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Familia

Tras proclamarse primer campeón de la historia de la NASCAR Europea, Ander Vilariño se prepara para hacer las Américas

donostia, Patxo de la rica - Sábado, 20 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:26h

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un padre suele ser un espejo donde mirarse y ver reflejados muchos de los sueños que uno quiere lograr. Ander Vilariño siempre se fijó en Andrés, su padre. Ahí, ante él, constantemente se imaginó pilotando y ganando tantas carreras como su ídolo. Hoy, Ander es el primer campeón de la NASCAR europea después de mucho camino recorrido de la mano de Andrés. "El mundo del automovilismo es muy complicado. Salir adelante en él, si no tienes una familia que te ayuda, que te apoya y que te entiende es casi imposible. Él siempre me ha ayudado mucho. El apellido me ha favorecido, pero sobre todo por lo orgulloso que estoy de mi padre", se sincera Ander Vilariño a este periódico. Como en todo, el camino hacia el éxito estuvo marcado por momentos duros, que ni siquiera a él le gusta recordar.

Con tan solo cuatro años, Ander ya tenía su primer kart y con seis hacía las delicias de su padre en circuitos urbanos del territorio guipuzcoano. Cuando apenas tenía catorce años, Ander conoció la adrenalina que nunca más ha querido abandonar. Su carrera profesional comenzó con tan solo 16 años en la Fórmula Renault Campus, pero las lesiones y alguna que otra diferencia con su equipo quisieron ralentizarla. El sonado problema con Épsilon Euskadi marcó el porvenir de Ander cuando estaba a las puertas de la F1. Un problema del que se habló mucho pero que él mismo recuerda hoy en día como algo que le hizo ser más fuerte. "Fue el momento más duro de mi carrera. Cuando decidí marcharme mucha gente puso en tela de juicio mi decisión, recibí muchas presiones y nadie me entendió. La reciente victoria me ha servido para redimirme en cierto modo. Desde la humildad y sin rencores, he podido demostrar mi calidad", comenta. Era cuando más alto apuntaba el porvenir de esta, por entonces, joven promesa del automovilismo. Algunos quisieron compararle con Fernando Alonso por la semejanza en resultados de su primer año en GP 2, pero fue entonces cuando su carrera dio un giro, y Ander miró una vez más el espejo de su padre. Prefirió probar unos años en montaña, donde Andrés es cuatro veces campeón de Europa, para después dar el salto a los prototipos, y fue acumulando experiencia para en 2011 luchar en el campeonato que hoy le ha aupado al éxito.

El premio le llegó al guipuzcoano a sus 32 años en el mítico circuito de Le Mans. En su primer año hizo un tercer puesto cuando el campeonato aún no era NASCAR, y se curtió para lo que ni él mismo podía imaginar. "Recuerdo un mail que nos mandaron diciendo que al día siguiente iban a anunciar algo importante. Esa noche incluso dormí mal. El campeonato tomaba de esta forma más profesionalidad, y se convirtió en el momento más importante de mi carrera deportiva". Poco después, el vicepresidente primero de la NASCAR anunció La Battle de Daytona como premio para el ganador, en la que participarán todos los campeones NASCAR. Unos primeros meses de pretemporada que permitieron a Ander darse cuenta de la magnitud en la que entraba el campeonato. Primera vez que un campeonato NASCAR se disputaría en Europa y en el que Ander ha marcado su nombre con letras de oro.

sólido

Líder de principio a fin

Desde el primer día en Angora, el hondarribiarra y su equipo lideraron la clasificación logrando la primera pole de la historia, la primera victoria y el primer liderato. Un liderato que han conseguido no soltar hasta el último día. En Le Mans, el pasado fin de semana, Ander únicamente debía no fallar para volver a Euskadi con el título bajo el brazo. "La última carrera fue la de más presión y nervios, por no echar por la borda un año tan bueno. Además, el sistema de puntuación de la NASCAR es especial: las últimas cuatro carreras puntúan doble. Un error es definitivo. Supimos vivir con ello, salió todo bien y ganamos".

Ahora son momentos de celebración con los de casa, con los que están ahí cuando vienen mal dadas, y con los que mejor saben recompensar el trabajo bien hecho. Y no es para menos, Ander ha conseguido el título rodeado de grandes pilotos, y la victoria le sirve para obtener la licencia NASCAR. "Lograrlo es quizá lo más complicado. Muchos españoles lo han buscado y no lo han conseguido, hay que pensar bien qué hacer en el futuro". De momento, el guipuzcoano no quiere ponerse metas, y se ve preparado para luchar entre los más grandes. Un deporte que en Estados Unidos levanta pasiones y se ha convertido en el segundo acontecimiento deportivo más seguido en el país norteamericano en cuanto a telespectadores.

El problema de los presupuestos y los patrocinadores puede frenar la progresión de Ander, aunque él mismo asegura que lo mejor sería repetir un año más en Europa para poco a poco dar el salto. Deportivamente poco debe mejorar, estos dos años le han servido para curtirse en la batalla de las pistas. "Son coches mucho más pesados y más potentes. Eso hace que hagan unas derivas laterales que son difíciles de manejar". Por si fueran pocos los problemas de la NASCAR, a todos ellos se suma el pilotaje extremo y la picardía de los toques para sacar de la pista a tus adversarios. "En las primeras carreras me sacaron mucho; hubo un piloto que me lo hizo dos veces. A la tercera le esperé y le saqué yo. Desde entonces creo que han entendido el mensaje". Ahora solo queda esperar y prepararse para poder demostrar su valor en Daytona en febrero. El objetivo es intercalar el campeonato europeo con apariciones esporádicas en América para poder cumplir algún día el sueño de competir una NASCAR americana al completo. "¿Cuántas carreras? Cuantas más mejor, pero sin obsesionarse para poder seguir disfrutando como hemos hecho siempre."

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