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El Guggenheim, Kursaal, Euskalduna y BEC se forjaron en las legislaturas de Ardanza e Ibarretxe
maite redondo - Martes, 9 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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Foto de familia en la sesión de clausura de la 60ª edición del Zinemaldia de Donostia, celebrada hace unas semanas. (Foto: javi colmenero)
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Guggenheim, Euskalduna, el Kursaal, Artium, el BEC... Las infraestructuras culturales vascas han convertido a Euskadi en un referente con una nueva imagen internacional. Mientras Bruselas designa a Donostia Capital Cultural en 2016, el Guggenheim ha colocado a Bilbao en en el mapa de la excelencia mundial.
Cuando a finales de los ochenta, políticos y empresarios empezaron a considerar la idea de reconvertir Bilbao, tuvieron clara la frase que debería dar forma a sus actuaciones: "La cultura como motor económico". Bilbao necesitaba un proyecto a la altura de su contexto y de su pasado. A finales de 1990 el Gobierno Vasco ofreció una propuesta a la Fundación Guggenheim: construir uno de sus museos en Bilbao.
El 9 de abril de 1991 Thomas Krens, un exjugador de baloncesto de casi dos metros de estatura y director por aquel entonces de la prestigiosa red museística, descendió del avión en el aeropuerto de Sondika con una gabardina y un ordenador al hombro para mantener una entrevista con una delegación del Gobierno Vasco y de la Diputación de Bizkaia. Krens siempre ha reconocido que al principio no le pareció una buena idea. "No era algo personal con Bilbao, pero era una ciudad desconocida", ha confesado en visitas posteriores a la capital vizcaina. A Krens le convenció que las autoridades vascas tenían un plan ambicioso, pero muy pensado y elaborado. "Había un número de personas en el Gobierno del Partido Nacionalista que había pensado cuidadosamente cómo desarrollar su ciudad. Sabían que tenían que invertir en infraestructuras culturales".
El 27 de febrero de 1992 el lehendakari José Antonio Ardanza firmaba en Nueva York el acuerdo definitivo para la creación en Bilbao del Museo Guggenheim. El lehendakari siempre ha considerado que Euskadi necesitaba un revulsivo para ilusionar al país. Consultó con Jon Azua, vicelehendakari, y Joseba Arregi, por aquel entonces consejero de Cultura, entusiastas con el proyecto.
Ardanza reconoció en numerosas ocasiones que uno de los puntos que más le atrajo de este proyecto fue su concepción cultural. "Muchas veces se nos achacó a los nacionalistas que teníamos una idea local, cerrada con la cultura".
oposición Fueron meses de polémica, con una gran parte de la opinión pública y de sectores vascos en contra, entre ellos, muchos artistas vascos, que veían en el museo un intento de colonización cultural yanki. El PSE fue también uno de los más reacios a abrir un Guggenheim en Bilbao. Cuando la iniciativa se presentó en la comisión del Gobierno Vasco, los socialistas se opusieron rotundamente a una idea que consideraban que iba a ser un fracaso, a pesar de que el coste total del museo equivalía tan solo a 40 kilómetros de autovía. Tras meses de negociaciones internas entre las ejecutivas del PNV y el PSE, y tras vencer muchas reticencias, se consiguió convencer a los socialistas, pero estos pusieron como condición para su aprobación que se redujera la superficie del museo en un 30%.
El Guggenheim Bilbao obtuvo luz verde en el Parlamento Vasco el 21 de febrero de 1992, con los votos a favor del PNV y el PSE, por aquel entonces socios de gobierno. La imagen ya es histórica. El lehendakari Ardanza, José Alberto Pradera, por aquel entonces diputado general y el entonces alcalde de Bilbao, Josu Ortuondo, asistían a finales de 1993 a la colocación de la primera piedra del futuro museo, que iba a ser diseñado por uno de los primeros espadas de la arquitectura mundial, Frank Gehry.
El 19 de octubre de 1997 el Guggenheim Bilbao abrió sus puertas al público y quince años después, los números hablan por sí solos: Más de 14 millones de visitas, 100 exposiciones de gran nivel artístico, 124 obras de la colección propia, un apoyo social en forma de 16.000 amigos del museo, su nivel de autofinanciación se sitúa en torno al 67%, lo que le sitúa a la cabeza de las instituciones culturales europeas.
Su actividad económica supuso en 2011 unos ingresos adicionales para las Haciendas vascas de 42,2 millones de euros y ha contribuido al mantenimiento de 5.885 empleos.
Josu Bergara, diputado general de Bizkaia cuando se inauguró el museo, siempre lo ha tenido muy claro: A las autoridades vacas no les gusta que nadie les hable de milagros. "Han venido muchas ciudades dispuestas a copiar este modelo, pero aquí no ha habido fórmulas mágicas. Es el resultado de muchos años de esfuerzo de las anteriores administraciones vascas y de un plan para regenerar Bilbao".
Anualmente, visitan el museo casi un millón de personas, de los cuales casi el 62% son extranjeros y el 20% del resto del Estado, un turismo del que también se beneficia el resto de Euskadi.
El Guggenheim ha sido el motor del cambio y el principal culpable de que Bilbao haya cambiado radicalmente para convertirse en una ciudad de servicios, abierta al mundo. Pero no fue la única infraestructura cultural por la que apostaron los anteriores gobiernos vascos. Dos años más tarde, en 1999, el Palacio Euskalduna abría sus puertas, tras una potente inversión de 81 millones, procedentes en su mayor parte (84%) de la Diputación de Bizkaia. Este gran complejo multifuncional, a cuyo frente ha estado siempre Jon Ortuzar, acaba de presentar una ambiciosa ampliación, reconocido ya como uno de los principales palacios de congresos del mundo.
Bizkaia cuenta también desde 2005 con el Bilbao Bilbao Exhibition Centre (BEC), que sustituyó a la Feria Internacional de Muestras de la ciudad, que contó con más de 440 millones de inversión. El recinto tiene un área de más de 250.000 metros cuadrados, con 246.457 metros cuadrados para actividad congresual.
donostia, capital cultural Bruselas ha designado formalmente a la capital guipuzcoana Capital Cultural en 2016. La capitalidad representa "un gran beneficio para la ciudad y para el país y supondrá una oportunidad para dar a conocer a toda Europa la lengua y cultura vascas", según su alcalde Juan Karlos Izagirre.
Los miles de turistas que se acercarán a la ciudad podrán disfrutar del Kursaal, su joya cultural, que abrió sus puertas el 3 de junio de 1999. Trece años después -cuando el palacio ha conseguido una posición de liderazgo en actividad congresual y se convierte habitualmente en la capital mundial de la gastronomía- sigue siendo una apuesta certera. Las fotografías de las estrellas de cine, en la alfombra roja del Zinemaldia, a la entrada del Kursaal, dan la vuelta por todo el planeta. El balance de la actividad del Kursaal es excepcionalmente positivo. Su actividad facturó 4,2 millones de euros en 2011 y generó en 2011 un impacto económico de 53 millones en Gipuzkoa.
Artium, en Gasteiz, ha celebrado su décimo aniversario con una nueva mirada sobre sus fondos de arte contemporáneo. "En este tiempo ha dejado poso y ha contribuido a la riqueza cultural y social del país", dice su director Daniel Castillejo.
sin proyectos El departamento de Cultura, dirigido por Urgell no ha presentado proyectos nuevos y ha suprimido el Plan vasco de Cultura, la apuesta cultural más importante de las últimas legislaturas en Euskadi, que había supuesto años de trabajo a las instituciones y muchas horas de reuniones con los numerosos agentes culturales. Lo sustituyó por el Contrato Ciudadano de las Culturas, el CCC, que sigue siendo un documento que se mueve en el plano teórico, lo que ha provocado las quejas entre los sectores culturales, afectados por la grave crisis económica.
Se especificaba que no solo el Departamento de Cultura, sino que también otros departamentos del Gobierno (Educación e Industria, entre otros) iban a destinar recursos económicos de su presupuesto a Cultura. Tampoco se ha hecho.Y no ha sacado adelante los compromisos del propio departamento: la Ley de Acceso a la Cultura, el Plan de Contratos Programa para la ayuda a la creación y producción artística (el único que había, el de EITB, lo han anulado), el plan de apoyo a las galerías de arte, al pequeño y mediano comercio cultural...
No hay información de cuándo se inaugurará el Archivo Histórico Vasco, que continúa en obras, ni el Centro de Artes Escénicas, que ya ha sufrido varios retrasos.
Básicamente, el PSE ha centrado su gestión en la oposición frontal a la marca Guggenheim. Urgell ha dejado claro que "el ejecutivo socialista está incómodo con el Guggenheim". Su viceconsejero Antonio Rivera llegó a aprovechar un simposio en Brasil, con expertos de todo el mundo, para incluir en su intervención sobre el efecto Guggenheim críticas despectivas hacia el director del museo, hacia el museo, e incluso hacia la propia institución que él representa, al asegurar que "todo lo que rodea al museo destila demasiados elementos cuestionables, desde su origen hasta la fecha".
El departamento ha sido también muy duro con el proyecto de ampliación del museo en Urdaibai en esta misma línea por apostar por la cultura como motor económico. Urgell rechazó el proyecto aduciendo que tiene una concepción "simplista y grosera" de la cultura.
Como alternativa, presentó la iniciativa Sentido y Sostenibilidad, con intervenciones de arte efímero de creadores internacionales en la comarca de Urdaibai, enmarcada en el programa Año de las Culturas por la Paz, que se está celebrando con motivo del 75 aniversario del bombardeo de Gernika, al que se ha destinado una partida extraordinaria de cinco millones de euros, en un ejercicio presupuestario ya bastante mermado por la crisis. Una iniciativa que ha pasado casi desapercibida y que no ha dejado ningún legado en la sociedad vasca.
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