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Activista clásico en defensa de la despenalización del cannabis, con Martin Barriuso (Bilbao 1965) no se puede obviar el debate sobre la legalización de drogas. Ahora, en el paro y con el coche intervenido, aguarda juicio tras ser acusado de tráfico de drogas
concha lago - Miércoles, 10 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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Martin Barriuso se queja de que fue detenido a pesar de que la actividad era pública. (Foto: pablo Viñas)
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bilbao. Ha sido detenido por un delito contra la Salud Pública y tráfico de drogas, su asociación ha sido precintada, intervenida la cuenta bancaria... Pero usted reafirma su legalidad.
Este año por los mismos hechos (distribuir cannabis ya que pertenecemos a una asociación de personas usuarias que se organizan para autoabastecerse de marihuana) en dos casos se nos ha considerado víctimas y en dos se nos ha imputado. Estaba imputado en dos causas, una en Bilbao, en la que se clausuró la asociación Pannagh y otra en Amurrio, que se ha archivado. Todo depende del juez.
Parece que preocupa mucho el cannabis y poco el alcohol, a pesar de los comas etílicos de los adolescentes.
La división existente entre drogas legales e ilegales no tiene mucha justificación científica. Se basa en tradiciones, intereses económicos y desinformación. En última instancia es una opción personal. Y es increíble que estemos discutiendo de esto durante décadas sin llegar a ninguna conclusión.
El propio Parlamento Vasco había anunciado que se iban a regular los clubs sociales de cannabis.
Sí, pero al disolverse, ha quedado todo en suspense. La ponencia no había terminado sus trabajos, tras oírse a todos los comparecientes, debían elaborar una propuesta legislativa al Pleno del Parlamento. Suponemos, por lo que nos han dicho los distintos partidos, que retomará los trabajos en el punto donde se dejaron. Como fue una ponencia aprobada por unanimidad, eso nos da garantías de que independientemente de quién gobierne, habrá consenso para que este tema siga adelante.
¿Cómo sería en materia de drogas una situación ideal?
Lo que no puede ser es que en un Estado de Derecho haya una serie de actividades que no saben si son legales o no, eso es incompatible con el principio de seguridad jurídica. Y eso es uno de los grandes agujeros que tiene la política penal en el Estado. Un país ideal sería el que elaborase sus políticas en función del derecho de los adultos, de la protección de los menores, de la reducción de riesgos y que se base en la evidencia científica, no en la moral.
Después de su detención, ¿se siente víctima de una conspiración o de alguna caza de brujas?
En las políticas de drogas hay muchos intereses. En nuestro caso, lo que creo que ha ocurrido es que la Policía Municipal de Bilbao -que tiene una unidad antidroga con una capacidad muy limitada- se ve en la necesidad de presentar resultados y tira a lo fácil, pescar en el estanque de las asociaciones que tiene localizables y así pueden incautar un montón de marihuana e inflar las estadísticas. Porque después de ser detenidos, la reacción fue que el Parlamento creó la ponencia. O sea que la cuestión está en la agenda política.
Se le acusa nada menos que de traficar con drogas.
Sí, se me imputa por tráfico de drogas, curiosamente una actividad que yo había comunicado públicamente en el Parlamento, ante el Ararteko, ante los fiscales. Y de repente, que se den por enterados que estamos distribuyendo cannabis, cuando además tenemos resoluciones judiciales a nuestro favor, es absurdo. Me detuvo el mismo policía, me metieron en la misma celda... algo que se supone que no puede pasar en un Estado de Derecho.
¿Qué ha pasado con los más de 300 socios que formaban parte de Pannagh?
Los socios han tenido que buscarse la vida, algunos con problemas médicos graves han tenido que acudir a otras asociaciones. Antes de decidir si lo que hacía la asociación es delictivo o no, se le está dejando morir. Ahora, curiosamente, lo único que hacemos es generar gasto a la administración y alimentar el mercado negro. Nosotros pagábamos a la Seguridad Social, un montón de impuestos a la Diputación y ahora lo único que se alimenta es el mercado negro y las mafias. Y gente que no suponíamos un gasto para nadie, estamos cobrando el paro y chupando de la teta pública.
Usted dice que ha sido humillado.
Sí, estoy espantado de cómo funciona la justicia, también me ha tocado pasar por servicios sociales y repasar todas las fronteras del sistema y estoy horrorizado de cómo funciona, de toda la burocracia absurda y es increíble cómo a la gente se le está deteriorando su calidad de vida.
¿Qué está pasando?
Es que todo esto se une al enorme descrédito que hay hacia la clase política. En la medida que en Europa mandan los mercaderes que operan en los mercados, el Estado está secuestrado y por eso la gente está perdiendo la confianza no solo en los políticos sino en las instituciones. La gente dice si el Estado no me va a garantizar nada, ni me va a pagar los medicamentos, ni una buena pensión, si voy a tener que ir con el tupper al cole, y me voy a tener que pagar las pruebas en el hospital... ¿para qué voy a colaborar? Es un estado absolutamente desprestigiado al que nadie va a querer aportar ni un duro. Es el holocausto del Estado social y sus instituciones y no nos damos cuenta que hay que plantear alternativas.
¿Por eso se está saliendo a la calle a protestar?
Pero es que aquí el protestar no sirve. Esto es un tsunami que está entrando y los únicos que se salvan son los que están en las alturas. El pueblo no tiene que ponerse delante de la ola para pararla, sino empezar a juntar tierra entre todos para hacer diques. Las excavadoras solo están para la zona de chalés. Un ejemplo es lo que sucedió en Argentina con el corralito, que los argentinos hacían ollas comunitarias, fuerzas urbanas y organizaban sistemas de trueque para intercambiar cosas y servicios.
l Cuentas. "Todas nuestras cuentas han pasado por Hacienda y si teníamos 108.000 euros es que estaban ahí porque nadie se los había llevado, estaban en una cuenta de ahorro a la vista a disposición de la asociación."
l Canutos. "Es verdad que hay parte de nuestros socios que usan el cannabis para uso recreativo, algo legítimo, teniendo en cuenta que hay millones de personas, que usan para lo mismo el alcohol. Por eso no veo por qué se nos tiene que perseguir. Que el cannabis tenga unos fines terapeuticos no justifica nuestro consumo. Nuestro consumo se justifica en la libertad personal".
Gracias por su comentario
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