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Eduard Cortés
recrea el rocambolesco robo a un banco madrileño en los años 50
En '¡Atraco!', el segundo filme que estrena este año, el catalán cuenta la historia del hurto de las joyas de Evita
Juan G. Andrés - Sábado, 29 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:26h
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Óscar Jaenada, Amaia Salamanca, Eduard Cortés y Guillermo Francella. (efe)
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EDUARD CORTÉS Cineasta
Donostia. Fue el productor Pedro Costa quien puso a Eduard Cortés sobre la pista de la rocambolesca historia que ha dado lugar a ¡Atraco!, el segundo filme que el realizador catalán estrena este año tras The Pelayos. Según las crónicas "oficiales" de la época, en 1956 una joyería de la Gran Vía madrileña sufrió un extraño asalto por parte de dos tipos vestidos con uniformes militares. Es el punto de partida de una película que especula con la versión "oficiosa" de un atraco que pudo ser simulado y ordenado por los peronistas en el exilio. ¿El objetivo? Recuperar las joyas de la fallecida Evita que habían sido empeñadas en España.
Junto al cineasta y Piti Español, en la escritura del guion ha participado el argentino Marcelo Figueras, que les ayudó a "pisar fuerte" en un terreno que no conocían con la profundidad suficiente: el peronismo en el exilio. Cortés se reconoció como un "apasionado" de las historias reales, "sobre todo si tienen un grado de estridencia o son sucesos como el atraco de esta película". "Me obliga a hacer exploraciones a terrenos que no frecuento. Cuando piensas en una historia original al cien por cien tiendes a que surja de algo muy cercano a ti. La ventaja de las historias reales es que tú tienes que hacer un recorrido para llegar a ellas, y esa es una de las partes más apasionantes del proceso creativo de una película", señaló.
También se refirió a la estructura de la película, que en su primera hora es una comedia rotunda y después se convierte en un policiaco con toques de melodrama. Le atraía "la cantidad de giros" de una historia en la que él veía "casi cuatro películas": el inicio, ambientado en Panamá, sería algo parecido a un filme de aventuras; la preparación y ejecución del atraco, una chapuza digna de las comedias de Sordi y Mastroianni con claros guiños a Rufufú; la investigación, como una película de género negro al estilo de las de Rovira-Beleta; y el final, de carácter melodramático.
"Se agradece que la película te haga reír en unos momentos, pasar tensión en otros o llorar en otros", opinó, convencido de que "esa confluencia de emociones hace que como espectador te sientas vivo". "Y yo como director también lo agradezco mucho; por eso decidí apostar por esos cambios de tono y dejar que la película fluyera orgánicamente", sentenció. Esa apuesta, según dijo, le ha permitido "construir personajes con verdad", gracias por supuesto a las interpretaciones de Guillermo Francella, Nicolás Cabré, Amaia Salamanca y Óscar Jaenada. "Ellos consiguen que el espectador venza las pequeñas resistencias a los cambios de tono", apuntó.
Francella, a quien el gran público descubrió como compañero de Ricardo Darín en El secreto de sus ojos, construyó su personaje a través de "la pausa, la mirada y el silencio", mientras que Amaia Salamanca se documentó ampliamente para dar vida a una enfermera en los años 50, un periodo desconocido para ella.
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