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Antoine, así sí

por mikel recalde - Domingo, 23 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:26h

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una de las máximas más importantes en la vida es saber bien quién eres y conocer tus limitaciones. No lo digo solo en el plano personal, sino también en el coral, como en los clubes de fútbol, que es lo que nos ocupa. La Real vivió primero por encima de sus posibilidades durante varios años en los que llegó a rozar la gloria y, después, en su intento por recuperar su verdadera plaza, no supo readaptarse y dio con sus huesos en Segunda. A partir de ahí, sobre todo desde la llegada del nuevo Consejo con sus primos de Zumosol sosteniendo el proyecto, puso los pies en el suelo y empezó la resurrección partiendo desde la base, es decir, desde cero. Desde ese momento, y ese es el gran triunfo de la actual directiva, la Real ha ido progresando teniendo en cuenta siempre sus limitaciones y sus posibilidades de crecimiento. La actualidad no admite discusión. Al margen de nuestro sentimiento, el club txuri-urdin es un histórico del fútbol español, tal y como nos recuerdan todos los que vienen encantados, como Vela o José Ángel, pero su auténtica grandeza radica en su pasado, cuando con gente de la casa fue capaz de luchar contra los gigantes de la Liga y de Europa. Ese fue nuestro esplendor en la hierba y ojalá que volvamos a vivir momentos inolvidables de ese tipo, pero todos sabemos que imaginar que regresarán en un futuro cercano es simplemente una quimera. Ni más ni menos. Y por muy bien que el actual Consejo esté haciendo las cosas, con jugadas maestras como el atraco a Mediapro por sus técnicas de presión abusivas, y que el equipo atesore un nivel más que ilusionante, la Real hoy en día es lo que es, y se encuentra lejos de aspirar a la elite. Es por este motivo que aceptamos con resignación como parte del juego que nuestros mejores jugadores sueñen y aspiren a metas más altas en equipos más poderosos.

El pasado miércoles entrevisté a Griezmann. Creo que era la tercera vez que me lo concedía el club en tres años. Lo primero que quiero decir es que, como futbolista, soy muy de Antoine. Me parece un fenómeno. Desde el primer día que le vi me deslumbró, al ser un jugador distinto, especial, con estrella y que atesora un talento fuera de lo normal. Reconozco que digerí muy mal sus meteduras de pata el verano pasado, pero como la gran mayoría de la afición, le perdoné al aceptar que realmente estaba mal aconsejado y, sobre todo, que nos interesaba hacer la vista gorda teniendo en cuenta la proyección del chaval. Griezmann sigue teniendo un niño dentro, pero ha cambiado mucho. No hace falta estar demasiado tiempo con él para comprobar que ha madurado y que ahora sabe muy bien lo que quiere. Curiosamente ha sido una novia, a la que hay que agradecer su sentimiento txuri-urdin, la que parece haberle abierto los ojos. En mi opinión, su mensaje en la entrevista fue ambicioso, porque su talento se lo permite y exige, pero a su vez irreprochable, además de extremadamente cariñoso y agradecido con la Real y su gente.

Llevamos todo el verano destacando el ridículo que está haciendo el Athletic con su picajosa e infantil reacción tras las confirmaciones de que Javi Martínez y Fernando Llorente no quieren seguir en San Mamés. El navarro se ha marchado, pero pocos olvidan que es un canterano de Osasuna y que se va tras costar seis millones y dejar 40 pagados por el Bayern. Palabras mayores y ley de vida. Pese a ello, a que gracias a su marcha taparán muchos agujeros que mantienen pese a las increíbles ayudas que reciben de los organismos públicos, al navarro le han crucificado por traicionar la inmaculada filosofía. Cierto es que el Athletic completó una pasada campaña de matrícula, pero parece incapaz de asumir que tardará décadas en repetirla. Es lo que hay, vecinos, ni más ni menos. Por eso el mensaje de Griezmann me pareció atinado y coherente. Primero reconoció que ama a la Real, después que no se irá jamás al eterno enemigo, tercero afirmó que si se va le gustaría que fuese dejando una millonada en las arcas y cuarto y último, que sería a un grande de verdad. Y con esta frase no menospreciaba a la Real (aunque no lo sea), sino al Athletic, por confirmar que para ir allí, prefiere mil veces más quedarse. Lo dicho, Antoine se ha hecho mayor y se ha convertido en la joya txuri-urdin. Disfrutemos de lo bueno que es, porque además le sentimos como uno de los nuestro. Así sí, Antoine.

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