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Zinemaldia 2012[Entrar | Registrarse]
El argentino Carlos Sorín vuelve a la sección oficial con 'días de pesca'
El realizador narra la historia de un exalcohólico que viaja a la Patagonia para intentar reconciliarse con su hija
Juan G. Andrés - Viernes, 28 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:25h
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El actor Alejandro Awada, a la derecha, y el realizador Carlos Sorín.
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Carlos Sorín Cineasta
DONOSTIA. El argentino Carlos Sorín, ganador de dos premios especiales del jurado en el Zinemaldia con Historias mínimas (2002) y El camino de San Diego (2006), regresó ayer a la competición con otra película que lleva su sello personal. Ambientada en la Patagonia y construida como una sucesión de relatos de vidas que se cruzan en el camino, Días de pesca narra la historia de un exalcohólico de mediana edad que emprende un viaje para reconciliarse con su hija.
Según confesó el cineasta, la pesca es la "excusa" para contar la relación entre el padre y la hija, que es "el alma de la película". Al principio, el protagonista era un enfermo terminal que luego sustituyó por un alcohólico a raíz de sus lecturas de Raymond Carver. "Me conmueve la gente que cae en una adicción y trata de salir y recuperar las cosas que destruye y pierde por el camino", aseguró. En la película "lo que no se dice es más importante que lo que se dice". "Las palabras son engañosas, el silencio resulta más elocuente", afirmó un hombre para quien el silencio y la mirada "tienen la ventaja de la ambigüedad".
Por eso, por su "excepcional" mirada, eligió como protagonista a Alejandro Awada, que comparte reparto, como es habitual en Sorín, con un elenco de actores no profesionales, gente que conoce en sus viajes por la Patagonia y que tienen una "frescura" difícil de lograr con intérpretes de verdad. Awada dijo haber llegado al rodaje con un "gran prejuicio" sobre los actores amateurs, pero al final la experiencia fue "enriquecedora". "Debes estar tan vivo como ellos porque, si no, te quedas fuera", aseveró.
En su opinión, su personaje es un hombre que "tocó fondo" y a sus 52 años quiere "dar un golpe de timón y transformar su vida dolorosa en algo más bello". "Para él lo fundamental es iniciar un proceso de reconciliación consigo mismo y conectar con lo más sublime y hermoso de la vida, que son los verdaderos afectos", añadió.
La fórmula sorín El realizador reconoció sentirse cómodo con su identificable fórmula de historias mínimas. "Unas veces me dicen que me repito y otras que es estilo. Uno no sabe, pero traté de apartarme de ese estilo en El gato desaparece (2011) y fue una impostura porque no soy un director de suspense, aunque lo puedo hacer porque tengo oficio", declaró antes de sentenciar: "El único terreno firme que tengo es contar una historia que me conmueva".
Admitió que rodar en los admirables paisajes de la Patagonia puede suponer el "peligro" de caer en la "tentación de una película decorativa". Por eso suele "dosificar" esos parajes de manera casi "homeopática", aunque en sus trabajos el contexto suele ser "accesorio", ya que "el verdadero paisaje son los rostros, es la mirada". Además, afirmó que sus filmes "tienen más que ver con los cuentos que con las novelas, que poseen estructuras más complejas e imbricadas". De hecho, Sorín debe de ser el único cineasta del mundo que sufre lo indecible para lograr que sus películas superen los 80 minutos, que suele ser el metraje mínimo para poder estrenar en salas comerciales. "Me suelen quedar en unos 70 minutos y para que duren más, alargo los títulos de crédito", concluyó entre las risas de los periodistas.
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