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El Gol

por mikel recalde - Sábado, 6 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:26h

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El gol de Iñigo Martínez ante el Betis de la pasada campaña fue, con una gran diferencia, la gesta de la temporada

estoy preocupado. Creo que me estoy haciendo viejo. Y lo peor no es que lo perciba yo, si no que lo empiezan a notar los demás. Esta temporada colaboro en unas tertulias que organiza Erreala Tv (www.erreala.tv) y en una de sus grabaciones, el periodista y amigo Haritz Mutilva tuvo la perturbadora idea de hacerme una pequeña entrevista para preguntarme por mis recuerdos de la Real. Yo ya le dije que si fuesen maestros de maestros como Iñaki de Mujika o Gorka Reizabal lo podía entender, pero que en mi caso, sin ánimo de polémicas, la propuesta me parecía hasta un poco ofensiva. El caso es que en la misma me preguntó por un momento concreto de mi vida de txuri-urdin. Como me cogió un poco de imprevisto, solo pude destacar los famosos duelos de la Copa de la famosa campaña del doble subcampeonato, el 4-2 al Madrid en la Liga 2002-03… Pero si hablo de un momento concreto, de emoción máxima, se me olvidó citar el gol de Iñigo Martínez. Sé que no tuvo ninguna trascendencia desde el punto de vista clasificatorio, salvo que evitó que destituyeran a su técnico, pero el vuelo del balón y la forma en la que entró, tras tocar el larguero, me la llevo a la tumba.

Siempre he dicho que en mis 37 años de vida he conocido pocas sensaciones más excitantes que cuando la Real gana un partido con un gol en el último minuto. Sin ir más lejos, Javi Gracia era uno de los jugadores que menos me gustaban de su época y a los que más criticaba, pero después del tanto que anotó ante el Athletic en el descuento, que permitía mantener una racha de más de diez derbis sin perder, se ganó mi respeto eterno. Jamás me volví a meter con él y es más, cuando alguien lo hacía delante de mí, no tardaba en decirle la coletilla: "Sí, lo que quieras, pero marcó ese gol al Athletic".

El caso es que el tiempo, ese que consumo yo al parecer tan rápidamente, nos lleva a olvidar con celeridad, pero jugadas milagrosas como la de Iñigo Martínez permanecen en la retina de por vida. Por mucho que las cadenas de televisión nos aburran con los Cristianos y Messis no tengo ninguna duda de que el tanto del de Ondarroa fue, con una diferencia abismal, la gesta de la temporada. Con el plus de dramatismo que añadimos nosotros al saber que su entrenador estaba con un pie fuera del club, toda la jugada es una oda a la heroicidad. Les recomiendo que la vuelvan a ver. En el descuento, con su equipo moribundo tras ver cómo le empatan un 0-2 después de haber sido netamente superior y viniendo de una racha de siete encuentros sin ganar, Supermartínez, al que se le veía negro de impotencia en el campo, se anticipó a un rival tras leer con inteligencia un pase, salió de la cueva con personalidad, tiró una pared con Griezmann y desde su propio campo, bastante escorado, lanzó un misil tan potente como preciso que acabó en las redes ante la estupefacción de los millares de béticos del universo. Sin duda una de las mejores síntesis de la jugada la expuso Pepe Mel, al que las imágenes le cazaron un revelador y tronchante (para nosotros) "no me jodas" cuando el esférico volaba sin remisión hacia el fondo de las mallas.

Desde que ejerzo de periodista siempre he tratado de mantener un respeto y un mínimo de decoro en los palcos. En esta ocasión, nos encontrábamos en una cabina los tres enviados especiales de los periódicos guipuzcoanos. Uno de ellos, al disparar Iñigo, dijo "no, que está en fuera de juego", refiriéndose a Agirretxe, que le pedía el balón en largo pero que se había adelantado demasiado. Los otros dos ya estábamos de pie siguiendo el glorioso vuelo del balón. Y entró. La pérdida de papeles fue de las que tampoco se olvidan, e incluso me emociono solo al recordarlo. El fútbol es así, ¿qué hubiese pasado si se hubiese estrellado en el larguero? Esa sin duda habría sido otra historia, mucho menos apasionante que la que vivimos aquel mediodía. Yo, por si acaso, me saqué una foto justo en el sitio del disparo. El lugar desde donde Iñigo nos hizo felices a todos. Será sin duda una de las jugadas que más repetiré como abuelo cebolleta.

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