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John Coppola ha sido director de exposiciones del Instituto Smithsonian y consultor en América Latina y Oriente Medio, y ahora ejerce de asesor museístico para Obama. Compartió parte de sus consejos ayer en Donostia, en el congreso sobre museos organizado por la UPV
ruth pérez de anucita - Viernes, 19 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:26h
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Coppola, ayer, en el campus donostiarra de la UPV. (Foto: ainara garcia)
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donostia. Como sostiene Coppola, siempre hay un proverbio chino adecuado a cada situación. El suyo es: "Cuando soplan vientos de cambio, algunos construyen muros y otros molinos de viento". El museólogo estadounidense citó un caso literal en el que un museo (Maryhill, en Washington) había construido molinos eólicos, aunque el ejemplo iba, obviamente, más allá de su literalidad. El consejero de Obama no aporta soluciones mágicas, pero está convencido de que la salida pasa por un peaje llamado creatividad.
¿Cómo nació su interés por los museos?
Probablemente, por mis visitas cuando era niño. Mi familia vivía cerca de Nueva York, mis padres y mis abuelos pensaron qué podían hacer con un niño... E íbamos a un museo. En Nueva York hay un montón de museos, de todo tipo. Estudié Bellas Artes, en la especialidad de pintura, pero iba a ser difícil ganarme la vida como pintor, así que me hice museólogo.
¿La gran diferencia entre el modelo estadounidense y el europeo es la fuente de financiación?
Y también el modo de dirigirlos. La gran mayoría de los museos en Estados Unidos son privados. Hasta la Galería Nacional de Arte es una entidad legal privada, aunque es verdad que el Gobierno lo financia casi en su totalidad.
¿Está Obama muy interesado en el tema museístico? ¿Es una preocupación más propia de los Gobiernos demócratas o de los republicanos, o depende de la persona?
Depende de la persona y de la política. Los fondos que destina el gobierno nacional a los museos es pequeñísima: menos de 150 millones de dólares para 50 estados y 330 millones de habitantes (a modo de comparación, la Diputación de Gipuzkoa ha destinado este año casi tres millones de euros). Clinton y Obama, ambos demócratas, tienen un gran interés en la educación, los museos y las bibliotecas. Pero mientras en la presidencia de Clinton pudo mantenerse el presupuesto, Obama no ha podido, y creo que este año lo recortará otro 10%, en parte por la batalla política entre la presidencia y el congreso.
¿Cómo debe concebirse un museo: pensando en los que viven cerca o en el turismo? En Euskadi se ha reprochado que algunos museos están orientados al turismo cultural, pero no a sus habitantes más cercanos.
Ambos son importantes. Si solo organizas exposiciones permanentes, los turistas estarán satisfechos, pero el público local te va a reclamar que haya algo nuevo; estuvo la semana pasada y todo sigue igual. Hay que encontrar un equilibrio. El 80% de los visitantes del Instituto de Arte de Detroit, uno de los centros de arte más grandes del país, es local. Son importantes los turistas, pero en ese caso lo son mucho más los visitantes locales. De hecho, estando la ciudad en bancarrota, se hizo una votación y los habitantes de Detroit decidieron salvar el museo. Pero no se puede confiar siempre en la voluntad del público: en Florida votaron en contra de la ampliación del centro de arte. Y en el Museo Metropolitano de Nueva York la gran mayoría de los visitantes son turistas.
¿Y cómo se concilia el trabajo de conservación, invisible pero imprescindible, con que se mida siempre a los museos por el número de visitantes?
De nuevo, los dos son fundamentales. Conservar la colección del museo es un compromiso con el público del futuro. Eso es esencial; si no se cuida la colección, en cien años no habrá museo. Pero sin los visitantes, sus actividades y sus ingresos, tampoco existirá el museo, se quedará sin presente.
En el congreso algunas voces aventuraban el cierre de museos. ¿En qué cree que deben cambiar los museos vascos? ¿Deben buscar mecenazgo?
Cada país debe tener su propio modelo. Probablemente, lo que funcione en Estados Unidos no lo hará en Inglaterra. Lo más importante es que identificar un modelo que sea válido para esa sociedad. En Estados Unidos, lo más importante para el futuro del museo, en la crisis y con los cambios sociales, es su concepción como una entidad educativa, para cualquier etapa de la vida.
¿Qué opinión le merece el modelo Guggenheim?
Creo que es un único, ha tenido un gran éxito en Bilbao pero cuando otros países han intentado imitarlo ha sido un fracaso. Es un modelo vasco exitoso, pero no se puede aplicar en otros lugares. Por ejemplo, en los países árabes están construyendo museos como símbolos nacionales y para atraer turistas, y estoy segurísimo de que muy poca gente va a ir a Qatar o Abu Dhabi a visitar museos (ríe). Deben crear un modelo propio.
En su conferencia ha dicho que los museos deben ser decisivos en la vida social. ¿Un consejo universal para todos los museos puede ser que los habitantes participen en él?
Eso sí puede ser universal, pero si se propone que los visitantes deben participar en el museo, mucho, mucho más importante es que el museo participe en la sociedad. Durante siglos, el museo ha sido una entidad aislada, y tiene que adoptar un papel más activo y público respecto a la comunidad. Por ejemplo, en Estados Unidos varios jardines botánicos, en cuyos terrenos han crecido verduras, están utilizando lo que recogen para dárselo a los pobres. De esa manera, además de hacer algo bueno, están creando nuevos visitantes que nunca habrían pensado visitar un jardín botánico. Un amigo me dice que un museo tiene que ser un lugar seguro que te dice bienvenido. Bienvenido para hacer cualquier cosa: sentarse, tomar un café, aprender de los cuadros, investigar los animales...
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