro, dispuesto a liderar aquel Superdepor que tan cerca estuvo del campeonato liguero. Tres años después de su llegada, los gallegos pelearon la Liga al Barça. Todos recordarán aquel año, pero nadie lo tendrá marcado tan a fuego en su memoria como el propio Miroslav Djukic. Un penalti a la espalda que siempre le perseguirá vaya dónde vaya. Aquel día, todo un año dependía del gran líder del vestuario, y no pudo ser. Cuando no quedaba tiempo ni para respirar, Bebeto se ofreció para lanzar el penalti de la gloria. Djukic se negó, estaba bien para marcar decía. La historia estaba escrita, no merece más comentarios.
Él siguió su carrera como hasta entonces. Delante de la defensa, con su agresividad siempre bien entendida y con la labor de comenzar el juego ofensivo de sus equipos. Así se ganó el derecho para llegar al Valencia, aquel de las dos finales de Champions, y aquel que también vio cómo se escapaba el éxito en los penaltis. Eso sí, Miroslav esta vez pudo resarcirse y levantar el ansiado título de Liga en 2002. Tras sus grandes años de fútbol en la Liga, llegó su paso por Tenerife. Fue el retiro dorado de una brillante carrera que pronto cambiaría las botas por la libreta y los banquillos.
la oportunidad en casa
Djukic llamó la atención
El primer equipo a mandos de Miroslav fue la selección sub'21 de Serbia, pero pronto llegó el Partizan de Belgrado. 18 partidos y trece victorias en la capital fueron suficientes para llamar la atención de la Federación de Serbia, que decidió poner en manos del joven entrenador un equipo en transición. Una selección que venía de los años con Clemente y el desastre. Una transición que le vino grande a un hombre sin la suficiente experiencia para liderar un proyecto tan exigente a corto plazo. Después de no conseguir una sola victoria, Radomir Antic sustituyó a Djukic, y este, tras su fugaz paso por el fútbol belga (1 partido), aterrizó en Alicante para buscar la machada de salvar a un Hércules herido de muerte.
A pesar de una primera recuperación, ganaron en su estreno en Anoeta (1-3), los herculinos pronto volvieron a la UVI, para finalmente morir en el intento y recaer a la categoría de plata del fútbol español. El infierno no frustró el objetivo de Djukic. Si no lo hizo aquel penalti, esta vez no iba a ser menos.
desembarco en pucela
Un héroe en solo un año
Solo unos meses después, Carlos Suárez, presidente del club blanquivioleta, llamó al serbio para encomendarle la tarea de ascender a un equipo con historia y necesidad de Primera. Arriesgado por el curriculum del serbio, pero atractivo por el jugoso premio. El equipo se mostró muy constante, combinando victorias con empates y únicamente seis derrotas en los 42 encuentros de la liga regular. Una derrota en la última jornada condenó a los de Djukic a jugarse el todo o la nada en los play-offs.
Valladolid vivió la fiesta que llevaba esperando y se ganó por derecho su plaza en la máxima categoría. Djukic y su Valladolid son de Primera. Y aquí, ante los mejores equipos, no se han amilanado y siguen con el mismo concepto futbolístico. La fuerza del grupo por encima de la individualidad, su 4-2-3-1 inamovible, y últimamente su enemistad con los árbitros son los pilares del serbio para esta temporada.
Ni siquiera Atlético o Málaga han conseguido dominar a estos fieros pucelanos, aunque bien es cierto que ambos consiguieron domarle y clavarle la estaca. Un equipo que está combinando grandes tardes con otras menos buenas.
El Rayo de Paco Jémez es el que más sufrió la ambición de Djukic y compañía. 6-1 endosó el Valladolid a un equipo en teoría condenado, al igual que ellos, a la lucha por el descenso. Ese día fue el gran día de Manucho, que ha conseguido desbancar al mismísimo Javi Guerra, héroe del ascenso. Y es que Miroslav no se casa con nadie, únicamente con el sacrificio, y él mismo fue el encargado de recriminar la actitud a su exdelantero estrella.
Si el técnico serbio es exigente con sus jugadores, más aún lo está siendo con los árbitros. "Algunos no se han dado cuenta de que Franco ha muerto", recriminó el técnico en rueda de prensa nada más perder en el Calderón. "No se puede hablar de árbitros, te van jodiendo poco a poco y hay que decirles que sí", volvió a lanzar Djukic hace una semana en Málaga. Hoy este entrenador se ha ganado el crédito, e incluso este verano se hablaron de ofertas de Valencia y de algún grande más. Su juego ofensivo atrae, su contundencia impresiona, y su currículum, cada vez más, se gana un puesto entre los entrenadores de la que dicen mejor Liga del mundo.
Gracias por su comentario
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