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por ÁNGEL aLDARONDO - Sábado, 29 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:26h
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Es curioso comprobar cómo el plano final de Le Capital engarza con el último de Psicosis. Si Hitchcock utilizó una calavera subliminal sobre el rostro de Perkins para acojonarnos, Costa-Gavras se limita a mostrar la jeta de un banquero. Eso sí que da miedo y no las pestañas de la madrastra de Blancanieves. Alguien dijo que en época de crisis aumenta la venta de rímel; eso explicaría la increíble acogida de la esteticista película de Pablo Berger. El cine como evasión de la masa ante la masiva evasión de impuestos. Funciona. Queremos entretenimiento, y en silencio apoyamos las tesis del ministro Wert. Porque el Cine no puede cambiar la realidad. Solo un alma cándida puede defender lo contrario. Como la joven sosias de Naomi Klein en Le Capital. La muy tonta cree que se puede cambiar el estado de las cosas escribiendo un libro. Igual de ridículo es pagar siete euros más IVA para que nos cuenten lo que ya sabemos: que la banca siempre gana. Seguro que algún iluso le reconoce méritos al ingenuo director que haga una película directa, sin parafernalia, un pecado imperdonable para un cineasta serio. No cometen ese error los chicos listos de Affleck y Larrain, que introducen algo de cultura pop para mostrarnos la fisionomía del horror. Coca-Cola para Pinochet, Serie B para Jomeini. El entretenimiento como patrocinador del drama, y viceversa. Por eso el jurado no premiará a Le Capital: habrá que esperar a que el tiempo transforme la tragedia en comedia. Chile, ¡la alegría ya viene!
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