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Opinión

Sinceridad en elegibles y electores (I)

Por Jonan Fernandez - Miércoles, 10 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:25h

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en política hay un exceso de teatralización que se acrecienta en campaña electoral. Creo que conviene reflexionar sobre la relación entre sinceridad y política. Lo tópico es hablar de estas cosas solo desde la crítica fácil a los políticos. En dos artículos me propongo hacerlo desde dos vertientes: hoy, en relación con los elegibles y dentro de una semana con respecto a los electores.

¿Qué pasaría si un candidato o candidata se sincerara? Imaginémonos que opta por un discurso con ingredientes parecidos a los siguientes:

Primero, frente al "todo lo haré bien", nos dice: "No puedo prometer que todo lo haré bien. Sencillamente, es imposible. Cuando me equivoque, intentaré rectificar".

Segundo, frente al "todo lo de los otros es desechable", matiza: "No todo lo que han hecho o proponen mis adversarios es negativo. Intentaré aprovechar lo mejor de sus aportaciones. Buscaré los siguientes acuerdos…".

Tercero, frente al "todo lo que haga será bueno", agrega: "Tengo que subrayar, especialmente en el contexto actual, que, si gobierno, voy a tener que tomar medidas dolorosas. Son las siguientes…".

Cuarto, frente al "todo lo prometo", corrige: "No puedo prometerlo todo; pero me comprometo a ser fiel a unos pocos principios prácticos (dos, tres o, tal vez, cuatro que explícito…) y a ser claro y veraz ante lo imprevisto".

Quinto, frente al "todo lo podré", aclara: "No todo será posible. Los (dos, tres o, tal vez, cuatro) valores que voy priorizar son los siguientes… Para preservarlos me propongo desarrollar las siguientes medidas concretas…".

¿Qué efectos tendría un discurso de estas características? No lo sé, no soy adivino. Sin embargo, no creo que tendría peores efectos que el contenido pueril de la mayoría de la propaganda electoral. A estas alturas del mundo, sigue habiendo candidatos que pretenden seducirnos alertándonos de que "viene el lobo" o asegurándonos que su voto es un billete a una arcadia justa y feliz.

No propongo, por supuesto, suprimir el principio de contradicción, ni la discusión, ni la confrontación democrática, ni la diferencia o pluralidad de opciones. Sugiero dotar de una mínima dosis de sinceridad y madurez al debate político para que no se reduzca a ser parodia y propaganda.

Tal vez la recuperación de la credibilidad en la política y del lugar noble que le corresponde pasa por algo de esto. Somos mayores de edad. También en política, la comunicación es, principalmente, transmitir autenticidad. Agradezco a los candidatos que nos hablan sin tonterías y con la mayor claridad posible.

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