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Activista convencido de los derechos humanos, Andrés Krakenberger (Lima, 1957) fue desde el año 1996 hasta 2001 presidente de Amnistía Internacional de España y ahora lidera una asociación cuya máxima es la justicia, reparación y la no discriminación
concha lago - Lunes, 8 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:24h
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Krakenberger posando tras una entrevista. (Jose Ramon Gomez)
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¿Han cambiado algo las cosas desde que usted presidía la sección española de Amnistía Internacional?
En un tiempo de bonanza económica había ciertos derechos que se daban más por descontado. Los dábamos por históricamente conseguidos y creíamos que nadie nos los podía arrebatar, como el derecho a la educación o a la sanidad. Ahora, en tiempos de crisis, vemos que esto no es así. Y además vemos que en el intento de paliar la crisis económica, siempre, siempre, atacamos al más débil. Queremos hacer recortes en sanidad, pues vamos contra los inmigrantes sin papeles. Pues no, todos nacemos iguales en derechos y dignidad. Vamos a aplicar el derecho internacional y a dejarnos de tonterías.
Una vez superada la violencia de ETA, ¿cuáles son las asignaturas pendientes en Euskadi en materia de derechos humanos?
Aunque podemos estar de enhorabuena porque ha terminado la violencia armada de ETA, quedan asignaturas pendientes derivadas de esa situación de violencia política. Las víctimas de ETA, de fuerzas policiales o parapoliciales tienen el derecho a verdad, justicia y reparación. Y los últimos pasos que se han dado, como el decreto del Gobierno vasco, produce un cierto grado de reparación centrada en lo indemnizatorio que obvia otros aspectos y deja a mucha gente fuera. Además solo cubre hasta el año 78. Y por supuesto como asignatura, todo lo derivado de la memoria histórica. En España se ha seguido el camino contrario a otros países haciendo una ley de amnistía, de borrón y cuenta nueva y cada vez hay más voces que dicen que es una ley de punto final.
Pero hay más.
Sí también se violan los derechos económicos, sociales y culturales. La declaración universal de Derechos Humanos dice que todos nacemos iguales en dignidad y derechos, pero esta situación de crisis hace que los recortes en sanidad y en educación denieguen derechos que han sido reconocidos.
Y está la violencia machista.
Claro, no se puede olvidar la lacra de la violencia machista. Y sobre todo destacar esas víctimas olvidadas que son los niños.
Un informe de Argituz incide en esta situación.
En Argituz, siendo poca gente y con pocos medios, vamos priorizando poco a poco pero estamos a punto de sacar un informe sobre violencia de género. Hemos entrevistado a mujeres víctimas de violencia machista y las peores quejas se centran en la judicatura, hablan pestes de la judicatura. Argituz pretende ser una asociación de derechos humanos transversal y cubrir todos los campos posibles.
¿Cómo encara estas elecciones?
Va a ser una legislatura muy complicada, en parte porque se planteará el tema del derecho a decidir, pero sobre todo por la crisis económica porque me temo que todavía no hemos pasado lo peor. A nuestro favor tenemos que la violencia de ETA ha terminado y que sea cual sea el resultado, estará representada legalmente la totalidad de la sociedad vasca. Eso es una ventaja a la hora de afrontar soberanía, independencia, etc...
¿Qué víctimas son más fáciles de abordar?
No se pueden hacer prioridades. Todas las víctimas que hayan visto conculcados sus derechos son igual de importantes. No cabe hacer ninguna priorización, no son más importantes las víctimas de violencia política o de racismo o xenofobia. Son situaciones de sufrimiento de seres humanos que son muy difíciles de abordar. Aunque yo no voy diciendo que la culpa de todo es de los políticos, sino que la culpa es de todos en su parte alicuota.
Dibuja un panorama descorazonador.
Yo no dejo que lo sea porque no me puedo permitir ese estado de ánimo. No es cuestión de mostrarme pesimista u optimista, es una cuestión de determinación. Igual si afronto la situación con demasiado optimismo puede hacer que trabaje menos de la necesario, y si acudo con pesimismo, igual me desanimo y obtengo un resultado negativo.
Lo ha vivido en primera persona con el caso Pablo Ibar.
Sí, porque la clave es la determinación. Decir, el derecho es este y yo voy a hacer todo lo posible para que se cumpla. Ahora mismo, el juicio se está repitiendo y se prevé que acabará en noviembre. El tribunal, aún reconociendo los defectos de forma del primer juicio, le confirmó la condena porque se creyó la foto borrosa de videovigilancia donde se ve una cara con un fondo de fuerte contraste lumínico y muy poca resolución. Yo no creo que se pueda condenar a nadie por una foto borrosa. Miento, no se puede condenar a muerte a nadie. Punto.
Ha sufrido una travesía procesal difícil.
Tuvo un abogado de oficio que manifiestamente no estaba en situación de defender a nadie y que obligó dos veces a detener el juicio. Cuando cayó la pena de muerte se apeló la sentencia en el Tribunal Supremo de Florida, que sin embargo la ratificó. En esa apelación tuvo el mismo abogado que defendió a Joaquín José Martínez pero no salió bien. Y ahora tiene otro porque es especialista en esta apelación que se está realizando, que es volver a poner en juicio la sentencia no ya por el fondo si no por las formas.
¿Cuándo prevé que podrá haber un desenlace para este caso?
Pablo Ibar es un corredor de fondo y tiene que serlo. Aquí no valen los sprints. Aunque tiene sus altibajos, él es consciente de que esto va para largo.
l Retrato-robot. "Las víctimas de conculcación de derechos humanos son siempre son los/as más vulnerables. Mujeres más que hombres y niños más que adultos".
l Recesión. "Esta crisis, donde los estados pierden soberanía en función de los famosos mercados, hace que cada vez se vulneren más los derechos sociales y económicos".
l Ruta. "Las declaraciones de Derechos Humanos nos marcan una hoja de ruta perfecta. Superaremos la crisis mejor o peor en la medida que los instrumentos sean los derivados de los DDHH que normalmente suelen ser los últimos de la fila".
Gracias por su comentario
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