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Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa

Próxima estación, esperanza

Igor Camaño - Viernes, 5 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 08:30h

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Bajo el lema de resistir, varias personas se concentraron ayer frente a la Delegación del Gobierno en Bilbao en el inicio de la campaña electoral de EB

(EFE)

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El futuro lehendakari tiene el reto enorme de guiar a los vascos hacia la salida de la crisis económica
igor camaño Donostia. Una máxima periodística despacha que no hay mejor improvisación que la que se prepara. Le llaman la caja tonta pero de tonta tiene poco. La televisión es el medio más impactante y los partidos y los candidatos buscan impactos. Un impacto es un mohín, una pose, una gracia, un aire, una frase, una impresión, una sensación, un algo que toque la fibra del indeciso y que convierta su duda en un voto. Déjate la vida en elaborar un programa, pensar ideas, formar equipos, trabajar sin descanso y resulta que vale más salir bien en la tele que todo lo anterior. Asín semos. Por eso los partidos se han tomado muy en serio el Euskadi Pregunta. Todas las formaciones se han esmerado para que sus candidatos improvisen de forma perfecta. En uno de esos ensayos previos, los asesores de Iñigo Urkullu le recomendaron que sonriera más, que intentara trasladar una imagen más alegre. "Dientes", que decía la Pantoja a su Julián cuando, ratatatatá, les cosían las ráfagas de los fotógrafos del corazón mientras paseaban por la Marbella del tío Gilito. "Con esta situación y el horizonte que tenemos, no me sale sonreír", les respondió, contundente, el candidato a lehendakari del PNV.

Dulce introducción al caos gran canción de Extremoduro, por cierto: el próximo lehendakari partirá hacia Ajuria Enea bajo la mirada trémula de 164.139 vascos que no tienen trabajo (ese día incluso pueda ser alguno más), un drama que únicamente entiende en toda su inmensidad quien lo sufre o ha sufrido. 164.139 personas y sus circunstancias que esperan que alguien haga algo, que solucione esto y que convierta en realidad eso que recoge el artículo 35 de la Constitución: que todas las personas tienen el deber y el derecho al trabajo.

El próximo lehendakari contará con 1.653 millones de euros menos de presupuesto para encauzar la solución. La cuenta es fácil: 500 millones de los intereses del endeudamiento brutal del Ejecutivo López (¡qué fácil es gastar cuando lo tiene que pagar otro!), más 535 millones del déficit del ejercicio 2012, y más 600 millones que sí figuraban en el presupuesto pero que el descenso de la recaudación ha volatilizado; total: -1.653 millones. Eso, pa'empezar. Quizá sea sumar peras con manzanas, pero hay otros 500 millones más correspondientes al Cupo que López no negoció con Madrid y que deberá intentar rescatar su sucesor. Por no hablar, que también, de las 500 empresas de Gipuzkoa que han bajado la persiana en los últimos tres meses 1.900 desde 2008. Si estos datos conocidos son temibles, qué decir de los desconocidos, de los que se encontrarán cuando abran los cajones y levanten las alfombras. No extraña que a Urkullu le cueste forzar la sonrisa. Es para echar a correr.

Zp, Rajoy y López La crisis se ha llevado por delante, así, literal, a tres gobiernos en tres años. Al de Zapatero, al de Rajoy en sentido figurado y al de López. El primero ni la vio venir. La avalancha hundió a los socialistas en la negra espesura de la impotencia. Improvisaron, sin prepararlo. 50.000 millones del Plan E enterrados en cemento (otra vez el cemento) para levantar y renovar aceras que no requerían ni ser levantadas ni ser renovadas, 46 millones solo en carteles de propaganda, y pasó lo que pasó: que la bola se hizo más grande, lo mismo que la deuda, una de las sogas que ahoga a la economía.

Rajoy se frotaba las manos desde la oposición. El gallego copió aquel "váyase, señor González" que martilleaba Aznar y, cual organillo, vuelta y vuelta a la manivela del "váyase, señor Zapatero". El PP vendió que tenía ideas, proyectos y planes para enderezar el rumbo económico. Rajoy hizo creer a los españoles que les sacaría de la crisis. Alentó esa ilusión, esa esperanza. Los hechos han demostrado que les mintió. Rajoy y su Gobierno muestran idéntica impotencia, idéntica improvisación sin preparar ante la crisis que Zapatero. Idéntica. La situación también les ha pasado por encima. El desastre de López está fresco, así que no merece la pena ni malgastar una línea, que al final siempre se echan en falta. La sociedad vasca sabe qué ha pasado y sabrá actuar en consecuencia.

Todo el mundo mira a Urkullu, quien parece el ganador de todos. El PSE ya aventura qué recortes efectuará el dirigente nacionalista. El PP ya sabe con quién pactará. EH Bildu, taza de lo primero y taza y media de lo segundo. Y eso que todavía quedan dos semanas para que Euskadi vote. Si los pronósticos se cumplen, Urkullu y su equipo tendrán la complicada tarea de recomponer un puzzle al que le han birlado piezas, de seguir erguidos ante un temporal que ha derribado a otros, de demostrar que es posible, de aplicar esos 175 compromisos y 610 iniciativas que presentaron ayer en papel impreso, palabras que no se lleva el viento. Con el permiso de Manu Chao, próxima estación, esperanza. No queda otra.

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