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por iban petit - Martes, 18 de Septiembre de 2012 - Actualizado a las 05:26h
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mE ocurre desde pequeño. Relaciono períodos temporales o eventos con personas de mi entorno. Las navidades con mi abuelo, la Semana Santa con mi madre, el inicio del verano con mi amigo Iñigo o el Jazzaldi con mi pareja. El Festival de Cine es de Elisa. Porque lleva años viniendo. Siete u ocho. Perdí la cuenta. Así que, sin avisar, cualquier día de esta semana Elisa se presentará en mi casa, con su mochila roja, su falda larga y el pelo enredado. Elisa vive en Madrid y pasa la semana del Zinemaldi en Donostia. Diez días sin parar de ver películas. A las nueve, a las doce, a las tres de la tarde, otra a las siete y la última a las diez. Todos los días la misma rutina, películas y películas, entre colas, cafés y pintxos en el Oquendo. De noche regresa a casa. Nos levanta del sofá, preparamos té en la cocina y nos cuenta todo lo que ha visto. Alguna de las noches ya no me aguanto y acabamos discutiendo. Porque yo creo que lo que hace no es correcto. Porque es cierto que las películas pertenecen a una industria y el objetivo de muchas es el mero entretenimiento. Pero mi concepción de partida del cine es que es una expresión artística y como tal, debe contemplarse, rumiarse e instalarse dentro del espectador. Y para eso se necesita tiempo. Creo, y siempre utilizo el mismo símil en mis discusiones con Elisa, que lo que hace ella es entrar al Prado o la Tate y verse todo el museo en una mañana. La acuso entonces de turista venida a menos, de res de manada, de japonesa imparable con diez días de vacaciones al año. Elisa se ríe, con su boca grande y su pelo enredado. Siempre estás con lo mismo, Iban, y me habla de Winterbottom o de Wayne Wang, por ejemplo. Ya estamos a martes. Esperamos a Elisa para el jueves o viernes. Antes compraré bolsas de té y galletas para las noches de tertulia. Pienso en ella y sonrío. Me gusta disfrutar de su compañía. Cuando casi es otoño o es otoño solo un poco. Porque el otoño de verdad, el del frío que no es frío, el de las hojas que crujen, ese es de mi hermano pequeño.
Gracias por su comentario
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