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Dustin hoffman
recibe el premio donostia 60 aniversario y se estrena como director
A sus 75 años, el estadounidense se mostró elegante, amable y muy cercano al público
juan g. andrés - Domingo, 30 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:27h
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El actor y director Dustin Hoffman, anoche en el Kutsaal, con el Premio Donostia 60 Aniversario. (javi colmenero)
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Dustin Hoffman Actor y director
DONOSTIA. De igual modo que la palabra "obra maestra" se emplea con ligereza en muchas conversaciones cinéfilas, existe un claro abuso del término "mito" para referirse a estrellas de cine que, en realidad, no alcanzan esa categoría. No es, por supuesto, el caso de Dustin Lee Hoffman (Los Ángeles, 1937), el más merecido y deslumbrante de los cinco premios Donostia de esta edición. Un hombre cuya carrera comenzó hace 45 años y que ayer aprovechó la presentación de Quartet (El cuarteto), su primera película como director, para recibir el galardón del 60º aniversario del Zinemaldia.
A sus 75 años, conserva la estatura de metro-sesenta y algo, su inmortal perfil narigudo y, lo que ya es más difícil, un pelazo que ya lo quisiera para sí John Travolta. En la rueda de prensa de ayer a mediodía demostró que, además de excelente actor, es un tipo elegante, cercano y aparentemente sencillo. Posó en brazos con el bebé de la directora de casting de su película; pidió permiso para quitarse la chaqueta y se levantó para recibir al actor Billy Connolly, uno de los actores del filme a quien luego ayudó a colocarse el pinganillo.
Ambos hicieron gala de un excelente sentido del humor que rozó lo surrealista cuando Hoffman, al recordar su edad, dijo ser "casi más viejo que el sonido" en el cine. "Pues yo soy más viejo que la luz y que algunos colores que existen. Soy más viejo que el azul y el verde pero más joven que el amarillo", replicó un divertidísimo Connolly antes de recibir un largo aplauso y reconocer: "No creo que jamás haya dicho algo más tonto y estúpido en mi vida".
arte e inmortalidad Pero también hubo espacio para la reflexión en torno al cine y el arte, que le resulta "algo misterioso". Por eso le cuesta explicar cómo halla la conexión con sus personajes: "Suele ser un sentimiento, una verdad que te toca la fibra", indicó. A la edad de 20 años, vio en Nueva York Gritos y susurros, de Ingmar Bergman, película que en la rueda de prensa confundió con Persona, del mismo director. Tras evocar la memorable secuencia de la sirvienta que se mete en la cama con la mujer enferma para consolarla, Hoffman reconoció que entonces no entendió intelectualmente de qué trataba el filme, pero sí lo comprendió "emocionalmente".
Asimismo, hizo referencias a Arthur Miller y a las reflexiones sobre la inmortalidad que contenía su conocida obra Muerte de un viajante, que él mismo ha interpretado. "Todos aspiramos a ser inmortales pero la inmortalidad no solo es el éxito. Como decía Miller, hemos escrito nuestro nombre en un pastel de hielo pero queremos que al menos nos recuerden nuestros seres queridos", aseguró. En su opinión, se puede "ofrecer amor a través del arte", que siempre permanece, y hacer que ese amor crezca: "Estamos aquí para eso, para ofrecer y nutrir al otro, y no solo para reproducirnos".
Hoffman, director Confesó que ha querido dirigir desde hace muchos años, pero ha tenido "demonios internos" que le han impedido hacerlo. De hecho, empezó a filmar la película Straight Time (Libertad condicional, 1978) pero por diferentes contratiempos, fue Ulu Grosbard quien la terminó y el único que aparece en los títulos de crédito. Casi 35 años después, Hoffman se ha puesto tras la cámara para rodar Quartet, un guión que le llegó "por azar" y que narra la historia de varios ancianos que viven en un hogar para músicos retirados. Está filmada en Gran Bretaña con el apoyo de la BBC y protagonizada por un nutrido grupo de excelentes actores, entre los que destacan Maggie Smith, Michael Gambon y Billy Connolly, para quien la película, que tendrá éxito entre jóvenes y mayores, posee un claro mensaje: "No te mueres hasta que estás muerto".
A juicio de Dustin Hoffman, aunque exista una degeneración física, es posible "intentarlo de nuevo y seguir luchando". "Es una especie de juego que tienes con el creador, con Dios, a quien le dices: 'No estés tan seguro de que me vas a parar en este momento", afirmó antes de poner como ejemplo a muchos de los actores secundarios de Quartet, que son realmente músicos jubilados a los que nadie llama ya aunque "aún tienen mucho que ofrecer".
Sobre su papel como director, experiencia que espera repetir cuanto antes, el estadounidense declaró que ha intentado "evitar los errores constantes" que han cometido los cineastas con los que ha trabajado durante casi 50 años. A su juicio, lo esencial es trabajar para la comodidad del actor, "que siempre tiene la razón". "Si el intérprete tiene talento y una escena no funciona, tiene que cambiarse para que esté cómodo", recalcó. Billy Connolly, además, ensalzó el trabajo del novato director y destacó que "encajó muy bien" en el rodaje en Gran Bretaña.
Sus personajes Como era de esperar, varios periodistas que no ocultaron su condición de fans se interesaron por sus más célebres películas. Preguntado por Perros de paja (1971), en la que interpretaba a un hombre común enfrentado a una situación de extrema violencia, recordó que el rodaje se interrumpió dos semanas para que su director, el legendario Sam Peckinpah, ingresara en una clínica de desintoxicación. A su vuelta, seguía borracho, pero un día sugirió a Hoffman que en el instante en que violan al personaje de su mujer, la imagen debería cortarse para pasar a él disparando el rifle. "Entonces me di cuenta de que el alcohol no le impedía ser un gran artista en todo momento", señaló el ganador de dos Oscar por Kramer contra Kramer (1976) y Rain Man (1988).
Hoffman también confirmó que fue él quien sugirió el título de Tootsie (1982), en recuerdo del apodo con el que le llamaba su madre de pequeño, y sobre Cowboy de medianoche, uno de sus primeros éxitos, recordó que aceptó el papel de Ratso que le ofreció John Schlesinger porque el guión le tocó la fibra. "He pasado toda la vida intentando entender qué es la interpretación", agregó.
También tuvo palabras de agradecimiento para San Sebastián y para un Zinemaldia que "celebra y abraza el cine". "Este festival es para la gente de la ciudad, para los ciudadanos, no para vender películas como Cannes. Estáis abrazando una forma de arte muy nueva", aseguró el actor y director, que en todo momento se mostró enormemente amable y caballeroso. Al término de la rueda de prensa, además, no tuvo problema en pasar varios minutos firmando autógrafos y retratándose con sus seguidores. Genio, figura... y mito viviente.
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