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Martes, 9 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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El candidato a lehendakari del PP, Antonio Basagoiti, y el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, compartieron escenario ayer en Donostia. (Foto: efe)
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El candidato a lehendakari del PP, Antonio Basagoiti, y el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, compartieron escenario ayer en Donostia. Foto: efe
El eje y el hereje
El perfil de los candidatos a lehendakari refrenda el dominio de los partidos políticos de la cosa pública
igor camaño
donostia. La situación invita al exabrupto, a la reacción temperamental, a que griten las entrañas más que susurre el cerebro. Están manoseando tanto la entrepierna que resulta difícil aguantar, soportar las consecuencias de esta crisis que la mayoría de la sociedad dice no haber causado (¿o en parte sí?, con la avaricia del pelotazo inmobiliario, el dinero fácil, el jijijí y el jajajá…) pero que sí paga. Uno, en caliente, diría que los partidos no han entendido nada de esta crisis. O que si lo han entendido les da igual. La lógica de las cosas invita a pensar que solo se saldrá de esta con los mejores profesionales, los mejores gestores, la gente experimentada en la empresa y la gestión privada, los curtidos en soportar el timón en temporales similares. Ninguno de los candidatos a lehendakari cumple ese perfil. Más de lo mismo para un problema no resuelto. Todos, y todos son todos, por mucho que alguien ondee la bandera guay de alternativa, representan la definición perfecta que un diccionario de la política incluiría de un candidato de partido, de aparato. Prietas las filas.
Cabe escandalizarse, o no. El eje de la política siempre han sido los partidos. Todas las grandes decisiones en este país han pasado, pasan y probablemente pasarán por los respectivos discos duros de los partidos. Después las ejecutará un ayuntamiento, una diputación o un gobierno. Así ha sido y así será. Nadie ha planteado una alternativa. Ante esto también cabe escandalizarse, o no. Quizá lo más próximo, lo que asustó o inquietó al establishment, fue el movimiento de los indignados. Ante la incalculable dimensión de lo que parecía venir, todas las formaciones tomaron nota y reconocieron públicamente que la tomaban, mucho más importante que tomarla. Mandaron el lápiz y la libreta al cajón de las intenciones cuando comprobaron la deriva de la masa: formar otro partido.
El barómetro de septiembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) vuelve a colocar a la clase política, los partidos y la política en general como el tercer problema de los ciudadanos. El paro y los problemas de índole económica son los únicos aspectos que adelantan a esa penosa imagen que la sociedad compone de sus políticos. La corrupción y el fraude van detrás. Con fenómenos como ese tal Castelao, presidente de los españoles en el exterior y afiliado del PP, capaz de soltar: "Las leyes son como las mujeres, están para violarlas", se entiende perfectamente la desafección ciudadana a políticos de ese pelo, que después de dimitir se jacta de no marcharse por su burrada sino por temas personales. Generalizar es injusto. E injusto es colocar a todos los políticos en el mismo escaparate. Seguramente, alguien capaz de parir semejante patochada, no tendría mucho futuro en este país. Euskadi también es distinta en eso.
¡Pues que gobiernen los mejores! Venga, va. ¿Y quiénes son los mejores? Pues el que más sepa de Economía, el que más sepa de Cultura… Los tecnócratas. Grecia apostó por un Ejecutivo de este tipo y ahí deambula, tan mal o peor que cuando la gestionaban los políticos. A Italia le va un poco mejor con Monti; claro, es que hasta Perry el Ornitorrinco lo haría mejor que bunga bunga Berlusconi.
pizarro Denunciar la golfería de un país no es clamar contra los políticos, que también, a veces, sino contra todos los que golfean y trampean en sus trabajos y responsabilidades. Por eso también se fueron al carajo algunas de las grandes empresas de Ezkerraldea, porque el tiempo para trabajar algunos lo empleaban en robar y chanchullear. Pero es tan fácil echar la culpa a los de siempre… La honradez colectiva es la suma de las honradeces particulares. También el PP quiso probar el milagro. Rajoy fichó a Manuel Pizarro, expresidente de Endesa y subido a los altares como gestor intachable, modélico, en la empresa privada. Solo dos años después abandonó su condición de diputado con mucha, pero mucha, más pena que gloria. Habrá que convenir que la política es para los políticos. Y que los políticos salen de los partidos. Y que quien manda son los partidos. Y a partir de aquí, elegir.
Elegir con fundamento. A los caballos se les miran los dientes. A los melones, el peso -aunque las verdaderas pistas deben de estar en su olor y en su piel-. A los pescados, los ojos. A los partidos hay que mirarlos y remirarlos: experiencia, programa, equipo, currículum, examen de su pasado, qué han hecho, qué han dejado de hacer… Este país no puede gobernarlo cualquiera. El futuro está en juego. Eso de que cualquiera puede gestionar es una mentira que no es verdad. Hay candidatos y partidos que no tienen ni experiencia ni aval. El experimento de jugar a los cacharritos en el Gobierno ha bastado y sobrado con los que salen. Ahora toca un gobierno de verdad. Un gobierno del cambio. Del cambio a mejor, no a peor todavía. Es lo que espera la gente.
Que cualquiera puede gobernar es incierto; hay partidos sin experiencia ni aval en un país que no soportaría otra probatura
Denunciar la golfería de un lugar no es solo clamar contra los políticos, también contra los que trampean en sus trabajos
Gracias por su comentario
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