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La Filmoteca Vasca y la de Navarra se han unido para dedicar un ciclo y un libro a esta realizadora que deslumbró con su primera ficción, 'Ander eta Yul'. Desde entonces, han pasado más de 20 años y siete películas comprometidas con personajes que añoran otros tiempos y lugares
ana oliveira lizarribar - Domingo, 7 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:26h
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La cineasta Ana Díez posa con la Ciudadela de Pamplona al fondo. (Foto: oskar montero)
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pamplona. ¿Cómo se siente una cuando le dedican libros y retrospectivas?
Cuando me lo comentaron los de Filmoteca Vasca me pareció muy extraño y les dije que se habían equivocado, que seguramente habría gente más adecuada o con más edad o que haya decidido que su carrera cinematográfica va a acabar. Y yo veo que estoy empezando.
¿Es lo que siente?
De verdad que sí. Este oficio nunca se aprende del todo. Yo he dirigido varias cosas, algunas han ido bien, otras peor, otras yo qué sé... Por eso todo esto me sonó raro al principio, pero no puedo negar que también me halagó. En este oficio hay que alimentar el ego un poco de vez en cuando (ríe), porque, claro, estás acostumbrada a las líneas lapidarias de la crítica, que a veces te liquidan en dos párrafos y otras en uno, así que tener un libro donde poder explicarte está muy bien. Aun no lo he llegado a asumir del todo, pero estoy contenta.
¿Cómo ha sido el proceso de elaboración del libro?
Los autores basan el libro en una entrevista que me hicieron durante dos días seguidos. Creí que me enfrentaría a un primer grado, pero no fue así; ellos conocían mi obra casi mejor que yo, y en parte es lógico, porque habían visto mis trabajos todos seguidos y pudieron sacar temas y reflexiones que yo soy incapaz de sacar. El encuentro me sirvió para recuperarme a mí misma y se convirtió en algo así como un psicoanálisis público. Aunque reconozco que quitarse capas y poner al aire todas tus inquietudes da cosa (ríe).
¿Qué le ha parecido el resultado final?
No lo he leído entero porque me daba angustia y pudor, pero me parece un estudio muy serio, que incluye la entrevista, un análisis histórico de mis obras y también un glosario de lo que supone mi trabajo, que han calificado como un cine de historias pequeñas dentro de la historia general, como si mis personajes no pudieran desprenderse del contexto sociocultural y económico en el que nacen.
¿Comparte esa definición?
Pues me sorprendió porque, en efecto, es cierto que hay algo de eso en mis personajes. Siempre quiero saberlo todo de ellos, hasta a qué partido votarían, aunque no salga en la película; es decir, qué posición vital tienen. Y los autores del libro se han fijado en eso, como también dicen que mis trabajos son contundentes; nada maniqueos, sin buenos ni malos; que casi siempre hay un dilema moral. Y estoy de acuerdo, absolutamente sí.
¿Qué ha supuesto mirar atrás y repasar detenidamente su trayectoria?
Ha sido curioso, porque ahora no estoy en la posición vital en la que estaba cuando hice esas películas, y reconozco que a veces me ha dado hasta miedo ver algunas de ellas. Yo tenía claro lo que quería contar cuando las hice, pero me interesaba saber si los autores del libro verían lo mismo o algo totalmente diferente. Y me han vuelto a sorprender al decirme lo que pensaba yo, pero todavía más. Eso es muy enriquecedor y halagador al mismo tiempo. Uno cuando escribe un libro o hace una película quiere que le lean o le vean, así que tener a tres personas haciéndolo ha estado muy bien.
El libro se titula 'Los paraísos perdidos' porque, según sus autores, la añoranza de lugares que ya no son es lo que une a los personajes de Ana Díez, ¿qué opina?
Es cierto que todos mis personajes, incluidos los de los documentales, tienen en la cabeza una situación en la creen que podrían haber vivido mejor o un tiempo histórico en el que piensan que las cosas podrían haber ocurrido de otra manera. Y para lograr una pequeña felicidad muchas veces recurren a ese recuerdo. La verdad es me parece un título atinado.
De Ana Díez dicen que es una cineasta comprometida, ¿lo comparte? ¿Qué entiende por compromiso?
A veces, compromiso es un término devaluado. Yo me comprometo con las historias en el sentido de que intento ver todos los matices de los personajes, investigar la situación en la que se devuelven, su país, su ciudad... Y creo que ese calificativo se debe a que mi punto de vista no es nada dogmático. Nunca me he adherido a dogmas, ni políticos ni estéticos ni éticos. Siempre intento indagar todos los aspectos de un tema y no pretendo dar soluciones, porque no las tengo, solo planteo un problema que sigue vivo después de hacer la historia y que al público puede interesarle reflexionar sobre él.
Pero sí fue una joven con un gran compromiso social.
Sí. Viví mi adolescencia en los últimos años del franquismo y tenía 20 años cuando murió el dictador. Durante la Transición, la ebullición política era tremenda y aunque nunca me adscribí a ningún partido política, fui miembro activo de aquella etapa que, además, en Navarra, por sus peculiaridades, fue especial. Me siento muy orgullosa de haber crecido en Pamplona y de ser navarra. Tomé parte del movimiento asambleario, en comisiones... Aquí la Transición tuvo muchas expresiones, bullía, y fui muy activa. Seguramente, si hubiera nacido en Valladolid habría sido facha o del PC (ríe), pero aquí había más posibilidades.
¿Le recuerda en algo la agitación de hoy a la de aquel momento decisivo? ¿Cree que el compromiso es ahora más importante que nunca?
Hace falta un absoluto compromiso y participación. Hay una crisis de la democracia y del sistema en todo el mundo. Eso también sucedió en otros momentos como Mayo del 68, donde estaba la guerra de Vietnam, la revolución cultural china, y ahora está volviendo a pasar con el 15-M, el movimiento Occupy Wall Street... La gente está buscando vías, no se sabe cuáles van a ser, y es un momento muy interesante. Que miles de personas griten no nos representan, que la profesión de político sea la más devaluada y que incluso en alguna comunidad les va a quitar casi todo el sueldo... ¿Quién va a hacer política? ¿Los aristócratas de nuevo? Está claro que algo huele a podrido en Dinamarca.
¿Cómo elige las historias?
Quizá sea un lugar común, pero, muchas veces, las historias te eligen. Recuerdo que ha habido veces en que no he querido moverme mucho de mi casa para trabajar, pero luego venían historias como La mafia en La Habana y Galíndez y no podía dejar de hacerlas. Las historias te aparecen en el camino, se me cruzan, y no puedo evitarlas.
¿El éxito de su primer largo le echó mucha presión encima?
La verdad es que no me enteré. Cuando recibí el Goya estaba embarazada de mi segundo hijo y poco después me quedé embarazada del tercero. La maternidad es muy absorbente y así es como debe ser, pero no me dejó tiempo para pensar en premios, solo en nuevas películas. Recuerdo que fui a localizar a Colombia estando embarazada. Y tenía razón Ángel Amigo cuando me dijo que lo de los premios se nota con el tiempo, no en el momento en que te los dan. A mí lo que me interesa es contar historias que me llenen y con las que me sienta muy implicada. Nunca he tenido prisa, bueno, sí, ahora me ha dado por la prisa precisamente cuando no hay dinero para financiar nada (ríe). Pero el cine es solo una parte de mi vida, también hay que dejar tiempo para la maternidad, el amor, el no amor... No soy de las que doy mi vida por el cine.
¿Lo ha tenido más difícil en la dirección por ser mujer?
Yo no he notado que ser mujer me haya dificultado hacer películas, pero hay una realidad muy patente: hay muy pocas directoras de cine, exageradamente pocas. Cuando empecé no había escuela de cine y no fue fácil acceder a este mundo y más desde provincias. Ahora, las facultades de cine y de comunicación audiovisual están llenas de mujeres, pero ¿por qué no llegan a los puestos importantes? Imagino que es por el famoso techo de cristal y porque no hay muchos modelos que seguir. Sin olvidar que vivimos en un país en el que la conciliación trabajo-familia es muy, pero que muy complicada. Muchas veces, una mujer suele hacer su primera película cuando está en edad de tener hijos, pero, claro, compaginarlo todo es muy difícil y no ha habido medidas sociales para facilitar las cosas. No somos un país en el que la maternidad se apoye políticamente, de hecho somos un país de viejos, seguramente por eso hay pocas directoras de cine y por eso hay unas cuantas más en la televisión, por aquello de que tienen horarios, más estabilidad laboral... Pero aun así siguen sin ocupar jefaturas y altos cargos.
¿Y ahora qué? ¿Sigue con el guion de 'La puerta del amor' junto a Manuel Hidalgo?
Estamos felices con el guion, pero la cosa va lenta porque las nuevas medidas del Gobierno van a provocar que el audiovisual desaparezca. Es una pena porque hay cantidad de técnicos, maquilladores, directores de arte, montadores, sonidistas que no tienen trabajo. Muchos profesionales con una gran cualificación están emigrando. Lo último que ha dicho el ministro de Cultura es que van a pagar, pero solo lo que se debe, así que no sé qué cine va a haber el año que viene. Somos un país muy potente en cine, en imagen, en pintura, en puesta en escena y recortar todo eso es brutal. Además, ¿qué va a pasar con todos los estudiantes de las escuelas de cine?
¿Optarán por otras vías de financiación?
Ahora mismo tenemos a gente interesada por el proyecto, pero a ver cómo se levanta.
Gracias por su comentario
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